lunes, 2 de septiembre de 2013

La tragedia de Torre del Bierzo

Aunque se publicita poco, la comarca del Bierzo fue testigo, en 1944, de un accidente ferroviario que pasó por ser el más grande de todos los tiempos en Europa. Nunca hubo lista oficial de muertos, la censura franquista intentó minimizar en la medida de lo posible las consecuencias del accidente.

España, 1.944: un pueblo hambriento, un ferrocarril calamitoso

La España de la posguerra era una ruina llena de cicatrices de guerra, infraestructuras destruidas y servicios básicos que se debían restablecer, uno de ellos, el ferrocarril. Con la victoria de los sublevados, todas las compañías de ferrocarril fueron nacionalizadas y puestas bajo un mismo paraguas: RENFE. Corría el año 1.941.

La red ferroviaria era un completo desastre: objetivo militar recurrente durante la guerra, había multitud de destrozos en infraestructuras, y un material móvil deficiente. Ponerlo todo al día supondría mucho dinero y años de trabajo, pero el gobierno franquista tenía prisa por poner en marcha el país… En los años de la posguerra abundaron los accidentes ferroviarios, motivados normalmente por la inexistencia de mantenimiento, el pésimo estado de los raíles, y también ocasionalmente por órdenes absurdas fruto de una organización muy jerarquizada y militarizada.

El accidente

“Tenía seis años cuando mi madre me montó en un vagón, hacia Galicia. Viviría allí, pasando menos hambre, con mis abuelos.” (testigo superviviente del accidente).



El 3 de enero de 1.944, el tren correo número 421 partía de la Estación del Norte de Madrid con destino a Galicia. El convoy lo componían dos locomotoras de vapor y doce vagones de madera. Según los informes oficiales, la segunda locomotora fue añadida “para reforzar la tracción”, aunque los maquinistas sabían que la locomotora principal presentaba un endémico problema con sus frenos, de ahí el añadido.

El tren partía completamente lleno de gente, unos 900 pasajeros, que además de los asientos, ocupaban los pasillos e incluso los lavabos. Había muchos soldados de reemplazo que, cargando sus maletas de madera, volvían a sus destinos (los cuarteles de marina de Galicia), después de haber disfrutado de un permiso navideño. También viajaban a bordo una pareja de la Guardia Civil que acallaba cualquier intento “subversivo” de cantar canciones prohibidas. El grueso del pasaje lo componían personas muy pobres que iban o venían para buscar un futuro más halagüeño.

En Palencia, subió el equipo de fútbol del Betanzos F.C, que venía de jugar un partido en la ciudad palentina.

El tren iba acumulando retraso conforme avanzaba, trabajosamente, durante aquella noche (el viaje duraba dos días). A la mañana siguiente, entraba en la estación de León dos horas tarde. El maquinista se quejó de que, pese a las dos locomotoras, “el tren no frenaba bien”, pero el jefe de tráfico, un militar, le obligó a continuar “por cojones”.

En Astorga, el tren paró nueve minutos más para que unos mecánicos aproximaran más las zapatas a la rueda, y así aumentar la eficacia de frenado.

En la estación de La Granja, ya en la comarca del Bierzo, los maquinistas tenían costumbre de bajar de la locomotora para comprobar las cajas de engrase, básicas para el sistema de frenos. Comprobó que, en la locomotora auxiliar, una de ellas estaba muy caliente, lo que imposibilitaba que pudiera continuar. Procedieron a desengancharla, bajarían todo el puerto de montaña con la máquina titular.

El tren correo comenzó a coger velocidad, y cuando quiso reducir la marcha para hacer la parada en la estación de Albares, el maquinista descubrió que no podía pararlo. El jefe de estación de Albares, al ver el tren desbocado, telefoneó a Torre del Bierzo, anunciando que el correo de Galicia bajaba desfrenado, y que dejara la vía libre.

Yo recuerdo a aquella mujer, con su hijo abrazada a ella, gritando “¡que nos matamos, que nos matamos!”, y mi tío diciéndole “no se preocupe mujer, que no va a pasar nada, tranquilícese” (testigo superviviente del accidente).

En la estación de Torre del Bierzo, el jefe de estación sale al andén gritando que se pongan piedras y traviesas en la vía para intentar parar el correo. En la misma vía, y en sentido Madrid, hay estacionada una locomotora de maniobras con tres vagones enganchados. Su maquinista palea carbón en la caldera, y arranca marcha atrás para minimizar el impacto. Un instante después, el correo irrumpe en la estación, sin dejar de hacer sonar el silbato; no hubo tiempo de cruzar ninguna traviesa en la vía, y probablemente tampoco hubiera servido de nada…

“El tren entró en la estación a una velocidad espantosa. Por una ventanilla, alguien arrojó a un niño pequeño al andén, el niño pasó sobre mi cabeza” (José Rodríguez, testigo del accidente).

Un centenar de metros más allá de la estación de Torre del Bierzo, está el túnel número 20, dentro del cual el expreso dio alcance a la locomotora de maniobras, descarrilando a ésta y a los vagones que llevaba, y convirtiendo el túnel en un caos de hierros, confusión y pánico.

Pero lo peor aún estaba por llegar.

En sentido contrario, viene circulando un tren de mercancías, cargado de carbón. Su maquinista sabía que debía parar en una vía secundaria de Torre del Bierzo para permitir el cruce con el tren correo de Galicia. Los semáforos le indican que tiene vía libre hasta entrar la estación… Pero lo que el maquinista no sabe es que los cables del semáforo se han partido dentro del túnel, a causa del choque, quedándose permanentemente en color verde.

El maquinista de la locomotora de maniobras, que ha sobrevivido milagrosamente al accidente, era conocedor de que el tren carbonero llegaría en cualquier momento, y se puso a correr por las vías para alertarlo... 

No se pudo alejar mucho: a 300 metros se encontró con el convoy. Gesticuló desesperadamente, los maquinistas del carbonero le vieron y activaron a fondo los frenos, pero con tan pocos metros de distancia fue imposible detener el convoy. El tren carbonero chocó brutalmente con la locomotora de maniobras y con el correo de Galicia, iniciándose de inmediato un incendio en el interior del túnel. El maquinista que intentó avisar murió sepultado por los vagones de carbón que descarrilaron.








A consecuencia del choque, el silbato de la locomotora del carbonero se abrió, y estuvo sonando durante horas, hasta que el vapor se agotó. En el interior del túnel, un pavoroso incendio prendió en los cinco vagones de madera que habían quedado dentro, imposibilitando cualquier posibilidad de rescate. Únicamente se pudo auxiliar a los pasajeros de los siete vagones que quedaron fuera del túnel.

“Aquellos gritos, aquel dolor… lo tengo dentro de mí y no lo podré olvidar” (testigo supervivente del accidente)

“Desde la estación se oían los gritos de la gente atrapada dentro del túnel” (antiguo trabajador ferroviario, testigo).

Los vecinos se volcaron en las labores de extinción, organizando una cadena humana que subía cubos de agua desde el cercano río Tremor. Pero no todo fue solidaridad: la picardía o la pobreza extrema de la posguerra también propiciaron escenas de robos de los efectos personales de las víctimas.

“Encima del túnel había una balsa de agua para llenar las máquinas, y bajaban dos tubos hacia la boca del túnel. Había dos guardias en el lugar, y el mando decía “¡Disparad a los tubos, que salga el agua!”, pero estaban tan nerviosos que no atinaban. Finalmente consiguieron agujerearlos, caían algunos chorrillos…” (José Rodríguez, testigo).

“Yo trabajaba en la cantina de la estación. La dueña me mandó arriba a por sábanas y toallas para atender a los heridos que salían sangrando” (Ángeles Doce, testigo).

El incendio no pudo ser sofocado hasta tres días después. En la estación, se montó un tren para trasladar hasta León los cadáveres y también los heridos que todavía estaban en el lugar.




“En el portal de la iglesia, montones y montones de cadáveres. Sólo veías piernas y cabezas” (Ángeles Doce, testigo).

“A las pocas horas, sacaron afuera los vagones que estaban bien. Ahí liberaron muchos heridos, y empezaron a sacar muertos al suelo. Un señor con una contraventana  me digo “Agarra de ahí, chaval”, y empezamos a llevar muertos hasta la iglesia. Aquello se llenó de cadáveres, pero yo sólo llevé cinco porque me daba pánico ver aquello”. (José Rodríguez, testigo).

“Cuando se apagó el incendio, sacaron muchas cenizas de los vagones quemados, que iban depositando a la derecha del túnel. Durante muchos años, por el día de Todos los Santos, muchas familias se acercaban hasta aquí a dejar flores, porque no tenían otro sitio en el que llorar a sus muertos” (José Rodríguez,  testigo).

La mayoría de las víctimas reconocidas fueron enterradas en el cementerio de León.

Tres días después, se restableció el servicio ferroviario en Torre del Bierzo.

La censura

En el escenario del accidente, las autoridades militares blindaron la zona. Prácticamente no hay fotos del accidente, tan sólo se conocían un par de instantáneas hechas por los propios militares. Hace pocos años, el vecino José Antonio Ardura hizo públicas algunas fotos más, de su archivo personal.

Durante los primeros días, la prensa informó discretamente del accidente, especificando que “probablemente” había algunas decenas de fallecidos. En días posteriores, la noticia desapareció, o bien quedó relegada a una breve reseña, anunciando un número final de víctimas que, dependiendo del medio, oscilaba entre 58 y 78, aunque todos los testigos desmienten rotundamente esta cifra, corrigiéndola muy al alza. Durante varios años, el libro “Guiness” de los records mencionaba la tragedia de Torre del Bierzo como “el peor accidente ferroviario de todos los tiempos”, con una cifra de fallecidos estimada entre 500 y 800. En estudios posteriores, tomando como referencia la capacidad de los vagones y las declaraciones de los testigos, se estima que los fallecidos podrían ser unos  200.




El régimen franquista tiró pelotas fuera, negando toda responsabilidad, y achacó directamente toda la culpa a “la negligencia” de los maquinistas, o los acusaba directamente de “saboteadores a las órdenes de los rojos”; cuando días más tarde se comprobó que las locomotoras tenían los frenos aplicados a fondo, nadie se interesó en explicar que los maquinistas hicieron lo que pudieron para evitar el accidente.

Las familias de los fallecidos no obtuvieron ningún tipo de explicación oficial, ayuda o indemnización.

Torre del Bierzo, hoy

Llegar hasta torre del Bierzo supone salir de la autovía A-6, y hacer unos kilómetros por la antigua carretera nacional. Está encajonado entre los pliegues de los Montes de León, y aunque antaño fue un hervidero de minas de antracita, la reconversión del sector ha dejado diezmada esta actividad. Aún así, se ve algún pozo sobreviviendo en los alrededores del pueblo. Actualmente, viven unas 2.500 personas.

En su tiempo, también era un importante nudo ferroviario, con viviendas para los trabajadores, aparcamiento de locomotoras y, por supuesto, con un gran puerto cargadero para los vagones de mineral.

La carretera bordea la montaña por su parte alta, así que es posible obtener una buena perspectiva aérea del pueblo… incluida su estación. También se observa la cercana iglesia, donde en principio se trasladaron los cadáveres. El túnel, derribado en los años 80, empezaba más allá de la estación, en la curva a izquierdas (si haces "click" sobre la foto, se amplía):


El edificio de la estación está en ruinas, vallado. Tan sólo da servicio como apeadero:








De la importante estructura ferroviaria de antaño, no queda gran cosa. Todos los edificios están ruinosos...





Aquí está lo que fue el túnel, la bóveda está marcada en rojo: En 1985, diversos movimientos geológicos y la debilidad de la propia estructura provocaron que se tuviera que derribar, quedando la vía atrincherada pero sin “techo”.







Un tren Alvia, atravesando lo que en su día fue el túnel…



A un par de centenares de metros se encuentra la iglesia hasta donde se llevaron en un primer momento los cadáveres. La cruz que aparece en la foto está dedicada al ínclito José Antonio y sus caídos por Dios y España.





En el antiguo cargadero de carbón, la ya desaparecida compañía minera Virgilio Riesco alzó una pared en memoria a las víctimas del túnel...



Ya dentro del pueblo, un gigantesco mural en la pared y una placa de bronce también recuerdan el accidente.




Fuentes:
euskomedia.org
lapinturadeunmaquinista.blogspot.com
labitacoradelmiedo.wordpress.com
tejiendoelmundo.wordpress.com
lacronicadeleon.es
torredelbierzo.net
rioxares.blogspot.com
TV Castilla y Leon
TVE
José Antonio Ardura
Ajuaa.com
madridhaciaarriba.blogspot.com
Ramón de Fontecha, director del cortometraje “El túnel número 20”.


…Y la amabilidad de los vecinos de Torre del Bierzo.

1 comentario:

  1. Hoy, 3 de Enero de 2014. Hace 70 años, del fatal accidente... Un recuerdo a las victimas, familias y amigos... Y gracias, al magnífico reportaje de Manel Kaizen.

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