lunes, 11 de noviembre de 2013

Tor, una historia de violencia

La carretera C-13 es la arteria principal de la comarca catalana del Pallars Sobirà. En los márgenes de la carretera, multitud de negocios de "rafting" ofrecen aventuras para el hombre blanco acomodado.

En Llavorsí está el desvío a la Vall Ferrera, donde la orografía del terreno y la escasez de infraestructuras hacen una criba con los visitantes. Pero aún queda un último giro hacia lo más primitivo, entrando en un lugar que vive al margen de modas y progresos.

En Alins, otro cruce nos deposita en una estrecha pista asfaltada que culebrea paralela al río Noguera de Tor. Y diez kilómetros más allá… el tiempo se detiene. Literalmente,  lo mires por donde lo mires: se acaba la carretera asfaltada, la luz eléctrica y la cobertura del móvil. Estamos en Tor, pequeño núcleo rural con cuatro casas habitadas (en verano), y protagonista de una de esas crónicas negras que de tanto en tanto nos regala este país.

Un letrero a pie de camino anuncia que estamos entrando en una “finca particular”, léase finca como todo lo que nos rodea desde aquí hasta la frontera andorrana, incluído el propio pueblo…

Los orígenes de la “sociedad de Condueños”

Se documenta un asentamiento en Tor desde tiempos medievales, pero no se constituyó como pueblo hasta el año 1.812. Aquella zona remota era conocida por su riqueza agrícola y ganadera; en aquellos tiempos se decía que “Tor es un cielo para animales y un infierno para las personas”. Pese a ello, su holgura económica les permitía “lujos” como por ejemplo pagar a un profesor de primaria para que subiera expresamente a dar clases a cuatro niños. En 1.857, había censados 57 habitantes. 

En 1.896, con el objetivo de salvar sus tierras y su forma de vida, se constituyó la “Sociedad de Condueños de la Montaña de Tor”, que convertía a toda la montaña en propiedad común de los 13 hogares “que tenían fuego todo el año”, es decir, que vivían allí permanentemente. De esta manera, se prevenían contra una posible ingerencia “forastera” en la gestión de la montaña y de sus recursos.

Pocos años después, en dos de estas casas nacían dos varones que protagonizarían la vida del pueblo durante muchos años: Jordi Riba Segalàs, de “Casa Palanca”, y Josep Montané Baró, de “Casa Sansa”.

El camino de Andorra

Amigos en la infancia y la adolescencia, "Palanca" y "Sansa" se fueron distanciando, enzarzándose en rencillas que fueron en aumento hasta el desenlace final. Posiblemente ya habría habido disputas entre sus padres, o tal vez algún malentendido con los contrabandistas. Y es que Tor comunicaba con Andorra a través del puerto del Cabús por una senda que, entrado el siglo XX, se convirtió en camino apto para todoterrenos, y por el que entraba todo tipo de contrabando, desde tabaco, alcohol y armas hasta utensilios de cocina esmaltados, pasando por un misil “Exocet” comprado en Francia y con destino a Libia, vía puerto de Valencia.

Durante la Guerra Civil, la pista de Tor fue utilizada por muchos exiliados que huían de la represión del bando sublevado, pero también había tráfico de entrada: España era destino de muchos judíos que huían de la Europa ocupada. Se dice que en Tor asaltaban a muchos de ellos para robarles el oro y las pertenencias que llevaban. Otros eran apresados y deportados al campo de concentración de Miranda de Ebro (Burgos).

Se da la dramática circunstancia que, finalizada la Guerra Civil, algunos oficiales alemanes también utilizaron este camino para escapar de las represalias del bando aliado.

Guerra abierta

grupo de "maquis"
Durante la posguerra, se produjo el enfrentamiento que desembocó en enemistad insalvable entre “Sansa” y “Palanca”: en el año 1.944, la montaña de Tor sirvió de refugio para los “maquis” que luchaban contra el franquismo. Alguien llamó a la Guardia Civil, y hubo un enfrentamiento armado en el que cinco casas fueron incendiadas. “Palanca” acusó a “Sansa” de ser el que fue a dar el chivatazo a la Guardia Civil. Las casas arrasadas nunca se reconstruyeron.

El ambiente hostil sumado a las precariedades de vivir prácticamente incomunicado y sin servicios básicos motivó un éxodo en los años 60, que llevó a vaciar el pueblo durante la temporada invernal.

Josep Montané "Sansa"
Tanto Jordi Riba “Palanca” como Josep Montané “Sansa” tenían reputación de ser personas de difícil diálogo razonado: Sansa era puro nervio, y Palanca también, aunque este último intimidaba (aún intimida) con su vozarrón gutural y su fornida percha de metro noventa.
 
Jordi Riba "Palanca"


Dinero sucio. Primeras muertes

Años 70. La parte de la montaña de Tor que lindaba con Andorra estaba partida por igual entre los terrenos de Sansa y Palanca: en cada uno de ellos había sendos caminos que desembocaban en el mismo lugar: la frontera. Eran vías muy "transitadas" por profesionales del estraperlo, que debían pagar un peaje a sus propietarios para transitar por ellos: dinero, artículos, o en el caso de Sansa, algún viejo todoterreno que utilizaba por la montaña hasta reventarlo. Hasta hace pocos años todavía era posible ver alguno de estos vehículos pudriéndose entre los pastos de la montaña.

Rubén Castañer
Año 1976. Sansa, junto a otro habitante del pueblo llamado Cerdà, reclaman la propiedad exclusiva de la montaña de Tor, alegando que ellos son los únicos que viven allí “todo el año”. Estaban asesorados por el abogado maño-andorrano Rubén Castañer Ejarque, un tipo al que su corta estatura no le impedía ser un matón con traje y corbata, hasta el punto de que llegó a estar oficialmente expulsado de Andorra durante varios años. El caso es que la intención del abogado Castañer era crear en las montañas de Tor un gran complejo invernal, incluyendo una estación de esquí, apartamentos y hoteles; decía tener "liquidez sobrada", proporcionada por unos inversores ingleses.

Palanca no reconoció la declaración unilateral de Sansa y Cerdà, amparándose en los estatutos del siglo XIX, y en 1978 creó una “junta paralela” con los propietarios excluídos. Una de las primeras decisiones que tomaron fue arrendar la montaña a dos leñadores gitanos de Vic: Pedro Liñán y Miguel Aguilar. Este último era fácilmente reconocible porque siempre llevaba a la vista un cuchillo puñalero.

El 3 de julio de 1.980, el abogado Castañer subió a Tor para hacer unos recados, acompañado de dos “escoltas”: Dionisio Rodrigo (guardia civil retirado, siempre acompañado de su revólver) y Ramón Miró. En un lugar lugar tan pequeño fue inevitable que se encontraran las dos partes enfrentadas: Palanca, Rubén y sus respectivos secuaces se enzarzaron en una acalorada discusión que acabó en acometida mutua. Apareció el cuchillo de Miguel y la pistola de Dionisio; pocos instantes después, Ramón Miró era cadáver, y Pedro Liñán quedaba malherido por los disparos de Dionisio; murió mientras Palanca lo evacuaba hacia pueblo más cercano, Alins.

La justicia detuvo y acusó de homicidio a Dionisio Rodríguez y Ramón Miró; cumplieron 7 y 8 años de prisión, respectivamente.

El conflicto de Tor entraba en una nueva dimensión; un albañil que en aquellos tiempos hacía obras de rehabilitación en una casa del pueblo, explicaba que “allí no hay ley, es otro mundo: si no vas armado, no eres nadie”. Él mismo trabajaba teniendo siempre a mano una escopeta cargada.

Sansa, asesinado.

Durante los años 80 y primeros 90, Tor dio acogida a diferentes personajes marginales; Sansa empieza a acoger a neorurales de pasado oscuro para que se establecieran en sus dominios. Construyó un campamento con tiendas indias en el Pla de Llumaneres, que rebautizadon como “camping Sansa”. Entre los recién llegados estaba Miquel Olivella, alias “skin”, temido por su carácter violento, Josep Mont, contrabandista de poca monta, y la prostituta Marli Pinto.

Lázaro Moreno
Palanca, por su parte, empezó a dejarse ver con un mozo de Jaén llamado Lázaro Moreno, también de modales agresivos, que le han valido diversas visitas a los juzgados de Tremp.

En marzo de 1995, y cuando nadie se lo esperaba, un juez decide dar carpetazo difinitivo al asunto de Tor, y declara dueño único a Josep Montané, Sansa.

Cuatro meses después, en julio de 1.995, Sansa aparece asesinado en su borda de Tor. Tenía un cable enrollado en el cuello, hematomas en diversas partes del cuerpo (especialmente en los genitales), y un fuerte golpe en la cabeza.

Nadie en el pueblo dice haber visto ni oído nada.

Antonio Gil José
Unos meses después, un neo-rural del “camping Sansa”  de nombre Antonio Gil José, se presenta en la Guardia Civil informando de que él fue testigo del asesinato, y señala directamente a dos de los campistas de las tierras de Sansa: los antes mencionados Josep Mont y Marli Pinto. El móvil del crimen habría sido una supuesta deuda de un millón de pesetas que Sansa tenía con los acusados.

Mont y Marli fueron detenidos y pasaron 14 meses en prisión preventiva. Durante el juicio, no se pudo probar su participación en el crimen, y fueron absueltos, principalmente por el inconsistente testimonio de Antonio Gil, persona que, según valoración del médico forense, tenía un importante desorden emocional.
 
Josep Mont y Marli Pinto

Desde entonces hasta hoy, otra sentencia judicial ha vuelto a dejar la montaña de Tor como propiedad colectiva de todos sus habitantes. Tanta reyerta para volver otra vez al acuerdo de 1.897...

La montaña ha acogido dos muertos más: un neorrural, precipitado accidentalmente por un barranco, y otro que se ahorcó en la borda de Palanca.


-Josep Montané, “Sansa”  descansa en el cementerio de Araós.

-Jordi Riba, “Palanca” sigue acumulando pleitos, denuncias y follones con la justícia. 

-“Cerdà”, amo de la tercera casa fuerte de Tor, es el que lleva una vida más ordenada. A diferencia de los dos primeros, él contrajo matrimonio. Se mueve por La Seu d´Urgell, y no le gusta hablar de Tor.

-Josep Mont murió en 2004 a causa de sus excesos con el alcohol.

-Marli Pinto estuvo ingresada en un centro de desintoxicación de Barcelona hasta el 2004.

-Lázaro Moreno se peleó con Palanca y se separaron poco antes del 2000. A finales de los 90 se casó con una “pubilla” de Tor. Sigue metido en problemas, peleas y amenazas. Vive cerca de Tor.

-Olivella “el skin” se marchó de Tor al morir Sansa. Dos años después, cumplía condena en una prisión de Miami (USA) por tráfico de drogas.

-Rubén Castañer siguió con sus martingalas. Abrió un club de alterne en la Manga del Mar Menor, y tuvo un accidente de tráfico del cual sobrevivió sin secuelas. No se ha vuelto a meter en el avispero de Tor. Vuelve a tener la entrada permitida en Andorra. El letrado que le asistió en sus problemas legales, Miguel Hortal, es un franquista confeso que recientemente se ha visto involucrado en un caso de venta de obras de arte robadas.

-Antonio Gil José, siguió dando tumbos por el mundo hasta que se estableció como pastor de ovejas en la Cerdanya

Primera visita

Con los antecedentes explicados, es normal que plantearse una visita a Tor genere un punto de inquietud. Circulamos por la pista forestal que discurre paralela al río Noguera de Tor. Tres kilómetros antes de llegar a Tor, el asfalto se termina, y un cartel explica a quien quiera leerlo que, a partir de allí,  es una finca privada.

Mientras debatiamos la idoneidad de continuar más allà del cartel restrictivo, pasaron dos coches en dirección a Tor: un monovolumen cargado de jóvenes, y un Audi todoterreno, que se para a nuestra altura; son una familia acomodada con críos, él nos pregunta si falta mucho para Tor y si el camino es bueno... Más tarde nos los volveremos a encontrar a todos en diferentes circunstancias, ninguna agradable.

Finalmente, hemos decidido aparcar la moto, y dar un flexible paseo que en media hora debería hacernos llegar al pueblo... Feliz decisión, ya que más adelante había una "trampa" de barro en la que nuestra Varadero habría sucumbido. Seguimos caminando, y poco después nos hemos encontrado el monovolumen de los jóvenes: ha pagado cara la osadía de aventurarse por caminos indómitos, reventando el cárter motor. Están alrededor del coche, en un camino estrecho y sin cobertura de móvil. Como no podemos darles ninguna ayuda material, como mínimo les animamos: “Venga, que esto lo arregla una grúa en media hora, ojalá sea lo más grave que os pase en la vida”, les digo yo, en plan jovial. Al final, deciden montar una expedición para desandar hasta allá donde encuentren señal de teléfono y pedir asistencia.


En varios puntos del camino se leen inscripciones de que la montaña es propiedad de la "Sociedad de Condueños". Se dice que estos rótulos fueron obra de "Sansa"
Justo cuando divisábamos las primeras casas de Tor, nos sorprendió un atronador disparo de escopeta. Y muy cercano. Venciendo las ganes de largarse de allí pitando, hemos continuado caminando “a lo guardia civil”: paso corto y vista lejos. Una de las primeras casas es “casa Sisqueta”, y dos parasoles en la puerta insinúan que allí se presta servicio de bar. Junto a los parasoles, un individuo está junto a un crío de unos cinco años. El hombre nos ve llegar, y quita disimuladamente de las manos del niño la escopeta que acaba de disparar. Cuando llegamos a su altura, ni se me ocurre discutir sobre legislación de armas o responsabilidad paterna con un tipo que sostiene una escopeta cargada. En su lugar, le brindamos un “bona tarda” que él nos devuelve con una mueca que recuerda a una sonrisa.

Gracias al trabajo previo de documentación, reconocemos las principales casas del pueblo, incluídas las de Sansa y Palanca. Calle arriba, están las ruinas de las casas destruidas durante las escaramuzas con los maquis en 1.944... El río Noguera de Tor baja ruidoso partiendo el pueblo en dos mitades.









En el otro extremo, la calle principal, que nunca ha dejado de ser camino, se pierde montaña arriba. La cima es Andorra.
 
El camino sube hacia Andorra
Volvemos a encontrarnos con la familia del Audi, y comentamos la anécdota de la escopeta: “¡el mocoso disparó casi al lado nuestro!”, exclama el atribulado padre.

Regresamos hacia la moto. Antes de salir del pueblo, nos hemos vuelto a encontrar con el tipo de la escopeta, continúa junto a los parasoles de casa Sisqueta: "¿Sirven bebidas ahí dentro?", le pregunto, “sí sí”, me dice, con la misma sonrisilla de no-me-fio-una-mierda-de-tí, “da un grito dentro si no ves a nadie, que ya bajarán”. Asomo la cabeza al interior, donde hay una destartalada mesa rústica, algunas cajas desparramadas y nada más. Una bombilla de luz, que funciona gracias a un generador portàtil, ilumina precariamente la estancia: “Hola!! Què hi ha algú??”, “Ja baixo!” me responde una voz desde arriba… La última sorpresa antes de marcharme: la mujer que baja del piso superior es Pili, hija de Sisqueta, y esposa de Lázaro Moreno. Por supuesto, nuestra relación es estrictamente comercial, y le compro dos aguas. Ni una palabra de su vida social.

Nos marchamos por donde hemos venido. El monovolumen herido continúa allí donde lo habíamos dejado: todo el grupo sigue ausente, a la búsqueda de la cobertura perdida, y el conductor se ha quedado en plan centinela. El pobre diablo no sabe si sus compañeros tardaran o no, o si viene la grúa o no… Lo que sí sabe es que se hace de noche, y preferiría estar en cualquier otro lugar. “Estamos de despedida de soltero”, nos dice, “por lo menos, el novio se ha ahorrado esto: anoche pilló una indigestión, y está en el hospital de Tremp”

De nuevo junto a la moto, nos marchamos por donde habíamos venido.

Segunda visita

En la primera visita a Tor, nos habíamos quedado mirando el camino de Andorra; en esta ocasión, entraré precisamente desde la parte andorrana.

Una vez dejada atrás la frontera y el nervioso tráfico del valle, he remontado la carretera de Pal, hasta llegar a la línia imaginaria que separa los dos paises, justo en lo alto del port del Cabús.


Más allá del asfalto, el camino empieza bajando con suavidad, pero en pocos centenares de metros se convierte en una incómoda pista llena de piedras picudas. Decido no tomar riesgos, y sólo me interno un kilómetro. A mis pies tengo una fenomenal panorámica de la montaña de Tor.

El pueblo de Tor no está a la vista, pero sí que se observa el "pla de Llumaneres", y el punto preciso donde se bifurcan los antiguos caminos de Sansa Palanca.
Hacia el Norte, el camino de Sansa; al Sur -por donde circula el 4x4-, el de Palanca. A la derecha se pierde la pista que sube a Andorra, desde donde yo hago la foto.
En los campos de Palanca hay unos cuantos Caballos; unos mozos los controlan sin bajarse de sus 4x4...




Tercera visita

Como el camino se me resistía desde la moto, decidí cargar la bicicleta de montaña en el coche, y volver a subir desde Alins: por un lado, ganaré en discreción (un tipo en bici parece como menos sospechoso de tramar algo), y por otra parte, la lenta cadencia del pedaleo me facilitará la observación.

Cuando llego al lugar donde está el puente con el letrero "Finca particular Tor-Andorra", estoy algo desfondado por la dureza de la subida.

Vuelvo a entrar en Tor coincidiendo con la hora de comer; un matrimonio de edad avanzada está entrando en el "restaurante" de Sisqueta.

El resto del pueblo, para variar, es un remanso de soledad; pocos minutos después lo dejo atrás, y ataco la pista que sube a Andorra. No tardo en perder de vista el pueblo, encajonado en el valle.

Algunos kilómetros más allá, desisto de alcanzar la cima; el agua se acaba y mis piernas piden clemencia. Doy la vuelta y me dejo caer hasta el coche, no tuve que dar pedales ni una sola vez.

Aquella noche soñé que moría, y tenía que subir al cielo pedaleando en la puta bicicleta.

Y hasta aquí la historia. Os recomiendo venir aquí con la mente clara, dejando de lado prejuicios y sugestiones sobre rencillas no resueltas: el paisaje se lo merece.


Saludos y buena ruta!

16 comentarios:

  1. Madre mía, qué historión. Por cierto, ¿a los de la despedida, los rescatarían o se los comieron los lobos?

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    1. Jajaja... Supongo que tuvieron final feliz, si no supongo que los habrían sacado en las noticias ;-)

      Gracias por el seguimiento!!

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  2. Impresionante y pavorosa historia, una más de esta España cainita y envidiosa. Alguna que otra he escuchado de habitantes de las Hurdes, pero ahí era más por hambre que por otras razones.
    Me ha gustado tu investigación -detectivesca total- y las vías de acercamiento -la del sueño con la bicicleta es genial, je,je-. Un buen relato aunque sólo roce lo motero tangencialmente.
    Un abrazo

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    1. Hola Santi! Gracias por tus halagos, y tienes razón en que la moto cada vez tiene un papel más secundario, pero qué le voy a hacer, es lo que me piden las musas ;-)

      Agradecido otra vez por tu seguimiento, abrazos y nos vemos en ruta!

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  3. Historia,leyenda..moto, ya estoy enganchado. Esperando la siguiente. Muy bien relatado el del accidente ferroviario en el Bierzo que ya leí.
    Saludos.

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    1. Muchas gracias por el seguimiento!! Cada lunes, una "píldora" nueva, ya sabes ;-)

      Saludos y buena ruta!

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  4. Sigues siendo Grande Manel; si llegas a escribir "100 años de soledad", se hubiese entendido mejor que con "ese" Garcia Marquez... Cuando vallas a investigar en bici, llámame que te llevo hasta la frontera. Saludos

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    1. Seguro que llegamos a la frontera y más allá, Chiqui!! Me sacas siete pueblos de ventaja en piernas sobre una bicicleta...

      Gracias por los halagos y por tu seguimiento, un abrazo y hasta pronto!

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  5. Sin duda que nos encontramos en un lugar singular de la geografia catalana alejado de la civilització y donde se enconden historias muy interesantes. Gracias Manel por refrescarnos la memòria, me gusta mucho decir que para entender el presente deberíamos conocer el pasado.

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    1. Malauradament, molt sovint coneixem el passat, però continuem ensopegant amb la mateixa pedra...
      Merci pel seguiment, salut!

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    2. Magradaria saber don ets Manel ia k sentí moltisima kuriusitat de pujar allá tor!
      Soc de olot com podriem posarnos en contacte?

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  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  7. Impresionante labor de investigación... como nos tienes acostumbrados. Sabía de la historia de Tor pero no con el detalle que llegas a alcanzar. Solo fui una vez con una amigo, los dos con nuestras motos en un estupendo día de sol de principios de otoño. Tomamos un refresco en el bar de "las sombrillas" y ascendimos hasta Andorra. Es pueblo llega a resultar "tenebroso" por el aspecto y por la historia pero los paisajes de la parte alta son espectaculares y bien merecen un paseo. La Varadero te llevará arriba sin problemas, confía en ella. Muchas gracias por el trabajo de información y redacción :)

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    1. La pregunta es: dónde NO has estado aún? Jejejeee... Ahora en serio Santi, que una institución como tú me valore de esta manera, es un impresionante chute de motivación. A ver si algún día volvemos a coincidir en caminos indómitos.
      Un abrazo y hasta pronto!

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  8. Manel, impresionante relato que me ha cautivado tanto que este verano quiero vivirlo in situ, la pregunta es directa, ¿es posible ir desde andorra a Tor en moto de trail?, muchas gracias

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    1. Hola Gabriel! Me alegro que te haya gustado el reportaje...
      Sobre acceder a Tor en trail, te comento que depende de tu experiencia fuera de asfalto: entrando desde Andorra, es cuesta abajo, y el camino va un punto más allá del "paseo". Si has hecho enduro será pan comido, pero si te mueves principalmente por asfalto... te recomiendo que subas desde Alins en un día veraniego y seco. Durante el invierno, el pueblo está incomunicado por tierra a causa de la nieve.
      Historias truculentas aparte, el entorno es fantástico, poco tocado por la civilización. Saludos y buena ruta!

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