lunes, 4 de noviembre de 2013

Un tipo sencillo

Probablemente, unos cuantos de vosotros ya conozcáis a mi amigo David, propietario de “Nunu”, la Suzuki V-Strom 1000 que tal vez le está dando más quebraderos de cabeza de los que se merecería…


David es un tipo sencillo: no tiene Facebook pero no le faltan amigos para ir a tomar un café, su moto es del siglo XX e incluso viste una chaqueta de segunda mano “porque a mí me parece comodísima”. La naturalidad hecha persona.


Y con esa misma naturalidad, un día se levantó de la cama, y decidió que ya era hora de visitar Nordkapp, casi 11.000 kilómetros a piñón, ahí es nada. Y lo más inaudito, sin explicarlo en un blog, sin patrocinio, y casi sin tomar fotos...

Durante los meses previos, él y yo estuvimos calentándonos mutuamente la chaveta con la idea de conquistar el extremo Norte continental, pero un imprevisto de última hora me obligó a apearme del proyecto. Pero David ya tenía la idea demasiado digerida como para abandonarla, así que continuó adelante. Núria, su chica, no quería dejarle solo en su empresa, pero tampoco quería pasar la “penitencia” motera que ello supondría: el problema quedó solventado con un billete de avión hasta Trömso, vía Oslo, y asunto arreglado. David la recogería con la moto al cabo de cinco días.


Llegó el día de la partida. La V-Strom estaba cargada hasta los topes: “pesa muchísimo, se me cae para los lados”, decía con cara de agobio. Los allí presentes (su novia Núria, mi pareja Isabel y yo mismo), le dijimos adiós aconsejándole que disfrutara de la experiencia… y rogándole precaución: marchaba sin reserva hotelera, sin cambio de moneda local, y tampoco había hecho ningún curso para perfeccionar ese inglés de cuatro palabras...



Dieciocho días después, salí a su encuentro para recibirle en un área de servicio de la provincia de Girona; la moto venía hecha un cristo, y él mismo era algo así como un indigente motorizado. Una de las primeras cosas que dijo fue "tengo hambre, llevo 25 hores sin bajarme de la moto”. Ayer por la mañana se puso en marcha en el sur de Suecia… y así hasta hoy. Según Googlemaps, son unos 2.300 kilómetros.


Pero lo habían conseguido: les llovió a mares, estuvieron dos días sitiados por un huracán, se averió la moto, e incluso les pusieron una multa por exceso de velocidad, pero él se limitó a encogerse de hombros y decir “aquello es verde como Galicia, pero a lo bestia”. Qué tío.


Os reproduzco parte de la larga conversación que tuvimos aquella mañana...
 

David me hace esperar un rato, ha tenido que parar en Figueres para que un mecánico le echara un vistazo a la transmisión: estaba en las últimas, con los eslabones agarrotados. “No hay ajuste que valga, la única opción es cambiarla”, le dijo el mecánico. “Qué diablos”, respondió él, “ya no viene de ciento cincuenta kilómetros”. El mecánico le rogó que, por favor, no corriera hasta casa.


Nos sentamos en una mesa, pedimos dos cervezas y una bolsa de patatas que abre con manos temblorosas para devorarlas a dos carrillos. Da la impresión de estar recién rescatado de un naufragio en alta mar...


-¿Había mucho ambiente motero por allà arriba?

-Yo no ví ninguna moto española. Seguro que las había, pero nosotros no vimos ninguna. Sí que había moteros finlandeses, suecos, algunos italianos y alemanes, pero yo ví más ambiente en los Alpes que aquí. Mucha Harley, también. Y Goldwings con remolques, motos muy grandes.


Le pregunto cuánto le marca el cuentakilómetros parcial, aquel que puso a cero antes de salir:

-Creo que sobre unos 10.500 kilómetros, más lo que nos falta hasta casa. Sólo desde ayer a las 9 de la mañana hasta hoy, he hecho más de 2.000 kilómetros…

-¡¡¡!!!!

-De madrugada, sobre las 3, he tenido un bajón importante. En Alemania, se me cruzaron un par de ciervos en la autopista, y eso me despejó.


-¡Va, empieza desde el principio! ¿Qué tal el primer día, subiendo por Francia?

-El primer día fue horroroso. En Francia hacía un viento bestial, fui en tensión todo el rato, cansa muchísimo conducir así. Hice más de 1.000 kilómetros el primer día, quería aprovechar las autopistas buenas para ganar tiempo. Hice noche en Besançon, cenando de las provisiones que llevaba en la mochila.
El segundo día, lluvia todo el día. Hacía las paradas imprescindibles, pero lógicamente no podía llevar el mismo ritmo que en seco. Atravesé toda Alemania del tirón…


Me explica el funcionamiento social de las autopistas alemanas:

-Si circulas a menos de 150 kilómetros por hora, mejor ponte en el carril de la derecha. El tercer carril está reservado a los que van, como mínimo, a 200 por hora. Si usas este carril, no has de perder de vista los retrovisores (…) Me “piqué” con un Audi RS8, pero cuando pasamos de 200 por hora le tuve que dejar marchar. Pero le aguanté el tipo un rato, y durante esos cinco segundos el tío tuvo miedo  de que una moto de doce años cargada hasta arriba le ganara la partida a su Audi. (…) Ir a 150 por hora de crucero era lo prudente, más allá me daba un poco de reparo. Además, llevaba la cadena de la transmisión bastante tocada...

En las áreas de servicio, los lavabos eran de pago. Me quedé con el detalle que, en las tiendas de las mencionandas áreas, vendían un montón de cachivaches sexuales.

La segunda noche ya estaba en Dinamarca. Me costó mucho encontrar un sitio donde dormir, estaba todo cerrado. Al final, encontré un hotel de esos automáticos, pero no podía contratar habitación, me exigían una reserva por internet hecha con anterioridad. Al final, encontré un hotel de carretera. Tan sólo quedaba una habitación. A la mañana siguiente, pese a que madrugué, ya se había marchado todo el mundo...


-El puente Oresund, en Dinamarca…

-Es bestial, Primero un túnel, después un puente… Puff! Impresionante, más de veinte kilómetros… Es de peaje.
En Suecia, las carreteras se degradan conforme subes al norte. Primero te las encuentras con carriles de aceleración, después ya no hay carriles de aceleración, de doble sentido con las líneas pintadas, y finalmente ni siquiera pintadas, sólo la tira de asfalto.
Es curioso que casi en cualquier pueblo sueco un poco grande te encontrabas un concesionario Volvo. Allí hay Volvos por todas partes, en la parte norte casi todo son Volvos familiares con tracción a las cuatro ruedas. Los utilitarios pequeños se ven sobre todo en las ciudades grandes del sur.
Los camioneros suecos son unos kamikazes: llevan grandes trenes de carretera, camiones con el frontal reforzado con “matarrenos”, unas barras que protegían faros y radiadores. Iban a cien por hora, y no estaban para hostias: si no podías ir más rápido que ellos, más te valía apartarte, o te adelantaban de cualquier manera. Vimos varios accidentes de tráfico, en este aspecto no son nada civilizados.
La última noche antes de encontrarme con Núria, dormí en Kiruna, pequeña ciudad minera a menos de cien kilómetros de la frontera noruega… Cometí el error de mirar los kilómetros que me faltaban hasta Trömso, pero no me fijé en la orografía: entre Noruega y Suecia, la zona es de alta montaña, con nieves casi perpetuas. Pasé aquella zona con aguanieve, viento y nieve en los márgenes. Precioso, pero terrible…


Las carreteras noruegas son harina de otro costal…

-En Noruega, las carreteras son dignas de países subdesarrollados. Conocimos a unos moteros locales, nos dicen que su gobierno parece gastarse todo el presupuesto en túneles y puentes, pero que el mantenimiento de las carreteras no parece prioritario.

Paro en la primera gasolinera que encuentro nada más entrar en Noruega, es de esas automáticas. La máquina no me acepta ninguna tarjeta, y todavía no había cambiado coronas noruegas. Le pedí a la dependienta que me pasara manualmente la tarjeta, resultó ser una tía borde, muy reticente a facilitarme la vida. Y fuera, lloviendo a mares.

Una vez en Trömso, encontré el hotel que había reservado, y me acomodé en la habitación esperando el avión en el que llegaría Núria.

En Trömso, como en muchos otros sitios, no puedes dejar la moto aparcada en la calle: las porciones de acera son propiedad de los dueños de los edificios que hay delante. Hay que buscar párkings públicos. Hay mucha percepción de seguridad, casi te diría que podría haber dejado el casco colgado del retrovisor. La gente deja los coches abiertos, y podrías entrar libremente en cualquier casa.

Allí hay que contar con los ferries para no hacer rodeos de centenares de kilómetros. Hay decenas de ellos, y son relativamente baratos.
En los lugares más concurridos sale un ferry cada 45 minutos… Pero en las zonas remotas son mucho más esporádicos. En un lugar alejado de toda vida turística, nosotros perdimos el último, y nos tuvimos que buscar la vida para pasar la noche allí.
Los feries se movían una barbaridad con el tiempo revuelto. Los operarios nos daban las cinchas, y nosotros teníamos que buscarnos la vida para atar la moto.
La gente aprovecha el trayecto en ferry para comer, tomar un café…

Llegando a Nordkapp…

-Sobre todo, cuidado con los renos, invaden la carretera a su bola. Cuanto más cerca estás del Norte, más aparecen. También hay que tener cuidado con las gasolineras, no abundan y major no apurar la reserva.

Nos hizo bastante frío, especialmente cuando había que atravesar los largos túneles que pasaban por debajo del mar; muchos estaban mal iluminados, y no era raro encontrarse renos adentro.


-Y  finalmente, aquella mítica bola del mundo metálica…

-Está dentro de un recinto vallado, tuvimos que pagar unos 60 euros por entrar. Una vez estás delante de la famosa estatua de la bola, dices “Bueno, vale, ya estoy aquí…”, pero que si no lo ves, no pasa nada. Te haces la foto para decir que has estado allí, pero nada más. Y tuvimos que hacer media hora de cola, todo el mundo se quería retratar allí.
En el aparcamiento de Cabo Norte, seríamos tal vez veinte motos… y cien autocaravanes. Nos encontramos a un matrimonio de Sant Feliu de Codines, habían alquilado una autocaravana en Alemania. Nos los encontramos más veces durante el viaje. En una de las ocasiones, bajo un aguacero de escándalo, nos decían “¡Estáis locos! Con la que está cayendo, nosotros estamos pasando miedo… ¡y vosotros en moto!”.




-Ya de vuelta, estuvimos varios días haciendo turismo en las islas Lofoten. Fuimos a ver ballenas. No tuvimos mucha suerte con el tiempo, nos llovió a mares e incluso nos quedamos dos días enteros encerrados en una casita que alquilamos, a causa de los vientos huracanados.
Hicimos amistad con una pareja de noruegos que viajaban en una Moto Guzzi. Gente agradable, él era profesor de inglés. Eran muy creyentes, y durante el viaje descubrieron que se habían olvidado la cartera con la documentación en la iglesia. Hablaron con teléfono con el párroco, y éste se comprometió a coger un autobús para devolverles la cartera.


-Y aquí fue donde te paró la policía…

-Sí, en Noruega son muy escrupulosos con los límites de velocidad. Las travesías, todas sin excepción, tienen una limitación de 50 kilómetros por hora. Nosotros atravesamos un “pueblo”, que en realidad eran tres casas, a 63 kilómetros por hora. Había un coche-radar de la policía, que nos dio el alto. El exceso de velocidad era leve, pero la multa fue cara, como todo en Noruega: al cambio, 400 euros. Curiosamente, el agente me dijo que no podía pagar la denuncia al acto, sino que tenía que hacerlo por Internet, o en uno de los bancos concertados, “en los quince días siguientes”… Bueno… Creo que, si quieren cobrar, tendrán que venir a Cataluña.


¿Qué tal por “Ä”, el pueblo con el nombre más corto del mundo?

-¡En Ä no hay nada, son cuatro casas! Nos juntamos cuatro o cinco motos, y casi duplicamos la población...





-El desfase horario allí arriba debía ser chocante, tantos días y tan pocas noches…

-Sí, el sol está siempre a la vista, pero tiene poca fuerza, como aquí a las siete de la tarde.


-En Honnisvag, ¿Parásteis en el “Ice bar”? (bar de hielo, a 40 kilómetros de Nordkapp, regentado por una pareja española).

-Sí. Es una nave. Todo muy comercial. Lo primero que te encuentras es una tienda. La entrada nos costó 18 euros, con derecho a dos chupitos. No tuvimos ningún trato especial por el hecho de ser españoles.  El propietario tampoco nos hizo mucho caso. El “Ice bar” es una cámara de hielo gigante. Creo que en Barcelona hay un bar que funciona igual, y no has de hacer tantos kilómetros para ver lo mismo.


-El nivel de vida en Noruega…

-Es caro. Todo es caro. Pedir un zumo de naranja era un "lujo" que costaba trece euros. Un miserable café de máquina costaba tres euros. Suecia es algo más barato.


-Y finalmente, el retorno…

-Una vez dejé a Nuri en el avión, en Bödo, me entraron las prisas por volver, así que deshice del camino del tirón. Pensaba bajar por Noruega, pero viendo el estado de las carreteras, volví por las mismas carreteres suecas que hice a la ida. Ayer, a las nueve de la mañana, me subí a la moto, y ya no me he bajado hasta ahora. A partir de las 3 de la mañana, me dolía tanto el culo que repostaba sin bajarme de la moto.

Ayer, sobre las 10 de la noche, estaba pagando un repostaje, y cuando salgo me encuentro con tres tíos rodeando la moto... Resultaron ser unos moteros polacos que iban con una furgoneta para recoger unas motos en París. Les digo de dónde vengo y de dónde soy, que esa misma mañana estaba en el sur de Suecia, y que mi intención era llegar a España hoy mismo. Los tíos ponen los ojos como platos, me dicen “you are a real biker!” y me dan la mano. Más adelante, les volví a adelantar, llevaban una furgoneta que arrastraba el remolque en el que cargarían las motos. Estuve tentado de pedirles que me llevaran en la furgo, ni que fuera 300 kilómetros ¡Menuda pitada de homenaje me dedicaron al despedirse!

Ahora que estoy en casa, debo afrontar un dilema: ¿Y ahora, qué? Ya no se me ocurre nada más grande que hacer, sin salirme del continente… Bueno, está Rusia y eso, pero eso son palabras mayores…

He leído muchos artículos de viajes a Cabo Norte, pero ninguno como el que me ha contado David.


“Cualquier viaje empieza dando el primer paso”.




Saludos y buena ruta!

14 comentarios:

  1. Pues un tipo como bien indicas, sencillo, y motero de verdad, no como los que publicamos fotos y rutas a diestro y siniestro, je,je. Buena entrevista.
    Saludos a los dos.

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    1. Larga vida a los cronistas, Santi! ;-D

      Muchas gracias, saludos y buena ruta!

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  2. Una narración a juego con el viaje. ¡Qué bien vivido y qué bien contado!

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  3. Ni Jesus Hermida hubiera hecho una entrevista mejor, de una ruta con dos cojones.
    Se me cae la baba.
    Saludos.

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    1. Bueno, la entrevista no tiene mérito, sólo ha sido transcribir lo de la grabadora... Lo de la ruta "cojonuda", ahí sí que al 100x100 de acuerdo ;-)

      Muchas gracias, un saludo y buena ruta!

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  4. El relato de Cabo Norte mas corto, entretenido y real que haya leído.
    Felicidades para el protagonista, y para ti por tenerlo como colega.
    Mola.
    Saludos.
    Gelu.

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    1. Muchas gracias, Gelu! Le paso tus felicitaciones a David...

      Saludos y buena ruta!!

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  5. Hola
    De lo mejor que tengo leido sobre "el viaje" cada vez lo veo mas desmitificado. Enhorabuena al compañero.
    Saludos

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    1. Gracias!! Le paso tus deseos al tragamillas... Por cierto, buenas fotos se ven en tu blog. Otro para la saca de "lecturas", jejeje...

      Saludos y buena ruta!

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  6. MOLTES GRÀCIES MANEL!! Ens va agradar molt recordar el viatje.. ens van venir ganes de repetir-ho. ;)

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    1. D´això res, gràcies a vosaltres per inspirar-nos: mentre uns continuem somiant, altres ja us heu despertat ;-) Petons i fins aviat!

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  7. Se m'ha fet curt. Segur que no et va explicar res més?
    Un viatge que recordarà sempre. Nosaltres quan ens el trobem, també recordarem l'entrevista i l'aventura.
    Salut i quilòmetres!

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