lunes, 31 de marzo de 2014

"Moro", el perro de los entierros

Nuestra cultura popular tiene multitud de leyendas que, a base de repetirlas, se acaban "corporizando" en hechos cuya credibilidad queda en manos de cada cual: desde OVNIS hasta pulseras milagrosas, pasando por dioses que juegan a los dados allá en el cielo…


Uno de estos casos está localizado en una pequeña localidad cordobesa, Fernán Núñez.


En uno de sus parques, concretamente el llamado Parque de las cascadas, hay una estatua singular, dedicada a “Moro”, un perro con supuestos poderes para detectar a aquellas personas que acababan de dejar el mundo de los vivos.


“Moro” era un perro de color negro y tamaño mediano, de raza indefinida, que apareció sin saber cómo en Fernán Núñez un dia de 1.973. Sociable, y manso,  vivía en la calle y se alimentaba de la caridad de los vecinos. Al cabo de poco tiempo empezó a mostrar un comportamiento inquietante: cuando las campanas de la iglesia tocaban a muerto, “Moro” parecía tener un sexto sentido para hallar el domicilio del finado; hasta él se iba, y después acompañaba al cortejo fúnebre hasta el cementerio.


El comportamiento del animal asustó a las gentes del pueblo, hasta el punto de rehuírlo, creyéndole poseído por una especie de demonio.


Esta es la leyenda, que tuvo su brusco final en 1.983, cuando unos desalmados apalearon a "Moro" hasta matarlo. 

Cuentan que, en diez años, "Moro" participó en 600 funerales.


Pero, como en tantos otros sucesos de la vida, alguien tiene una explicación para este asunto: un tipo que sus paisanos llamaban “Manolico”…


“Manolico” era un operario de la brigada municipal. Una de sus funciones era colocar una especie de banderines en las casas donde se estaba velando a un difunto, una costumbre habitual cuarenta años atrás. La cuestión es que “Manolico” tenía mucho cariño por el perro, y cuando se encontraba con él, siempre le daba algo de comer. Esto pasaba sobre todo cuando iba a colocar los mencionados banderines, y parece ser que por esa razón el animal acabó relacionando los banderines con la comida.


El mismo motivo le empujaba a seguir al séquito fúnebre: por ley de probabilidades, allá donde hubiera más gente, más posibilidades había de que le cayera algo para llevarse a la boca. Quienes le conocieron, decían que “Moro” era un perro absolutamente normal, muy sociable y que nunca ladraba a nadie.


En 1.995, el artista Juan Polo moldeó una estatua en memoria de “Moro”, y que se puede ver en el “parque de las cascadas”. Leyendas aparte, la estatua pretende ser “una lucha contra el maltrato animal”.




Saludos y buena ruta!

4 comentarios:

  1. Conocia gran parte de esta historia,
    que no deja de ser curiosa.
    Saludos.

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    1. Vivimos en un país lleno de supersticiones y leyendas, que ni siquiera la era del conocimiento ha podido desplazar...

      Saludos y nos leemos!

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  2. "...extraterrestres que viven en el centro de la tierra" eso son "intraterrestes", ¿no? jajaja.

    Bonita historia, al menos la parte de la estatua "contra el maltrato animal". Del resto, pues como bien dices, religionario popular.

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    1. Una más de tantas leyendas, sí pero, ¿y lo que nos hemos divertido componiéndola? Con la tontería, Fernan Núñez ganó un turista más, que además aportó riqueza al pueblo (un café, vale, pero un euro es un euro).

      Saludos!

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