lunes, 5 de mayo de 2014

Ferrocarril internacional de La Fregeneda

En la última mitad del siglo XIX, la dehesa del noroeste salmantino vivía según su propio ritmo autárquico; sin minas ni grandes fábricas, nadie les molestaba ni eran molestados, tan sólo era un anónimo rincón rural más en una España de incipiente revolución industrial.


En teoría, a nadie se le habría ocurrido traer hasta aquí una novedad tan “revolucionaria” como el ferrocarril… Nadie salvo los vecinos de Portugal, que vieron en esta zona la manera más rápida de transportar sus mercancías desde el puerto de Oporto hasta Europa.


Tal fue su empecinamiento, que incluso financiaron los 77 kilómetros que unían la localidad fronteriza de Barca d´Alva con La Fuente de San Esteban (Salamanca). Para superar la torturada orografía de los arribes del río Águeda, fue necesario construir veinte túneles y trece puentes en los 17 kilómetros que separaban la frontera portuguesa de la estación de La Fregeneda, y además con una pendiente respetable (cota mínima 212 metros, cota máxima 540 mts.). El resto del recorrido hasta la Fuente de San Esteban discurre plácidamente por la llanura de la meseta charra.


En 1.883 se iniciaron los trabajos; en la Fregeneda se congregaron hasta 2.000 trabajadores, muchos venidos de Portugal. El trato que sufrieron por parte de los autóctonos fue generalmente vejatorio, vergonzoso o directamente delictivo: estafas, abusos y agresiones eran el pan de cada día. Muchos de los trabajadores tampoco eran unos santos, algunos incluso eran delincuentes en el sentido literal de la palabra. Para recuperar el orden, se estableció en La Fregeneda una guarnición del ejército, que no se marchó hasta finalizar las obras.


El propio concepto del ferrocarril generó gran recelo, o directamente oposición, en una población poco acostumbrada a las novedades; muchos preferían quedarse sin ferrocarril antes que vender las tierras, o siquiera que los raíles pasaran cerca de ellas. En los primeros años de funcionamiento, incluso se llegaron a tirotear los convoyes.


En 1.887, empezaron a circular los trenes. Pese a las buenas intenciones de sus gestores, la línea fue deficitaria prácticamente desde el principio: el tráfico de pasajeros era escaso, de hecho, era raro que hubiese más de seis pasajeros cruzando la frontera. Y las mercancías tampoco dibujaban un panorama mejor, a veces pasaban días enteros sin ver pasar un vagón de carga.


En Enero de 1.985, la línea fue clausurada a raíz del traumático “decreto Barón”.


Desde entonces, esta impresionante obra de ingeniería permanece en el olvido, abandonada a su suerte y sin mantenimiento. Algunos valientes se animan a caminar el tramo entre La Fregeneda y la frontera portuguesa, un “paseo” adrenalítico de unes cuatro hores, no apto para personas con dos dedos de frente. Recientemente, una asociación está reparando puentes y túneles para poder transitar por ellos sin jugarse el tipo. Está catalogado como "bien de interés cultural".


Empezamos la excursión en uno de los extremos de la línea, La Fuente de San EstebanEl edificio de la estación está operativo como apeadero, aunque cerrado a cal y canto: es parada de la línea Medina del Campo-Fuentes de Oñoro, aunque si quieres bajar aquí, debes pedirlo expresamente al revisor.


En un extremo del andén, un antiguo cambio de agujas y unas vías oxidadas marcan el inicio de la línea de Portugal. Dos automotores de las brigadas de mantenimiento se pudren en la vía muerta; más allá, una recia topera acaba definitivamente con cualquier especulación, la vía está cerrada a cal y canto.




En los raíles, todavía se puede leer el nombre del fabricante (“Krupp”), y el año de fabricación (1.884). La mayor parte de los raíles no han sido nunca sustituidos ni renovados.


Desde la estación de Fuente de San Esteban hasta el pueblo propiamente dicho hay algo más de un kilómetro, una vez más, las estaciones están demasiado lejos de los pueblos que les dan el nombre.




La siguiente estación es Boada, el edificio está bastante ruinoso, pero mantiene la estructura. Todas las estaciones están construidas con la misma estructura, la planta baja destinada a despacho ferroviario, y la planta superior eran las viviendas de los empleados.



Para ir a la estación de Villares de Yeltes, debo hacer una pequeña “excursión” de seis kilómetros. Por lo menos, el camino está asfaltado…




La estación de Villavieja de Yeltes tiene una pequeña playa de vías, hundida entre la vegetación; Villavieja manufacturaba muchas mercancías en tren gracias a las fábricas de curtidos, calzados y, sobre todo, una cantera de granito. Puedo colocar a la moto en medio del entramado de vías gracias a que en su tiempo hubo un paso a nivel en la carretera de Retortillo.



El tejado de la estación se ha convertido en morada de cigüeñas.




El apeadero de Bogajo está también intolerablemente lejos del pueblo, aunque a pie de carretera; es fácil parar para echarle un vistazo. Una vez más, el edificio se degrada a su ritmo, ignorado por todo el mundo.



 En el horizonte, se dibuja la silueta de Lumbrales.



Teniendo en cuenta lo visto en la comarca, Lumbrales se puede considerar un pueblo “grande”, con más de 2.000 habitantes censados. La carretera atraviesa el pueblo por el centro, observo una frutería y echo el freno: quiero llevar alguna provisión porque durante el resto de la jornada veré poca civilización, y quiero tener un mínimo de autosuficiencia. Mandarinas y un puñado de nueces acabarán siendo mi sustento para el resto del día.

Estación de La Fregeneda

Poco antes de llegar a La Fregeneda, hay que tomar un desvío a la derecha por una pista de tierra estrecha y de firme mediocre, hasta llegar a la estación: si no sabes adónde buscar, de buen seguro que sudarás para encontrarla. Resulta sorprendente que una estación tan grande, que fue aduana y frontera, tenga un acceso tan ridículo.

Una vez en la estación, sorprende la cantidad de edificios del lugar: el propiamente destinado a viajeros, aduana, Guardia Civil, almacenes, viviendas de trabajadores… Y por supuesto, una playa con varios ramales de vías. Un auténtico caramelo para fanáticos de los abandonos y los ferrocarriles. Carece de la majestuosidad de Canfranc, pero aún así tiene el sabor genuino de lo abandonado en medio de la nada.






 El "ahora" y el "antes" de La Fregeneda...


Comienzo a caminar en dirección a Portugal. Todas las vías se van fundiendo en una sola. Un cartel de RENFE prohíbe transitar por las vías.



Un semáforo mecánico, de los de antes, sigue montando guardia junto al último edificio, cual monumento herrumbroso. A pocos centenares de metros, me encuentro con la boca del túnel número 1. También es el más largo de la línea (casi 1.800 metros), y además es completamente recto, por lo que la salida siempre está a la vista.



Este túnel acogió un trágico suceso: durante su perforación, en junio de 1.885, una gran tormenta inundó la galería a medio excavar. Murieron 37 operarios y un buey.

Aquí detengo mi avance, ni puedo ni quiero permitirme más tiempo caminando entre raíles. A pocos minutos está el túnel número 3, sólo apto para temerarios: en su interior, habitan miles de murciélagos en la más absoluta oscuridad. Los que lo han atravesado, ya saben lo que es pisar bat-mierda mientras oyes centenares de chillidos sobre tu cabeza. Gracias, pero por ahí no paso. En su lugar, vuelvo sobre mis pasos para intentar llegar, sin bajarme de la moto, hasta un punto intermedio… 


Entre túneles y puentes

Salgo del camino, vuelvo a la carretera, entro en La Fregeneda. De nuevo gracias a San Google encuentro el llamado “camino del río”, un sendero de ancho decente, señalizado para caminantes y ciclistas, aunque no vetado a otros vehículos.


Un kilómetro más allá, un mirador se abre hacia los Arribes del río Águeda. Aquí España, al otro lado Portugal. Me detengo para deleitarme con las vistas, desde aquí me hago una buena idea de sus dimensiones. Reptando por la ladera, puedo seguir la vía, y también un puente de hierro entre los túneles 13 y 12. Calculo que, si puedo llegar hasta la vía sin dejar atrás la moto, la caminata hasta el puente de marras no debe suponer más de media hora, intentaré llegar.



Más allá del mirador, el camino agudiza su pendiente. Decido que continuaré, dispuesto a dar la vuelta cobardemente si llega el caso. El camino se retuerce, me preocupa pero no me amilana, y unos cuantos giros después, me encuentro pisando las vías, ¡lo conseguí!


La adrenalina ha dado paso al hambre, y me regalo un “festín” a base de mandarinas y nueces.

Un rato después, comienzo a caminar. Llevo una luz frontal, que convierte la noche en día. Al llegar al primer túnel, el número 14, la luz es un apoyo, pero no es imprescindible…



La señal “S” significa que los maquinistas debían accionar obligatoriamente el silbato…


En el túnel 13, la luz es necesaria. Los fantasmas de las tinieblas me hacen apresurar el paso hasta la salida.



Y finalmente, el puente.


Una obra de ingeniería hecha en hierro y hormigón, fabricada por discípulos de Gustave Eiffel. Las pasarelas de madera han desaparecido, tan sólo se puede atravesar haciendo equilibrios sobre una de las vigas metálicas. Hay un apoyo en forma de débil baranda, que no da ninguna seguridad, es más, acrecienta la sensación de vértigo, ya que has de inclinarte todavía más al precipicio… ¿Y dicen que hay gente que atraviesa este puente, y doce más como este? Yo ya tengo bastante con alejarme un par de metros, y posar para la foto: a no ser que me persiga alguien con una escopeta, no pienso dar ni un paso más.



Vuelvo sobre mis pasos, y recupero la moto. Vuelvo a remontar el camino, y en La Fregeneda me acabo las últimas nueces. 

La frontera portuguesa

De nuevo en la carretera, continúo en dirección Portugal. Estoy a pocos kilómetros, ya no volveré a ver el ferrocarril hasta la “raya húmeda”, frontera natural que forman los ríos Duero y Águeda.

En la zona fronteriza, se superponen el puente de la carretera, de reciente construcción, con el impresionante puente ferroviario de hierro, el “puente internacional”.

El puente ferroviario tiene 156 metros de largo y, esta vez sí, se puede recorrer tranquilamente a pie gracias a que el suelo es de planchas metálicas; algunas se comban más de lo deseable, pero tampoco pediremos alardes a una construcción abandonada desde hace casi 30 años.





Justo antes del puente, por el lado español, la boca del túnel número 20 nos despide de un trayecto delicioso.


Casi en perpendicular al puente internacional, el puerto de Vega Terrón sirve de punto de partida los cruceros que llevan hasta la desembocadura del Duero, en Oporto.

Vista la parte española, tan sólo quedaba pasar a Portugal. Dos fotos del puente internacional, entonces y ahora...


Inmediatamente nos encontramos con la primera aldea, Barca d´Alva, y por supuesto con su estación de tren, análoga a la de La Fregeneda, pero con la arquitectura y el estilo de los ferrocarriles portugueses.









La visita a Barca d´Alva fue el colofón a uno de los trayectos ferroviarios más espectaculares que he tenido la ocasión de ver.


Para no repetir trayecto, decidí hacer unos kilómetros y entrar de nuevo en españa por la presa de Saucelle, una de las varias que intenta “domesticar” las aguas del Duero. Llegar hasta Saucelle supuso, de propina, descubrir un espectacular tramo de carretera, la N-221 portuguesa.





Saludos y buena ruta!

20 comentarios:

  1. No la he podido terminar aun.
    Peroo que he leido me fascina.
    Muy buena cronica Manel.
    Un saludo.

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    1. Espero que lo que te queda te haga mantener la buena impresión... Gracias por el seguimiento, nos leemos por aquí o por el foro, saludos de vuelta!

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  2. No tengo palabras.
    Que bonito... Gracias por trasladarnos en esos tiempos.
    Gracias Manera.
    (circuitu)

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    1. Gracias a tí por el seguimiento, Pedro! Nos leemos... o nos vemos en la carretera, que ya toca!

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  3. Una chulada, gracias por compartir compa :)

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    1. Gracias por el halago, saludos y buena ruta!

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  4. Tiempo hacía que no me movía por estos mundos blogueros, y veo, con agrado, que sigues como estabas: Genial.
    Estos paseos por un pasado no muy lejano son la leche. ;-)
    Un diez, como siempre.
    Saludos.
    Gelu.

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    1. Re-bienvenido a los blogs, Gelu! Son la "cultura del pueblo", yo no paro de descubrir y aprender de lo mucho que sabe la gente "anónima"... Gracias como siempre por el halago, saludos y buena ruta!

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  5. Bonita ruta, que con las indicaciones de tu post espero poder hacer algún día.
    ¡Que encanto tienen estos lugares!!
    Antiguas estaciones, puentes de hierro, viviendas... cuando uno se acerca a ellos se puede imaginar la vidilla que tuvieron en sus buenos tiempos.
    Saludos y gracias por compartir


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    1. Muchas gracias!! Has definido de manera muy precisa lo que me mueve a husmear en esos sitios... Saludos y buena ruta!

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  6. Pues Bendita "neura" la tuya Manel, por traernos estas interesantísimas partes de nuestra historia y acercarnos a un aficionado a los trenes como soy yo, y como debería serlo cualquiera que haya sido niño alguna vez.
    Un abrazo

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    1. Muchas gracias, Santi! Me ha gustado tu coletilla, creo que a todos los niños les gustan los trenes ;-)

      ¿Ponemos en la carpeta de "pendientes" una ruta ferroviaria?

      Abrazos de vuelta!

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  7. Esto lo tengo un poco mas a mano, anoto.
    Saludos.

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    1. Apunta apunta, pongo la mano en el fuego que no te va a defraudar...

      Gracias, una semana más, por tu seguimiento, saludos y buena ruta!

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  8. Que buen motero eres Manel.

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  9. I had the pleasure to take the train from Porto to Valladolid in 1983 when I was eighteen years old. I had no idea that I would be one of the last international travellers on the line, and it was the most beautiful journey. I arrived at about 16:00, and asked what time the next train to Spain was. The reply was, "Quatorze e meia, amanhã". This, perhaps, was the problem with this line - there was no international connection from Portugal to Spain unless one wanted to wait nearly 24 hours.

    I spent a night sleeping in somebody's car, and made my way back to Barca D'Alva the next day.

    Once in Spain, travelling across the plain seemed to take forever.

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    1. Hello and thanks for your contribution: there is no doubt that for those who love the railway, it is a privilege to read about your experience ... a good trip!

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