martes, 5 de junio de 2012

Nena, sigues en plena forma!

Los moteros representamos aproximadamente el 10 por ciento del parque móvil en España. Uno de diez. Poquitos. Una minoría “rara” que prefiere devorar kilómetros en moto antes que enlatada, que soporta estoicamente todas las inclemencias meteorológicas que le caigan encima… Unos individualistas que sin embargo apreciamos rodar en grupo, saludarnos en la carretera sin conocernos. Hemos elegido vivir intensamente una vida que, gracias al progreso, se había vuelto demasiado cómoda y previsible.

Quien ve toda esta movida desde fuera, no lo entiende… Pero intuye que algo está pasando. Los hay que suspiran por formar parte de nuestra “banda”, pero están atados a su condición de padres responsables, a sus novias o a sus propios miedos. Otros sencillamente nos tienen antipatía: “Que les jodan”, mascullan mientras nos cierran huecos en los atascos…

Montar en moto va más allá del simple hobby o pasatiempo: es toda una filosofía de vida que debe admitir una serie de actitudes diferentes que rompen el molde establecido. Una de estas diferencias es la compenetración entre el piloto y su máquina.

Fijaos en que nosotros no “conducimos” la moto, sino que la “pilotamos”. Y lejos de significar que vemos las carreteras como un circuito, lo que hacemos cuando viajamos en moto es ejecutar una coreografía donde cada extremidad tiene una función específica: un pie frena, el otro cambia de marcha, una mano frena o acelera, y la otra embraga. El resto del cuerpo se inclina en función del trazado de la carretera… Imposible sentirse más integrado en una máquina. Y es por eso que “proyectamos” nuestra personalidad hacia nuestra moto, sintiéndola parte de nosotros.


He creído conveniente escribir este larguísimo prólogo para que intentes entender lo que me pasó con “Mabel”, la Bandit más preciosa que jamás haya salido de la cadena de montaje de Suzuki…

Finales de 2006. Por aquel entonces, pilotaba una sencilla Yamaha YBR 125, que pese a su humildad y a su motor de 12 caballitos, logró un hito que no consiguió su antecesora, por cierto alemana y de motor bóxer: reengancharme de nuevo al mundo de las dos ruedas.

Pasaron los meses, hasta que en un momento dado decidí que había llegado el momento de añadir caballería en el motor, esa que me faltaba en los Viajes largos… Pese a que mi categoría natural es el “trail”, la YBR me enganchó a la pureza del motociclisme más ortodoxo: dos ruedas, un motor a la vista y el pecho al viento. Nada más. Así que insistí en el concepto naked.

Un día, entré en una tienda de Ripollet (no recuerdo cómo diablos llegué hasta allí, tan lejos de casa), y entre todas las motos expuestas, una Bandit azul me miraba con su solitario faro redondo… y al instante supe que había encontrado mi moto.

La culpa fue del color, un hipnótico azul metalizado que me entró por los ojos con una fuerza inaudita, y que no he vuelto a sentir desde entonces. Ya medio seducido, me subí a ella: el “feeling” fue inmediato, y al dia siguiente, sintiéndome un poco traidor, dejé la YBR en la tienda como paga y señal. Pocos días después, con todos los papeles en regla, volví a casa montado en la Bandit. Y empezó una historia de amor.

Al principio me sorprendió el volumen general de la moto, sobre todo el depósito de gasolina: en unos tiempos donde se busca contener el tamaño al máximo, la Bandit mostraba sus “michelines” de la vieja escuela sin complejos. Tampoco alardeaba de diseño, siguiendo el eterno patrón del faro redondo, motor a la vista, y unes pocas fibras que apenas la vestían.


Limpiarla era una excusa perfecta para entretenerme en sus detalles: ese bloque negro del indestructible motor SACS, la gigantesca cola de escape bien a la vista...


En marcha, mostraba una doble personalidad: hasta 5000 revoluciones era un gatito ronroneante, todo suavidad y amabilidad, a partir de ahí y hasta la línea roja  se convertía en una fiera aullante que exigía respeto.

En pocos días, la máquina más humana que ha pasado por mis manos ya tenía nombre: Mabel.

Con ella amplié mi radio de acción, me atreví con las españas, y alguna incursión por países vecinos. De Asturias a la Costa Blanca, de Carcassonne a Portugal, Mabel no desfalleció ni una sola vez.

Podría haber sido una moto para toda la vida, pero en 2009 la añoranza por descubrir nuevos horizontes me pudo, y adquirí otro de mis sueños de juventud: Eloise, mi actual Varadero.


En aquellos momentos, mantener dos motos era un “lujo” que no podía permitirme, y dejé a Mabel en manos de un amigo, que le ha seguido dando el trato exquisito que ella se merece.


Hace pocos días, tuve la oportunidad de volver a montar en Mabel, y su poder de seducción sigue intacto: para mí, ya hace tiempo que se convirtió en una clásica. Su carisma, su empuje y su porte es exactamente el mismo que me encandiló hace unos años: una dama siempre será una dama.


¡Nena, sigues en plena forma!

11 comentarios:

  1. Sublime!! ;)
    Buenisimas fotos, y buenisimo reportaje. De todos modos me gusta mucho mucho la banner del blog con Isabel. Eso si es amor motero!! jajaja. Muy buenos dias chicos!! :D

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    1. Muchas gracias, Blanca! Buenos días de vuelta y... ¿nos vemos en Alcanar? ;-)

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  2. Bonita historia de amor, y desamor, porque los buenos amores siempre dejan huella, y cuando se quiere de veras, en los reecuentros ni siquiera el divorcio consigue acabar con el...

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    1. Pues sí, releyendo la crónica, casi podríamos sacar tema para una película, con David Hasselhoff en el papel de Kaizen, y Drew Barrimore haciendo de Suzuki Bandit jejejeee... Muchas gracias por tu seguimiento, saludos y buena ruta!

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  3. Es curioso cómo vemos cada uno esto de las dos ruedas ;)
    A seguir disfrutando.
    V´ss

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    1. Menos mal que aquí nos entendemos, porque si no nos tomarían por pirados ;-) Saludos y buena ruta, Slow!

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  4. Eres un crack, Manel. Es una gozada leerte, sigue así. Un abrazo.

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    1. Gracias, César! Espero que todo OK por tierras celtas... Un abrazaco y seguimos en contacto!

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  5. Gran blog. Tengo una bandit igual y me he sentido identificado.

    ¿que cúpula llevas? le sienta fenomal a la bandida!

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  6. Hola, Francisco! Gracias por el seguimiento: si tienes una Bandit, no hace falta decir más, jejeje...

    La cúpula era del catálogo de Givi, pero no recuerdo el modelo concreto...

    Saludos y buena ruta!

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