lunes, 15 de julio de 2013

El camino de Santiago

Han pasado 20 siglos desde que el primer peregrino recorrió el llamado “Camino de Santiago”; una vez más, la leyenda popular y sus imposibles piruetas místicas dieron veracidad a que los restos hallados en el año 812 d.C en el noreste de la península ibérica correspondían al apóstol Santiago el Mayor. Desde entonces y hasta hoy, miles de peregrinos han purgado su penitencia personal caminando hasta el Campus Stelae (después “Compostela”) para rendir homenaje al apóstol, o bien a ellos mismos.

Los devenires políticos y sociales que padeció Europa en los siglos posteriores hicieron que la peregrinación a Santiago fuera perdiendo fuelle hasta caer en el ostracismo a partir del siglo XV.

Aunque nunca dejó de estudiarse el valor y la historia de los caminos que iban a Santiago de Compostela, el empuje definitivo llegó en 1.993, cuando la Xunta de Galicia apostó por su regeneración, viendo su potencial como recurso turístico. Desde entonces la bola no ha dejado de crecer, y se han regenerado antiguos caminos jacobeos hasta crear una red que llega desde diversos puntos de España, Portugal, Francia, e incluso Alemania y Austria. En 1.993 el Camino fue declarado “Patrimonio de la Humanidad” por la UNESCO, y en 1.998 recibió el título de  “Itinerario Cultural de interés Europeo”, por parte del Consejo de Europa.

Nosotros seguiremos el “Camino Francés”, sin duda el más transitado y explotado, llamado así porque era el camino que unificaba todas las rutas procedentes de Francia. Evidentemente, seguir el camino en moto no proporciona el lustre moral y espiritual que supone hacerlo a pie o en bicicleta, pero no deja de ser una gran “excusa” para seguir una ruta plagada de historias, anécdotas, monumentos, y por  supuesto, peregrinos. Aquí hay de todo, pasen y vean…

DIA 1: Santo Domingo de la Calzada-Burgos

Como apunté antes, el Camino Francés es la canalización en España de todos los caminos que vienen de Francia, y que atraviesan los Pirineos por Roncesvalles. Nosotros iremos a su encuentro en Santo Domingo de la Calzada (Logroño), y lo iremos siguiendo hasta Santiago durante 768 kilómetros, con algún interesante desvío…



El Sol de mediodía achicharra, pero no mata. Aparcamos en los alrededores de la zona peatonal de Santo Domingo de la Calzada, pequeña villa surgida alrededor de un hospital y un albergue para peregrinos, fundado por Domingo García en el año 1.019, que posteriormente fue santificado y enterrado en una iglesia que hay al pie del camino que él mismo potenció.



La parte antigua de la ciudad queda claramente articulada alrededor de su calle Mayor, donde encontramos la catedral. Por primera vez, encontramos mochileros arriba y abajo. Abundan los extranjeros. Es la hora de comer, y en un hotel benditamente climatizado nos pusimos a tono con un “menú peregrino” a precio interesante y calidad superior.

Más tarde, con el estómago lleno, continuamos deambulando por la calle Mayor hasta llegar a la catedral. Nos sorprende que la torre del campanario (llamada la “torre exenta”) está separada del edificio principal.


Entramos en la catedral, que aparte de una temperatura excelente, nos regala varias sorpresas singulares, como por ejemplo la estatua de Jesucristo montado en un burro y haciendo lo que parece ser el primer saludo motero de la historia, o bien un cuadro en el que nuevamente Jesucristo aparece consolando a... ¡mujeres!

Pero lo que nos va a dejar patidifusos es el gallinero, fechado del siglo XV, y que efectivamente contiene un gallo y una gallina que, como suele pasar en estos casos, protagonizan una leyenda que tiene su gracia:




No se sabe la antigüedad de la leyenda que os explicaré, pero en el año 1.350 ya estaba allí el gallinero… Un matrimonio alemán y su joven hijo se dirigían en peregrinación a Santiago. Hacen una parada en una posada de Santo Domingo, y la hija del posadero se enamora perdidamente del hijo alemán. Éste no la corresponde, y ella, en venganza, esconde una copa de plata entre sus pertenencias y posteriormente denuncia el robo. Tras ser interceptados, descubren la copa entre sus pertenencias, y el joven es condenado a morir ahorcado. Cuando al día siguiente los padres van a ver el cuerpo de su hijo, éste aparece vivito y coleando, y les dice: “El bienaventurado Santo Domingo de la Calzada me ha conservado la vida contra el riguroso cordel… dad cuenta de este prodigio”. Los padres se van a explicarlo al corregidor de la ciudad, que se disponía a comer un pollo y una gallina asados… Éste, escéptico, les dice “su hijo está tan vivo como este gallo y esta gallina”. Al instante, las aves del plato recuperaron las plumas y la vida.

Y así lo cuenta el dicho: “Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de ser asada”.



El sepulcro del santo es un auténtico delirio de veneración, la tumba está en el sótano, y su palio de piedra se prolonga en altura hasta la planta principal.



Husmeando por unas lóbregas escaleras, descubrimos que podemos llegar hasta el tejado de la catedral.


Dejamos atrás Santo Domingo de la Calzada, y por un rato le damos esquinazo al Camino: la carretera nacional es demasiado monótona y recta, así que bajamos un poco al sur, hasta la sierra de la Demanda, para hacer unas curvas panorámicas en una carretera poco menos que desierta…





En Villasur de Herreros, quieren que quede claro que el cementerio municipal es católico… Los laicos, al río.


El siguiente pie a tierra es en el monasterio de San Juan de Ortega, una de las referencias de los caminantes, y que habitualmente marca uno de los puntos finales de etapa. Decenas de peregrinos pululan por los alrededores, haciendo la colada, o bien montando improvisados corrillos en los que se amplían amistades.


Este monasterio presenta una peculiaridad astronómica y arquitectónica: a las cinco de la tarde de cada equinoccio (21 de marzo y 22 de septiembre), un rayo de sol que se cuela por los ventanales ilumina la virgen del capitel de la Anunciación. Ni antes, ni después.

Las bóvedas de los techos están "decoradas" con una especie de dragones de fuego… Este viaje se está caracterizando por las cosas raras que nos estamos encontrando en las iglesias...

Finalmente, llegamos a Burgos, final de la etapa del día, y lugar de encuentro con nuestro amigo Javi, que nos acompañará el resto del viaje. 

Nos vamos a turistear por Burgos. Inevitablemente, la catedral es la referencia para todo recién llegado… Pero yo soy más truculento y también he sabido encontrarle otros “atractivos”…

Hasta hace pocos años, Burgos estaba literalmente “sitiada” por la confluencia de líneas de ferrocarril que hacía trizas su casco urbano con hasta 15 pasos a nivel. La construcción de una circunvalación ferroviaria y una nueva estación en las afueras solucionó este problema. El símbolo más evidente de este pasado reciente es la antigua estación de tren, a la que todavía se le busca un uso social.



Remoloneando por la zona peatonal del casco antiguo se nos ha hecho de noche, y de un calor relativamente serio hemos pasado a un fresco de chaqueta obligada; nos hemos resguardado en un bar, a esperar a nuestros amigos Alberto y Teresa, que nos han guiado en una ruta de bares y secretos burgaleses.




DIA 2: BURGOS-RIAÑO

Nos levantamos legañosos, pero no resacosos (¿Alguna otra vez habían servido una menta poleo en aquel ruidoso bar musical?), y tras desayunar nos aplicamos con el ritual de embalar todo el equipaje, a la búsqueda del siguiente destino, vida nómada del motero en ruta.

Volveremos a ser “infieles” a un camino de Santiago demasiado plano y fácil para unos motoristas ávidos de curvas y paisajes, así que llegaremos a León haciendo una especie de "parábola" por el norte que nos llevará al límite con Cantabria. Abandonamos Burgos por la N-623, divertida carretera nacional que, cosas de las autovías paralelas, ha quedado infrautilizada; curveamos completamente relajados, dejándonos engullir por los cañones del Ebro…


La primera parada, obligada, es Orbaneja del Castillo, pueblo de postal que cuenta con la peculiaridad de ser atravesado por un caudaloso arroyo que rompe en cascada a las afueras.



El pueblo vive masivamente del turismo, aún así, al ser un día laborable de finales de junio, tuvimos la suerte de visitarlo casi en exclusiva. La mala noticia de esto es que ni uno de los numerosos restaurantes del pueblo estaba abierto a las 10 de la mañana. Y con las ganas de lavabo y café que teníamos todos… Isabel observa que la puerta de uno de los restaurantes está entreabierta, y con ese desparpajo que caracteriza a los menos tímidos asomó la cabeza adentro: “¡eeh! ¡¡Buenos días!! ¿Está cerrado?”; una mujer aparece por el pasillo, sorprendida por la irrupción: se le nota que no está ni para cafés ni para nada, pero su perdición fue no decirnos “no” abiertamente. Tras comprobar que sus tibias excusas no nos iban a espantar del lugar, decidió servirnos cafés “y nada más”. Es que ya nos vale, pedir cafés a las 10 de la mañana… ¿a dónde vamos a estas horas?




De nuevo en ruta, hemos abandonado la nacional para coger una ratonera carretera comarcal que nos introduce en Palencia y nos hace tirar de freno en Aguilar de Campoo, una visita nostálgica para mí y supongo que para muchos compañeros de generación, cuarentones hijos del "baby boom" que en la década de los 70-80 se desayunaban un vaso de leche con galletas María… En aquellos tiempos, el 90% de la producción de galletas de España salia de alguna de las fábricas galleteras de Aguilar de Campoo. 

Cosas de la globalización, el señor Fontaneda vendió su fábrica a un megagrupo alimentario americano que se llevó el nombre y la producción a otra parte, provocando un auténtico drama social en la comarca. Todavía quedan un par de empresas galleteras en Aguilar, pero quién la ha visto, y quién la ve…

Aparte de la tristeza por las galletas perdidas., Aguilar de Campoo tiene un agradable conjunto arquitectónico que bien merece invertir una hora. Inevitablemente acabaremos en la plaza mayor, masivamente porticada con casas de preciosos ventanales. Algunos la tildan como “la plaza más bella de Palencia”.


En la misma plaza está la Colegiata de San Miguel, con un bello retablo en el interior, y en un anexo, una inquietante figura de un cristo momificado, dentro de una urna…

En el cementerio está enterrado uno de los hijos ilustres de la villa, el ciclista Alberto Fernández “el galletas”, muerto junto a su esposa en un accidente de tráfico, mientras volvían de recoger el trofeo al mejor deportista español de 1.984.

Si pasáis por aquí, todavía huele a galleta. No en todo el pueblo como antaño, pero aquí la historia tiene un olor característico…

A las afueras del pueblo, la pared de hormigón del Embalse de Aguilar nos saluda con el poderío de soportar 247 millones de metros cúbicos. Es el mayor de Palencia, inaugurado por Franco en 1.963. Es el primer embalse de los varios que nos encontraremos camino de Riaño, por una carretera que, con todo acierto, han denominado la “Ruta de los Pantanos”.

De un modo casual por no estar indicado, encontramos una magnífica atalaya sobre el pantano. Para llegar al mencionado mirador hay que atravesar una peligrosa pasarela de hormigón que tiene el aspecto viejuno y cansado de quien sabe que tiene fecha de caducidad… y que va hacia ella. Un cartel ya lo dice bien claro: nunca más de dos personas encima.



Javier, que es profesional de los pantanos, observa con ojo crítico la ubicación del pueblo respecto a la presa, y su veredicto es claro: si la presa cede, más vale que todos los habitantes de Aguilar sepan nadar.




Como suele ser habitual en estos casos, cuatro pueblos desaparecieron bajo las aguas. Uno de ellos, Quintanilla de la Berzosa, pudo salvar su iglesia al estar en un altiplano. Tiene una pequeña necrópolis en sus alrededores.



Poco después de reanudar camino, una sorpresa en el camino, de esas que no están planificadas: en el Barrio de Santa María, todavía a tiro de piedra del embalse de Aguilar, decenas de nidos de cigüeñas blancas coronan postes, campanarios y todo lo que implique altura e intimidad. Hay incluso un centro de interpretación de estas aves.

Seguimos adelante por la “ruta de los pantanos”, la carretera se retuerce como papel arrugado, solitaria y parcheada, lo cual no es mala noticia. El terreno se empieza a hacer abrupto, en el horizonte ya se perfilan los Picos de Europa. Dejamos atrás los embalses de Cervera, Camporredono y Compuerto. A partir de Velilla del Río Carrión, el paisaje es netamente de montaña.




Y finalmente, Riaño. Otro símbolo de la lucha de David contra Goliat. El antiguo pueblo descansa desde 1.987 bajo las aguas del embalse del mismo nombre, después de un traumático desalojo que comportó auténticas escenas de guerrilla urbana y cargas policiales. 
 
fuente: altoesla.com
fuente: lacronicadeleon.es
Esta imagen condensa todo lo explicado, y todo lo que se pueda explicar de este asunto: un anciano amenaza con un cayado a una columna de antidisturbios de la Guardia Civil…
 
fuente: Mauricio Peña
La construcción del embalse se inició en 1.965, pero la gran contestación de las gentes del valle prolongaron su apertura durante muchos años. El 31 de diciembre de 1.987, sin pompa ni escenas protocolarias de corte de cinta, se cerraron sus compuertas y se inició el almacenamiento de 650 millones de metros cúbicos de agua, sumergiendo a nueve pueblos.

Nuestra entrada En Riaño coincide con el espectáculo de ver las nubes rotas deslizarse por las laderas de las montañas que nos rodean, empujadas por un viento del norte que no dejará de agitarnos hasta Santiago.

El pueblo, como no podía ser de otra manera, huele a nuevo. Repostamos en la gasolinera (¿Cuánto llevábamos sin ver una? ¿Cien kilómetros?), y arreglamos un alojamiento en un hostal correcto, aunque con precio de hotel.

Dos iglesias fueron traídas piedra a piedra y reconstruídas aquí. Por cierto, ninguna de ellas es la original de Riaño, dinamitada salvajemente:



Junto a la carretera del León, una composición arquitectónica pretende ser un homenaje a los pueblos desaparecidos: una serie de campanas “rescatadas” de las iglesias de los pueblos desaparecidos, y placas a modo de "perdonen las molestias": “(…) homenaje y reconocimiento permanente al sacrificio generoso de sus hijos en beneficio de muchos”. 





El actor Imanol Arias nació aquí.


DIA 3: RIAÑO-MOLINASECA

De nuevo un día soleado, pero fresco. Nos resistimos a poner rumbo a León por el camino más corto, las montañas nos atraen como un imán. Todavía realizaremos una última parábola por las sierras del Parque Natural de Redes antes de bajar al valle, y al Camino. Este tramo es soberbio, las montañas combinan el tapizado verde con la recia piedra blanca de las alturas, es un territorio que todavía se resiste a ser domesticado por la civilización. La carretera está a la altura de las circunstancias, muy secundaria y muy revirada. Un par de mastines leoneses cuidan un rebaño de vacas, hacemos amistad con ellos…



Las coronaciones de los puertos de La Tarna y Las Señales son uno de esos momentos “perfectos” del viaje, sólo estamos nosotros, las motos, un gran decorado y un sol que no quema.


Pero nada es eterno, y mal que nos pese, abandonamos las alturas, nos esperan otros alicientes… Una parada en ese gran espejo que es el embalse de la Porma…


Ya en la llanura, seguimos durante unos kilómetros el rastro del “ferrocarril de la Robla”, un tren de vía estrecha originalmente construido para transportar el carbón de las cuencas leonesas hasta los puertos vascos, pero que también se utiliza para pasajeros… 

Hacemos un alto en León. Aparcamos las motos junto a la zona peatonal que rodea la catedral, y entramos. Una escultura bastante “kitsch” juega con la valentía de los peatones… ¿Quién se pone debajo del peñasco?

Una tienda de antigüedades. El tipo que la regenta no se corta un pelo, y decora el escaparate con recuerdos franquistas y postales firmadas por oficiales de la SS.



La Catedral de León mira de tú a tú a la de Burgos en presencia y poderío… No puedo dejar de pensar en la influencia ejercida por el clero en tiempos pasados, cuando podían manejar a su antojo a un pueblo ignorante y empobrecido, permitiéndose la construcción de estos auténticos monumentos, que representan la grandeza arquitectónica de la época, cierto, pero que también son vestigios de delirante devoción.




En Hospital de Órbigo nos enteramos por vez primera lo que es pasar calor de verdad; habíamos tenido bastante suerte con la temperatura, pero la llanura leonesa es una freidora implacable. Aparcamos la moto junto a uno de los puentes más conocidos del Camino, el “puente del paso honroso” y sus 19 ojos. Al otro lado, nos resguardamos en un restaurante climatizado para tomar otro de esos “menús peregrinos” que tanto menudean en el Camino, y que no tienen nada de especial aparte del gancho del nombre. El Camino también es negocio.

Envalentonados por el aire acondicionado y varios litros de agua fresca, salimos de nuevo al sol implacable, subimos a nuestras burras, y continuamos ruta por la aburrida nacional. Caminantes y ciclistas arrastran sus mochilas por un sendero paralelo a la carretera, sin rendirse.

Astorga es otra de las sorpresas del camino, con un patrimonio monumental sorprendentemente grande. Empalme de la Vía de la Plata con el Camino de Santiago, ha sido históricamente un importante cruce de caminos. Se ve mucho ambiente peregrino, algunos de ellos son francamente singulares, como por ejemplo el individuo de la foto, con los bártulos cargados en el burro.

 Para no alejarnos demasiado de las motos, las dejamos aparcada en una zona “alegal”, detrás del ayuntamiento. No sabemos el rigor de la Policia Local, así que cruzamos los dedos para no encontrarnos con un papelito amarillo a la vuelta…

De hecho, la fachada del ayuntamiento es la primera sorpresa del paseo, con una majestuosidad fuera de lo común. La fachada preside la Plaza de España, amplia y emporchada, aunque un pequeño infierno a esas horas de la tarde.



La Catedral también merece una visita… ¡Cuántas catedrales jalonan el Camino!



Muy cerca de la catedral, el Palacio Episcopal muestra una arquitectura singular que delata a su creador: Antoni Gaudí.


Volvemos a subir a las motos, le ganaremos tiempo al tiempo gracias a la autovía; nuestra intención es dormir en Molinaseca, muy cerca de Ponferrada, lugar del cual nos han dado buenas referencias…
 
Una vez en Molinaseca, tenemos prisa por establecer alojamiento antes de visitar nada, así que preguntamos precio en una hospedería que hay a la entrada del pueblo, la “casa del Reloj”. Contratar la habitación fue como meternos en una película de los años 70: la única sirvienta que se hacía cargo del complejo era un calco de Gracita Morales y tenía un serio problema de incontinencia verbal. Los diálogos a veces derivaban al surrealismo, pero en general nos divertimos mucho con la situación, y lo mejor de todo, la casa presentaba un aspecto rústico fenomenal. El único huésped que había además de nosotros era un peregrino francés al que no le vimos el pelo, ni entonces, ni al día siguiente.


Tras un divertido regateo por el precio de las habitaciones, descargamos el equipaje y damos una vuelta por el agradable pueblo de Molinaseca. Una vez más, nos encontramos con un puente romano que es referencia para muchos peregrinos, otro final de etapa habitual. Pese a lo pequeño del pueblo, hay una buena oferta hostelera para elegir, nosotros nos quedamos con una terracita en la que habían colocado una tele, y así poder ver la Copa Confederación de fútbol. Al final, tapa tras tapa, acabamos bien cenados sin movernos de allí.

DIA 4: MOLINASECA-SANTIAGO

En la “casa del Reloj”, nuestra particular Gracita Morales ha dejado a nuestro alcance un desayuno-buffet de lo más espartano: café, leche, infusiones y tostadas que podíamos cubrir con un sobre de mermelada… En un ángulo de la cocina veo una cesta con huevos, así que ni corto ni perezoso pongo en marcha los fogones, me agencio una sartén que había en un cajón, y nos apañamos unos huevos revueltos.

De nuevo en la carretera, por indicaciones de Javier nos desviamos hacia Las Médulas, un pequeño pueblo cuyo entorno fue una mina de oro, explotada en los tiempos de los romanos. Como resultado de esta explotación, y de sus métodos, quedó un rastro de montañas rojizas y cuevas de curioso contraste y gran belleza, y que en 1.997 fueron declaradas “patrimonio de la Humanidad” por la UNESCO (con la oposición de algunos países, que alegaron que el paisaje había sido manipulado por la acción humana).

Aparcamos las motos, y lo primero que llama nuestra atención es una casa baja con jardín, rodeada por una valla, y que hace las funciones de vivienda familiar, bar, tienda de recuerdos y frutería. Un gran cartel en la puerta nos hace arquear las cejas: “ESTOY HASTA LOS COJONES DE LA JENTE (sic) QUE VENDE PRODUCTOS DEL BIERZO SIN ETIQUETAR, SIN GARANTÍA NI CONTROL SANITARIO (…)”. El dueño de la propiedad (que si te fijas, aparece en la foto asomando la cabeza por encima de la valla), aparece para darnos los buenos días, y ampliarnos la información del cartel: las ancianas del pueblo hacen competencia vendiendo productos que hacen en sus casas (“¡incluso licor de castañas!”, nos dice, “¿pero cómo se puede extraer licor de las castañas, si están secas?”). No se le ve mala persona, pero es del tipo de gente que se toma las injusticias del mundo como algo personal. Nos ha caído bien, y a la vuelta, entraremos en su chiringuito para tomar unos refrescos a la sombra de una parra.

Pero antes de los refrescos prometidos, deberemos pagar nuestra “penitencia” caminando hacia un mirador, a las afueras del pueblo. Pensábamos que desde él tendríamos una  buena perspectiva de las montañas rojas. El pueblo está bastante solitario, libre de turistas de fines de semana. Un abuelo de piel curtida, modales rudos y, lo más atrayente, una hoz en la mano, nos intercepta: “¿Pero adónde van ustedes con este calor, caray?” No conocemos de nada a este tipo, le suponemos cuerdo, pero yo no pierdo de vista su mano armada… Le seguimos el hilo con cordialidad, empezamos a relajarnos, parece ser que el tipo quiere un poco de conversación, aunque estamos prácticamente separados por una cultura: él mira la forma de las nubes en el cielo para saber si lloverá o no, nosotros miramos el Accuweather en el IPhone. Javier le dice con una risita nerviosa que esa hoz se ve bien afilada, el tipo lo encuentra gracioso y le esgrime la hoz delante de las morros: “¡Que te afeito, coño!”, dice entre risas. Nosotros nos unimos al coro de carcajadas, pero tengo el cuerpo tenso como la cuerda de un violín. La madre que lo parió…

Dejamos atrás al chistoso de la hoz, y empezamos a remontar el camino del mirador. En el márgen del camino hay unas conchas y unas flechas amarillas grabadas en piedras. Estamos en el Camino, y por un rato, nos convertimos en peregrinos "de verdad", a pie. El Sol nos promete un pequeño infierno, casi al instante nos empiezan a molestar las chaquetas moteras. Javier hace un apaño y se echa la suya a la espalda, yo busco un lugar en el margen del camino para esconder la mía y la de Isabel. Ya las recogeremos a la vuelta. Las meto detrás de unas hierbas, vuelvo al camino y hago una radiografía mental del sitio: virgencita que no me falle la orientación, no quisiera pasar el resto del día buscando las condenadas chaquetas…

En dirección contraria, vemos aparecer una anciana acarreando al hombro lo que parece ser una gran rama de árbol. La buena mujer dice que este mirador “casi no vale la pena”, y que desde ahí veremos poca cosa de la montaña roja. Nos da indicaciones para hallar otros miradores mejores, gira sobre sí misma con la gracia de una adolescente, y la rama del árbol pasa a pocos centímetros de la cara de Isabel. La abuela parece tenerlo todo controlado, alucinamos con su normalidad para acarrear aquella puñetera rama que tenía aspecto de pesar por lo menos diez kilos… Antes de despedirnos, nos relata que “los lobos me mataron la otra noche una gallina del corral”, que los lobos son un problema y que ella los espanta a pedradas si les ve acechando por la noche, pero que claro, no va a estar toda la noche despierta… “claro, claro”, respondemos nosotros, aparentando que espantar lobos a pedradas es lo más normal del mundo...
  
Tras una eterna subida bajo el Sol, llegamos al mirador prometido y, efectivamente, tiene vistas abiertas pero tampoco es para tirar cohetes. Las montañas de Las Médulas están allá al fondo, tenemos una visión de conjunto, pero sin duda ha de haber un mirador más cercano…


Desandamos nuestros pasos, recuperamos las chaquetas moteras, y entramos en el establecimiento del “indignado” para echarle algo frío al cuerpo. Bajo el frescor de la parra y con una Pepsi en la mano, siento que no hay prisa para volver a la moto, demonios, estamos de vacaciones. El matrimonio que vive/regenta la casa nos confirma que hay un mirador muchísimo más bonito en el pueblo vecino, en Orellán… Hacia allá vamos, y tras una caminata mucho más civilizada –apenas 200 metros-, nos ponemos, ahora sí, ante ese curioso espectáculo natural que son las montañas rojas de Las Médulas. Javi dice que los atardeceres aquí son espectaculares, pero nos tendremos que conformar con lo expuesto aquí y ahora, ya que estamos a mediodía…



Declinamos la entrada a las cuevas que formaban parte de la mina de oro (son de pago, precio asequible), y volvemos a la moto para seguir avanzando. Hoy tenemos planeado llegar a Santiago, y hemos invertido medio día remoloneando en un radio de veinte kilómetros.

El alto de O Cebreiro nos da la bienvenida a Galicia. En pocos kilómetros, coronaremos el alto de San Roque –con su gigantesca estatua dedicada al peregrino-, y el alto do Poio, míticos en el camino por su dureza. Lógicamente, coronarlos con la moto supone un periquete. Es un alivio dejar atrás la llanura castellana, en Galicia volvemos a ver montañas verdes, y temperaturas algo más soportables.




Entramos en Triacastela para comer. Nos acomodamos en un bar de apariencia sencilla y con gente del lugar. Una camarera entrada en años nos atiende; no trae carta, directamente nos canta el menú. Yo me pido el filete de ternera más tierno que he probado en los últimos años, mis compañeros también están encantados con la calidad y el cariño de unos platos presuntamente sencillos. Mientras atacábamos los postres, un par de hombres entran en el local, uno de ellos lleva un tamboril, el otro una gaita, y sin preámbulos, empiezan a tocar música de muñeiras… Le preguntamos a la camarera qué es lo que pasa, nos dice que son las fiestas del pueblo, y que estas personas van tocando de bar en bar únicamente para deleite de los parroquianos, sin esperar nada a cambio, aparte del reconocimiento. Buena comida y buena música, una estupenda manera de entrar en Galicia.

Volvemos a las motos, y finalmente, llegamos a las puertas de Santiago. Subimos al monte do Gozo, únicamente por haberlo oído mencionado tantas veces; resulta ser un gran albergue, la última noche para centenares de peregrinos antes de bajar a la plaza del Obradoiro. Hay un pequeño mirador con las figuras de dos peregrinos, que nos regala unas aceptables vistas a Santiago.



Dejamos atrás el monte do Gozo, hemos reservado un par de habitaciones en un hotel de las afueras; hacia allá nos dirigimos, descargamos los equipajes y, por fin, entramos en Santiago...

...Y la plaza del Obradoiro. Y la Catedral del mismo nombre. No hay palabras para describirla, tantas veces vista en fotos, no hay comparación con tenerla delante… Hace unas cuantas líneas, mencioné que las catedrales podían representar muchas cosas, entre ellas el delirio y el fanatismo religioso que permitían semejantes obras faraónicas, pero lo cierto es que, ante la fachada de la Catedral de Santiago, no queda otra opción que sentarse, deleitarse, caer rendido de admiración… o llorar. Llorar como los caminantes de pies llagados, los ciclistas con alforjas a los que les tiemblan los gemelos, llora el devoto que siente pagada su penitencia… Y lloramos nosotros, porque minutos antes nos habían comunicado el repentino fallecimiento de una amiga nuestra, en un estúpido accidente de tráfico. Mezclamos el “shock” del vacío emocional con la visión de la belleza arquitectónica en estado puro, y nos recogemos en la catedral para pensar. Y para recordar. Qué efimero es todo, qué relativos son nuestros pequeños problemas cuando los ves bajo otra lente…





Estamos vivos, vivamos pues... Santiago de noche muestra otra cara, diferente pero igual de sugerente...



Aquí acabamos nuestra “tramposa” manera de hacer el Camino de Santiago, espero que los más ortodoxos nos perdonéis la "herejía" de utilizar un vehículo a motor... Sed felices y nos vemos muy pronto, otra vez en la carretera.

Saludos y buena ruta!

 Per la Èlia, amb enyorança.
Isabel i Manel.

24 comentarios:

  1. Muy buena crónica Manel. Al leerlo, he revivido el viaje minuto a minuto. Muchas Gracias.

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    1. Gracias a tí, eres un gran compinche en esta banda... Aún quedan cosas por explicar, como ya sabes ;-)

      Un abrazo y hasta pronto!

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  2. Da gusto leerte, trovador. Gon y yo tenemos una historieta que tiene tu nombre. Ya te la contaremos ;)

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    1. Hum... ¿quién se esconde tras este "nick"? Tengo un par de sospechosos ;-D

      Igualmente, muchas gracias!! Y estoy esperando saber más cosas de esa historia...

      Saludos y nos vemos en la carretera!

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  3. Esa forma "tramposa" es tan buena como cualquiera. Además, muy muy bien relatada.
    Bonitos rincones. Ya lo creo que si.
    Gracias por contarnoslo.

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    1. Gracias por el seguimiento, Gelu!

      Saludos y buena ruta...

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  4. El año pasado yo estuve en el camino de Santiago, pero a pie, y por tanto me son muy familiares muchas cosas de las que cuentas en el tuyo, tambien me recuerdo de al gunas fotos.
    Me encanta tu pluma, sigue asi.
    Saludos

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    1. Gracias por el halago, Destrodelto! Hacerlo a pie sí que es una machada...

      Saludos y buena ruta!

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  5. Preciosa crónica, la leí del tirón, como de costumbre. Sigo impresionado por la cantidad de datos que recopilas en cada sitio por el que pasas, así da gusto.

    Yo hice el Camino Francés en 2000, el de Madrid en 2002 y el Mozárabe o Ruta de la Plata en 2003, en todas ocasiones en bici, cuando pesaba 30 kilos menos. La verdad es que el Camino Francés se está conviertiendo (desgraciadamente) en un negocio. Una pena a mi entender.

    Gracias por el relato.

    Santi

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    1. Hola Santi, y gracias por los halagos! Madre mía, algún día tienes que explicarme qué es lo que te impulsa a avanzar y avanzar sin parar, ya sea en moto, bicicleta o... ¿Qué será lo próximo? ¿Parapente? ¿Patín de playa?

      Un abrazo y nos vemos en la carretera!

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    2. Pues es fácil... solo quiero saber "que hay mas allá...". ;)

      Lo del parapente como que no, un metro por encima del suelo y ya tengo miedo. Lo suyo seria retomar la bici y bajar de los tres dígitos en la báscula :(

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  6. Una gran historia Manel y muy bien explicada. Reconozco que tengo una cuenta pendiente con el camino de Santiago pero en mi caso lo haré a pie o en bicicleta. A ver si algun año encuentro ese momento para hacerlo.

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  7. Yo lo hice a pié desde León y ahora quiero hacerlo en moto. Lo relatado perfecto pero creo que deberías haber comentado los sitios para dormir que tuvieran garaje para las motos. Saludos

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    1. Hola Federal! Suerte con la ruta motera, no es lo mismo que hacerlo a pie, pero lo vas a disfrutar igualmente ;-)
      Respecto a lo de enumerar sitios con garaje para la moto... Bueno, esto no corresponde aquí, ya que no es una guía exhaustiva con sus correspondientes alternativas, sino una simple crónica de nuestro viaje. Por nuestra experiencia, y este viaje no fue una excepción, aparcar la moto no suele suponer problema, aunque a veces haya que pagar por ello.
      Gracias por el seguimiento, un saludo y buena ruta!

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  8. Acabo de leer el relato del viaje y me ha encantado. El próximo lunes 6 de Junio 2 amigos y yo comenzamos el Camino en moto. Nos encontraremos en Manresa, luego iremos hasta Roncesvalles y desde allí en varias etapas hasta Santiago. Después llegaremos hasta Finisterre para luego emprender el viaje de regreso hasta Cataluña. Será la primera vez que hacemos un viaje tan largo, pero nos encomendaremos al Apostol para que todo salga bien. Saludos cordiales. Wences Nalda.

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    1. Vaya planazo, Wences! Si quedáis en el hotel "els Noguers", me apunto para hacer un café con vosotros y comentar la jugada, a ver si hay suerte y lees esto a tiempo...
      En todo caso, disfrutad del viaje!

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  9. hola buenas se podría hacer la ruta en febrero el dia 20 ?te daría a ver las cosas de dia? Es que tengo vacaciones en esa fecha y me gustaría hacerla

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    1. Hola Marcos! Hacer el recorrido en un día es perfectamente posible, pero pagando el precio de no parar en ningún sitio, lo que le quita buena parte de la gracia al asunto... Fíjate que en esta crónica, nosotros lo hicimos en cuatro... y en verano, cuando los días son más largos.
      Saludos y buena ruta!

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    2. quiero hacerla como vosotros pero el 20 de febrero me podias mandar a mi correo si no es mucha molestia la ruta con las paradas los sitios k ver y los kilómetros diarios k se realizan y de parada a parada porfavor asi como recomendaciones y cosas k hay k llevar es k soy novato no he hecho nunca rutas asi te lo agradecería un monton voy con la novia gracias siento ser pesado jeje

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    3. mi correo es markitosmiranda@hotmail.com

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    4. Hola de nuevo Marcos, la información que me pides ya no la tengo, pero te cuento... Ruta y sitios que ver, no te diría nada diferente a lo que ya has leído, lo de los kilómetros, puedes sacarlo en el Googlemaps, y lo del alojamiento, no vas a tener problemas al ser fechas "tontas". Nosotros llevamos la aplicación Booking, y vamos reservando de un dia para otro.
      Referente a la equipación, imprescindible ropa de abrigo y un par de impermeables, probablemente os llueva en algún momento del viaje. Sed atentos con vuestra cabeza (pasamontañas), y pies (dos pares de calcetines gordos). También llevamos tapones para las orejas (para ganar comodidad en ruta... o para dormir más tranquilos por la noche), un paraguas plegable, el cargador del móvil, un neceser con cepillo de dientes, desodorante y cuatro medicamentos básicos, unos pantalones de calle, y la verdad poco más, porque la mayor parte del tiempo iréis encima de la moto. Seguro que lo vais a disfrutar de lo lindo, ya contaréis!

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    5. vale gracias pero cuantos km son al dia mas o menos ? es k según lo k he mirado son unos 200km al dia o no ? siento molestarte tanto jaja

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    6. Pues ya lo hacías bien...
      1er dia: Santo Domingo-Burgos, 81
      2o dia: Burgos-Riaño, 218
      3er dia: Riaño-Molinaseca, 219
      4o dia: Molinaseca-Santiago, 279

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