lunes, 14 de octubre de 2013

Tres generaciones de asfalto




Aún es posible encontrar fragmentos de aquellas viejas carreteras nacionales de antaño, supervivientes a la sombra de flamantes autovías, y que han sido relegadas a vías de uso vecinal.



Uno de los recorridos “históricos” más interesantes es el viejo tramo de la N-III, intacto entre Requena (Valencia) y Honrubia (Cuenca), y que se puede recorrer ininterrumpidamente durante 125 kilómetros. A la altura de la presa de Contreras, un fósil ha sobrevivido a otro fósil que a su vez ha sobrevivido a la autovia: son las popularmente llamadas "cuestas de Contreras", tres generaciones de asfalto...

Es muy probable que la mayoría de conductores madrileños o valencianos que peinan canas hayan recorrido alguna vez la vieja N-III. Vía de escape a las "playas de Madrid", cruza poblaciones con nombres de mapa de carreteras: Tarancón, Motilla del Palancar, Requena...

Inicio mi excursión precisamente en Requena, dirección Madrid. Abandono la autovía, buscando el trazado original, que atravesaba el casco urbano. La carretera ha sido reurbanizada y muchos comercios orientados al viajero han sido “reciclados”.


Dejo atrás Requena, la N-III se independiza de la autovía y sigue su propio camino. El primer accidente geográfico de importancia que encontramos, y quizá el más emblemático, es el puerto (o "las cuestas") de Contreras, que podemos recorrer de tres maneras: la carretera original (construída a mediados del siglo XIX gracias a una idea del ingeniero Lucio del Valle), la N-III “radial”, que sustituyó las rampas originales a principio de los años 70, o bien la autovía A-3, en servicio desde los años 90.

En Villargordo del Cabriel salgo de la vieja N-III para enlazar con su abuela, la original, que atraviesa el pequeño núcleo urbano. A las afueras de Villagordo, la vía pierde incluso la denominación de carretera, mostrándome un poco más adelante un gran letrero me invita a finalizar la excursión: “CARRETERA CORTADA A 6,5 KILÓMETROS (excepto colindantes)”. Dos biondas plantadas para hacer un zig-zag deliberado… y más allá una tira de asfalto ajado, la anciana dormida, la primera N-III.

No tardo mucho en encontrar una señal de tráfico con muchas décadas de antigüedad, y que me informa que empiezo a atacar las “cuestas de Contreras”. La carretera conserva los pilones en las mallas metálicas, bisabuelas de las actuales vallas biondas.




Tras unas cuantas curvas cerradas, llego efectivamente al punto de corte: una puerta de verja metálica en medio de la vía con una señal de circulación prohibida y un cartel anunciando que la carretera está cortada, por si aún quedaban dudas… Sin embargo, la puerta está abierta, con indicios de llevar así muchos años. Continúo adelante.


Al otro lado, una cementera abandonada me saluda con tristeza. Estoy aproximándome al embalse de Contreras, que divide Valencia y Cuenca, pero poco antes debo atravesar el poblado en el que vivían los trabajadores de la cementera, igual de abandonado que la fábrica.


Finalmente, llego hasta la base de la presa de Contreras. Para sortear el río, se construyó un puente de piedra, datado del mismo año que la carretera: 1.851. A un lado es Valencia, y al otro, Cuenca.



En la montaña que tengo frente a mí, ya en Cuenca, observo que la carretera se retuerce trabajosamente mientras remonta hacia la cima, es la segunda parte de las “cuestas”, una obra de ingeniería que en el siglo XIX fue calificada de “revolucionaria”.

Una vez coronada la segunda ración de curvas, tengo una interesante perspectiva de la N-III “menos vieja”, que evita las curvas porque atraviesa la montaña en varios túneles, y también porque pasa por encima de la presa. Otro prodigio de ingeniería, esta vez ya en el siglo XX. Junto a la presa, un hostal abandonado sirve de pared para grafiteros y váter de incontinentes.



En la distancia, la tercera y última evolución de la N-III: un gigantesco viaducto salta por encima del embalse sin despeinarse: si el ingeniero don Lucio levantara la cabeza…


Finaliza el trazado “abuelo” de la N-III, y vuelvo al ramal contemporáneo… La carretera continúa mostrándome muestras de su esplendor pasado. Cada población importante tiene su zona de talleres, restaurantes y gasolineras que malviven (o han cerrado) junto a grandes explanadas que hace mucho que no se llenan de vehículos.



Poco antes de llegar al embalse de Alarcón, me encuentro con el abandono del “hotel Claridge". Diseñado según los patrones estéticos más audaces de los años 80, llegó a ser considerado el más emblemático de Cuenca. El hotel cerró sus puertas en el año 1.998, y desde entonces espera comprador. Sus actuales propietarios se niegan a abandonarlo a su suerte, y el edificio está vallado y protegido por alarma, lo que ha impedido que haya sido vandalizado… Dos anacrónicas cabinas de teléfono nos recuerdan que aquel edificio es de otro tiempo.


Pocos metros más allá, la carretera pasa sobre el embalse de Alarcón, coronando la presa.



El mencionado embalse tiene unos orígenes singulares, ya que la iniciativa de su construcción fue enteramente privada: en 1.955, los regantes del río Jucar se mancomunaron bajo la llamada “Unión de Usuarios del Júcar” para construír un pantano que les garantizara el regadío en sus cultivos. La obra finalizó en 1.970, y bajo sus aguas quedó sumergido un pueblo, Gascas de Alarcón.

Los regantes estuvieron pagando recibos del pantano hasta los años 90.

Enfilo por la carretera CM-2100, que hasta el año 1.955 había sido la primitiva N-III, y que fue desviada cuando el recién inaugurado pantano anegó parte de su recorrido, y en el que pongo punto final a esta excursión.




Saludos y buena ruta!

6 comentarios:

  1. Una entrada cojonuda, de verdad. De las chulas. Cuando uno pasa por esas carreteras radiales, asfaltos viejos y estrechos, que aún tienen la grava redonda y clara de entonces, los viejos hitos...uno se da un viaje a las carreteras de la niñez.
    Una entrada cojonuda, repito.
    Gracias.
    Gelu.

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    1. Me alegro de haberte "tocado la fibra", Gelu... A veces se consigue, a veces no.

      Y como siempre, muchas gracias por tu seguimiento, saludos y buena ruta!

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  2. Muy chula la entrada, soy de Madrid pero vivo en Valencia, cada vez que voy de un sitio a otro y tengo tiempo hago esa ruta, me encanta!! Nunca me canso de ir por esa carretera, la misma de cuando éramos niños y cabíamos seis en un coche con el perro y la abuela.

    Me alegro de no ser la única...

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    1. Así nos vimos cuando éramos pequeños... y tal por eso es que buscamos sitios que nos hacen retroceder en el tiempo unos cuantos años.

      Gracias por el seguimiento!

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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