jueves, 13 de enero de 2011

La Costa Brava, en letargo invernal


David es un “socio” de lujo: pese a tener una vida llena de ocupaciones, no está dispuesto a perderse una escapada motera llena de alicientes. Fuera de temporada, la costa Brava ofrece sus encantos a todo aquel que mire más allá de sus playas... Y hacia allá nos hemos ido, empezando por uno de los pueblos más encantadores de nuestro litoral: Tossa de Mar.



Después de la visita y el aperitivo, volvemos a las motos para atacar las míticas 365 curvas entre Tossa y Sant Feliu de Guíxols. Si vas en fin de semana, posiblemente encontrarás bastante tráfico (especialmente en verano), así que, si te es posible, reserva un día laborable, el trazado se lo merece...






Salimos de Sant Feliu con el estómago lleno, y vamos dejando atrás las calas de Llafranc, Begur y Tamariu, todas ellas magníficas; también subimos hasta el faro del Cap de Sant Sebastià, que nos regala una perspectiva aérea de las calas que acabábamos de recorrer. En este lugar, Josep Pla escribió que estábamos en “el punto más glorioso de Catalunya”; Hombre, Josep, las vistas están muy bien, ¡pero tampoco te pases! Como se nota que Josep Pla es de la vecina Palafrugell…





David se despide, y vuelve a casa. Yo continúo remontando la costa, ya que dormiré allá donde me pille la noche. 

Pals se merece una parada casi obligada, y me perdí (literalmente) por sus calles empedradas. El núcleo se alza sobre una colina, coronada por la torre defensiva de “Les Hores”, lo que junto a la vecina iglesia le otorga su característico skyline.


Pocos kilómetros más adelante, un desvío a la derecha me lleva a la “Gola del Ter”, lugar en el que el río Ter desemboca en el mediterráneo; el asfalto desaparece y se convierte en camino, más tarde en camino malo… y finalmente en arena de playa. Aquí la moto comienza a ondular y a cabecear, prometiéndome problemas si continuaba, así que la aparco, y hago los últimos 200 metros a pie. El entorno no mata, pero tengo una buena perspectiva de les illes Medes, a la luz del crepúsculo.







El anochecer se me echa encima, así que busco hotel en L´Estartit; resulta que, en temporada baja, sólo hay uno abierto, así que no hay dilemas que valgan. Una vez descargado mi breve equipaje, doy un paseo nocturno, especialmente desangelado ante tanto negocio cerrado: en invierno, l´Escala es de los autóctonos.

Unas decenas de vecinos se han congregado para bailar “country” en el centro cívico del pueblo… Una señora me anima a unirme al sarao, yo lo declino poniendo la excusa más ridícula del mundo (“tengo los pies planos”), y me voy a hacer unas fotos nocturnas de les Illes Medes.


El espacio entre muchos edificios es muy exiguo, estrechísimos callejones por los que cuesta circular sin ladearte. Son los llamados "cadenys", y su utilidad era desaguar hacia el mar en los días de tormenta.


En el paseo marítimo sobreviven abiertos dos “pubs”, en uno de ellos me zampo una hamburguesa, y a dormir.

Las islas Medas me dan los buenos dias, aún no ha salido el sol, y ya estoy en movimiento a ritmo de bicilíndrico japonés.


En Cala Montgó, me ocurrió lo que no quería que pasase: perderme en una inmensa urbanización, buscando una cala que después resultó que no era para tanto. Me topé de bruces con lo más explotado y masificado de la Costa Brava. A correr.
 
Paso por delante de las ruinas d´Empúries; hay que pasar por caja, y pese a ser uno de los restos arqueológicos mejor conservados de Cataluña, declino de hacer la inversión, ya que no tengo conocimientos para apreciarlo como se merece.

Llego a Roses, puerta de entrada del Parque Natural del Cap de Creus. Abandono la carretera principal, y me interno por una pista asfaltada.


Me saluda el cartel del que un día fue uno de los restaurantes más acreditados del país. Manías mías, nunca pasé por aquí para reservar (con meses de antelación) un menú con un precio de tres cifras...


El asfalto se acabó en Cala Montjoi; estoy en lo más bravo de la Costa Brava. Asomo a la Punta Falconera, contemplo de lejos la torre de Norfeu (únicamente accesible tras un largo paseo a pie), y más adelante… mi gozo en un pozo: las autoridades han plantado una barrera que imposibilita llegar hasta Cadaqués por pista, así que me desvío hasta la Cala Joncols, probablemente la cala más agreste a la que se puede acceder en vehículo privado.




Continúo hasta llegar a Cadaqués, refugio de artistas y pescadores.





Salvador Dalí, Pablo Picasso, Marcel Duchamp o Luis Buñuel buscaron inspiración en Cadaqués. En sus calles encuentras diversas galerías de arte, que le dan al lugar una personalidad muy marcada.


En la vecina cala de Portlligat se puede visitar la casa-museo de Dalí.


Dejo atrás Portlligat para llegar hasta el faro del Cap de Creus, un lugar que, como tantos otros que desembocan en el abismo de la nada, merecería llamarse “el lugar donde se acaba el mundo”: el entorno rocoso y agreste acentúa esta sensación. La tramontana sopla aquí con fuerza, como la mayoría de los dias.




Dejo atrás la costa, y remonto la montaña de la Verdera para llegar al monasterio de Sant Pere de Rodes.


El monasterio ofrece un conjunto muy atractivo, y con unas privilegiadas vistas sobre el golfo de Lleó, la Badia del Port de la Selva y el cap de Creus.


Un buen lugar para dar por finalizada esta escapada marinera... Saludos y buena ruta!

5 comentarios:

  1. Qué bien sienta eso de ir de viaje cerca de casa y ver el entorno con una perspectiva mucho más relajada, ¿verdad?

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  2. Que pasada de fotos de Cadaquès. Bonita ruta!!!
    Has conseguido que se me pongan ya los dientes largos. Yo no se si voy a aguantar hasta el verano jejeje
    Ademas, no sabia que estuviera por allí el Bulli, habrá que ir a ver la entrada por lo menos

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  4. Realmente la Costa Brava es una maravilla, en cualquiera de las 4 estaciones del año. No obstante Manel, coincido contigo, en invierno estos parajes cobran un encanto especial. Aunque reconozco que todos los pueblos, calas, restaurantes y paisajes son dignos de mención, en mi caso Tossa de Mar y Cadaqués tienen algo que no sé explicar y que hacen que para mí tengan un plus sobre todos los demás.
    Gracias por la sugerencia.
    Realment la Costa Brava és una meravella, en qualsevol de les 4 estacions de l’any. No obstant això Manel, coincideixo amb tu, a l’hivern aquests paratges tenen un encant especial. Tot i que reconec que tots els pobles, cales, restaurants i paisatges són dignes de menció, en el meu cas Tossa de Mar i Cadaqués tenen alguna cosa que no sé explicar i que fan que per a mi tinguin un plus sobre la resta.
    Gràcies per la suggerència.

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    1. Cadascú té els seus "paradisos" favorits, aquests són els nostres ;-)
      Salut!

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