lunes, 28 de mayo de 2012

El Santander-Mediterráneo

El Santander-Mediterráneo fue un ferrocarril construido con la intención de comunicar el puerto de Santader con el de Valencia... Aunque finalmente, por una razón nunca del todo explicada, acabó convirtiéndose en una línea regional que empezaba y acababa "en tierra de nadie". Las obras se iniciaron en 1.924, con una explanación de vía única, aunque pensada para una futura doble vía, y se inauguró en 1.930. Uno de sus extremos era el caserío de Cidad, al norte de Burgos, y el otro extremo, la ciudad zaragozana de Calatayud.



EL TÚNEL DE LA ENGAÑA

En 1941, se retomó el proyecto para llevar definitivamente el ferrocarril hasta Santander. Para atravesar la sierra del Escudo, que divide las provincias de Burgos y Santander, se proyectó un faraónico túnel de casi siete kilómetros de largo, el llamado "túnel de la Engaña". Hasta hace pocos años, fue el túnel ferroviario más largo de España… y el más inútil, ya que nunca llegó a utilizarse.

El túnel se excavó enteramente a pico y pala, en principio por presos republicanos que se dejaban la salud excavando en galerías llenas de polvo y humo. Algunos fallecieron por silicosis, otros directamente por derrumbes; aunque no hay cifra oficial, se estima que murieron entre 14 y 20 personas en la construcción de aquel túnel.



En las dos bocas del túnel se construyeron dos poblados para alojar a los presos.

Pocos años después, los prisioneros fueron sustituídos por trabajadores, que agradecían enormemente la posibilidad de trabajar en unos tiempos difíciles (la posguerra) y un lugar sin industria (valle del Pas y las merindades).

En 1959 finalizó la construcción del túnel; también se construyeron completamente las estaciones y la plataforma de vías, pero nunca llegaron a extenderse los raíles.

Todas las trabas puestas para impedir que el ferrocarril llegara a Santander al parecer vinieron por parte del poderoso “lobby” industrial y político vasco, que veían peligrar la hegemonía estratégica del puerto de Bilbao. Las políticas realizadas desde entonces y hasta nuestros días, descaradamente favorables al transporte por carretera, hicieron el resto.

El túnel continúa allí, languideciendo y derrumbándose poco a poco. De hecho, en la parte central hubo un gran derrumbe en 1999 que dejó incomunicadas las dos partes. Hoy en día, es muy peligroso entrar a causa del riesgo de desprendimientos.

El túnel de la Engaña, junto con las estaciones, viaductos, raíles… todo continúa ahí, cada día un poco más sepultado por la vegetación silvestre y las inclemencias del tiempo.

DE CALATAYUD A SORIA

Inicio la ruta en la estación de Calatayud, lugar donde empieza (o acaba) el SM. En una vía muerta languidece un convoy automotor -llamado “Ter”-, abandonado a su suerte.
Gran parte del SM discurre paralelo a la carretera N-234, por lo que no será muy dificultoso seguir su rastro.


Conforme voy remontando en dirección Soria, aparece por doquier la piedra roja que tan asociada tengo a estas tierras.

En el parque de Valonsadera, a las afueras de Soria, paro a comerme un bocadillo. Se trata de una inmensa área recreativa donde se puede encontrar la calma a un paso de la urbe. Ocupa casi 2.800 hectáreas, y cuenta con un circuito de bicicletas, área de picnic, fuentes y cuadrúpedos de todo tipo pastando a sus anchas…



De nuevo en ruta, entro en la provincia de Burgos, y me resguardo del sol a la sombra de la ermita de la Blanca, al pie mismo de los raíles del SM.

En los alrededores de Santo Domingo de Silos, está el pequeño pueblo de la Revilla. En su abandonada estación se filmaron algunas escenas de la película “El milagro de P. Tinto”.


La tarde avanza, y me alojo en un hotel justo enfrente de la abadía de Santo Domingo de Silos.



El monasterio ya ha cerrado sus puertas, pero en la iglesia anexa está empezando una misa de los monjes, que no la ofician a la manera típica, sino cantada en latín con ese privilegiado coro de voces.

A la mañana siguiente, me acerco hasta el próximo desfiladero de la Yecla, un claustrofóbico cañón de paredes verticales que llegan a los cien metros de altura, y con un ancho que en ocasiones puedes abarcar con los brazos extendidos.


De nuevo en la N-234, dirección Burgos… Son las 9 de la mañana, el día es limpio y el sol ya empieza a calentar de lo lindo. A la altura de Hontoria de la Cantera, me desvío para visitar un antiguo polvorín abandonado del ejército español.


El complejo constaba de acuartelamiento, con todos sus servicios, y de una serie de inmensas cavernas que servían para almacenar los explosivos. Este lugar está en desuso desde finales de los 90, y en el 2004 el ejército abandonó el complejo.




Atravieso Burgos sin parar, la prioridad absoluta es el ferrocarril. En la comarca de la Bureba, dejo la carretera para llegar hasta el pueblo abandonado de Valdearnedo por caminos de tierra.



Este pueblo contaba con la presencia estable de una veintena de familias, y nunca vio la luz eléctrica ni el agua corriente; poco a poco las familias fueron abandonándolo, hasta que el último vecino se marchó durante la década de los 80.

La pista continúa hacia el norte, mejorando mínimamente aunque continúo circulando de puntillas. 

Vuelvo al asfalto en Arconada. Me reencuentro con las vías oxidadas del SM, o mejor dicho, la plataforma, ya que los raíles han sido retirados; me envalentono, y llego a Lences siguiendo el camino de las vías.

Me desvío hasta lo alto del monte Altotero, donde hay un monolito dedicado al maestro Félix Rodríguez de la Fuente. Más abajo está Poza de la Sal, del cual es hijo.

Remontando un poco más por una pista, conseguí llegar hasta la cima del monte: la Bureba bajo mis pies, y los buitres sobre mi cabeza.


El castillo de Poza de la Sal también es visitable, aunque hay que subir por una tosca escalera picada en la roca; no es una vía ferrata, pero apunta maneras.


Quien llegue arriba, tendrá el premio de ver Poza de la Sal a vista de pájaro.


En la estación abandonada de Villarcayo me encuentro, en una vía muerta, con una de las 22 locomotoras “Mikado” que prestaron servicio en la línea.

El último tramo del SM es un trayecto retorcido, plagado de taludes, viaductos y túneles que finaliza en Cidad-Dosante, la primera (o última) estación del SM. Más allá, sólo queda la estación de Valdeporres, y el túnel de la Engaña.





Flanqueando el túnel, están los restos de una cementera que trataba los áridos extraídos de la excavación del túnel; también están los restos del antiguo poblado de los trabajadores. La boca norte tiene exactamente las mismas edificaciones.

A pie y con dificultades llego a la boca sur, ya que está inundada por centenares de filtraciones. El interior del túnel es una gigantesca piscina que te cubre por encima de los tobillos.

Arranco la moto para acceder a la boca norte del túnel. Un rodeo de casi 70 kilómetros. Entro en Cantabria por los puertos de la Magdalena y de Matanela. El asfalto alterna entre lo aceptable y lo desastroso, y animales de todo tipo pululan sobre él.



Bajo hasta Vega de Pas, y remonto nuevamente por el puerto de las Estacas de Trueba. A media subida, a mi derecha, hay un angosto valle, y una montaña que me mira enfrente. Colgada en la ladera, puedo ver la estación de Yera, “gemela” de la estación de Valdeporres. Una tira de asfalto roto me saca de la carretera, baja al valle y me remonta hasta la estación. De nuevo, lo primero que me encuentro son las casas de los ingenieros.

A diferencia de la boca sur, para llegar a la boca norte del túnel hay que hacer cuatro o cinco kilómetros por la plataforma de vías, y atravesar tres túneles. El más corto son 80 metros, el más largo son 300 metros de penumbra. El camino está muy roto, y lleno de charcos. Intuyo problemas serios con Eloise si me meto por ahí, así que prefiero ahorrarme la excursión.

Llegando a la cima del puerto, las panorámicas son espectaculares... Un fantástico lugar para despedir un gran viaje. Ojalá algún día pueda volver en tren. Saludos y buena ruta!!



8 comentarios:

  1. Manel, eres un crack, mas de una de esas carreteruchas las he recorrido y, aún a riesgo de hacerme caquita, me has animado a ir a ver si sigue ahí esa botella de vino y su respectiva copa.
    Buena elección de rutas... un aplauso!

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    1. Gracias por los halagos, Alberto! Queda pendiente esa birra para cuando vuelva por allí... Si te acercas al polvorín, no te olvides llevar una linterna bien potente!!!
      Un abrazo y hasta pronto ;-)

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    1. Muchas gracias! ...Lo que nunca defrauda son las sorpresas que nos van apareciendo en la carretera ;-)

      Un abrazo y buena ruta!

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  3. Muy entretenida, me ha gustado mucho. Gracias.

    Escipión.

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    1. Gracias a tí por el seguimiento, Escipión! Saludos y nos vemos en ruta...

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  4. Curioseando cosas del SM me he encontrado esta espectacular crónica.
    Me ha gustado mucho tu idea de unir ambas aficiones y me has dado una buena idea para un finde... o con más tiempo llegar a Valencia.

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    1. Gracias por el halago! Te animo a seguir el rastro de este ferrocarril, no te va a defraudar... y será una "excusa" perfecta para rodar por sitios magníficos.
      Saludos y buena ruta!

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