lunes, 7 de julio de 2014

"Caracremada", el último maqui

Todos tenemos tendencia a crear mitos, personas que dicen o hacen alguna cosa excepcional, y que los  inevitables boca-oreja modelan y redimensionan hasta convertir a la persona en el icono deseado. Esta distorsión de la realidad obedece a una voluntad de crear personajes que sean un referente por su valentía, bravura... o mezquindad y cobardía, un traje a medida del grupo ideológico.


Esto es perfectamente aplicable al hombre que protagoniza esta crónica… ¿Guerrillero o bandolero? ¿Un combatiente o un vulgar delincuente? La cuestión es que Ramón Vila Capdevila, alias “Caracremada”, vivió una vida al límite, coherente con sus convicciones.


¿Qué son los “maquis”?


Al iniciarse la Guerra Civil, muchos simpatizantes o militantes de la izquierda tuvieron que huir de sus hogares. Algunos de ellos se organizaron en milicias que, desde las zonas más despobladas del país, combatían a las fuerzas armadas de Franco. Se articulaban alrededor de organizaciones generalmente anarquistas, al márgen de la jerarquía militar de la República.


Tras la Guerra Civil, muchos de estos combatientes se trasladaron a Francia para hacer frente al fascio. Finalizada la contienda mundial, algunos de ellos volvieron a España para seguir combatiendo la dictadura. La escasez de medios y el entorno rural condicionaba que las acciones guerrilleras fueran generalmente sabotajes a infraestructuras y asesinatos ocasionales contra las fuerzas armadas que se desplegaban en su búsqueda.


El período de mayor actividad maqui fue durante la década de los 40. El régimen de Franco silenció las actividades de estos grupos, que por otra parte tenían poca repercusión social a causa de moverse fundamentalmente en el ámbito rural. Cuando alguna acción llegaba a los periódicos por su relevancia, se les mencionaba como “bandoleros”, para despojarles de carga ideológica.


El año 1.951 marcó un punto de inflexión en la guerrilla maqui. Las organizaciones anarquistas en el exilio, asfixiadas económicamente, con múltiples bajas entre sus guerrilleros, y lo más importante, sin ningún apoyo político internacional, decidieron dar por zanjada la guerra de guerrillas, interrumpiendo definitivamente el apoyo logístico y económico.


La mayoría de guerrilleros se retiraron al exilio para rehacer sus vidas en paz. Pero un pequeño puñado de irreducibles continuaron la guerra por su cuenta, de manera autónoma y prácticamente en solitario…


Resulta difícil seguir la vida de un guerrillero, a causa de su clandestinidad, pero aún así el catedrático de historia Josep Clara ha conseguido recopilar, de manera documentada y rigurosa, la trayectoria vital de Ramón Vila Capdevila, “Caracremada”. El resultado lo puedes leer en el libro “Ramon Vila, Caracremada. El darrer maqui català” (Rafael Dalmau editor), que ha sido básico para inspirar esta crónica, y del que te aconsejo vivamente su lectura si te interesa el tema.


Infancia de Ramón Vila


Ramón Vila Capdevila nació el 1 de abril de 1.908 en el seno de una familia de masoveros de Peguera (comarca del Berguedà, Barcelona). El pueblo está hoy en día abandonado, en un espectacular valle al pie de la serra d´Ensija. Hace unos años, un jeque árabe compró todo el pueblo con la intención de construír un “resort” turístico, que por suerte no se ha llevado a cabo… todavía.

Como curiosidad, añadir que Peguera es el único pueblo deshabitado de Cataluña que todavía celebra su "Festa Major".

Acceso a Peguera

Peguera



Peguera, en una foto de archivo. El pueblo entró en decadencia junto al cierre de las minas de carbón de la zona. Este hecho, unido a la carencia de suministros básicos, motivó su abandono. El último matrimonio se marchó en 1.967.

Los padres de Ramón eran analfabetos, y la escuela más próxima estaba a varios kilómetros a pie, pero aún así proporcionaron a él y sus dos hermanas una rudimentaria escolarización.


La infancia de Ramón se vio condicionada por dos terribles sucesos, el primero de ellos cuando aún no había llegado a la adolescencia: un incendio en la masía familiar provocó la muerte de su hermana pequeña, y a él le provocaron graves quemaduras en la cara y en las manos, que más adelante le valieron su conocido apodo.


La familia se vio obligada a cambiar de domicilio, trasladándose al “mas La Corba”, de Castellar del Riu. La vivienda se encontraba a dos horas a pie de Peguera, completamente aislada.

La noche del 14 de mayo de 1.922, una fuerte tormenta liberó un rayo que impactó en la masia, matando a la madre de Ramón, Carme Capdevila.

Hoy, la masía son sólo unas ruinas, cascotes que todavía tienen adherido el hollín negro del fatal incendio.



Nuevamente cambiaron de domicilio. Ramón se fue a vivir con su padre a Cercs.

Caminos entre Peguera y Cercs

Juventud y militancia


Ramón Vila empezó a trabajar en la central térmica de Cercs, y posteriormente en las minas de carbón del alto Llobregat, donde el movimiento anarquista estaba fuertemente arraigado. Ramón demostró desde bien joven su adhesión a los ideales ácratas, declarándose anticlerical y afiliándose a la CNT.


Central térmica de Cercs
En 1.932, el país vivía bajo una fuerte convulsión social, que se hacía notar especialmente en los grandes centros de producción industrial. Los mineros del Alto Llobregat se rebelaron contra las miserables condiciones laborales que padecían. Ramón Vila, junto a otros anarquistas, se organizaron para desarmar a los somatenes locales, sin que hubiera constancia de derramamiento de sangre. Pretendían instaurar en la comarca un “nuevo sistema”, abrazando los principios del comunismo libertario. El presidente Manuel Azaña envió una columna militar y sofocó la rebelión. Ramón Vila fue apresado y condenado a 3 años de prisión.


En el argot combativo, Ramón era conocido como “Senglar” o “pasos largos”. Lo de “Caracremada” vino después, cortesía de la Guardia Civil.


Una vez libre, y siempre sin abandonar su ideario anarquista, Ramón se trasladó a tierras valencianas, donde participó en diversos atracos a establecimientos. En abril de 1.936, después del asalto a una farmacia de Castellón, fue sorprendido por la policía. Tras un tiroteo en el que murió un agente, fue detenido y de nuevo encarcelado.


La Guerra Civil

Con el inicio de la Guerra Civil, todos los presos por delitos “sociales” fueron liberados con el pretexto de que habían delinquido “contra su voluntad, oprimidos por la burguesía republicana”. Ramón Vila se incorporó a la “columna de hierro”, conocida milicia anarquista caracterizada por su efectividad en sabotajes, destrucción de archivos y la localización y neutralización de personas “subversivas”.




Cuando las columnas anarquistas fueron obligadas a incorporarse al Ejército Popular de la República, Ramón Vila volvió a casa, al Berguedà, enrolándose en una milicia anarquista formada por sus antiguos compañeros mineros.


Finalizada la guerra, se marchó al exilio. Nadie en su familia volvió a verle hasta veinticuatro años después, cuando su hermana tuvo que identificar su cadáver.


El exilio


Una vez en Francia, fue trasladado al campo de internamiento de Argelès. Logró escapar un año después, enrolándose en las milicias de la CNT. Ejerció de “pasador”, guía que introducía clandestinamente refugiados a través de los pasos del Pirineo.

En 1.942, fue detenido por la Gendarmería a causa de su actividad clandestina, y lo encerraron en la prisión de Perpignan. Gracias a su condición de minero, le conmutaron la cárcel por trabajos forzados, construyendo defensas antiaéreas nazis en la línea de los Pirineos. En 1.944, tuvo conocimiento que la GESTAPO preparaba su detención (y más que probable “desaparición”), a causa de sus antecedentes anarquistas. Nuevamente escapó del campo de trabajo, y se enroló en la resistencia partisana, donde fueron muy bien recibidos sus conocimientos en explosivos, además de su audacia a la hora de perpetrar acciones. Se le conocía como el “Capitán Raymond”.


El 7 de junio de 1.944, la columna partisana en la que se estaba integrado Ramón atentó cerca de Oradour-sur-Glane contra una unidad de la SS que se dirigía a reforzar el frente de Normandía. Se desconoce en qué consistió el atentado, si el asesinato de un oficial SS al que le arrojaron una granada de mano en el coche, o bien el sabotaje a un tren en el que iba la mencionada unidad nazi. Fuera como fuese, al cabo de pocos días la SS arrasó y aniquiló el pueblo entero, en una de las acciones más sádicas que se conocen de la II Guerra Mundial.


Regreso a España. Vida maqui

Finalizada la contienda mundial, Ramón Vila volvió a España, centrándose en las acciones de sabotaje a torres eléctricas de las comarcas del Bages, Berguedà y Solsonés, que se conocía como la palma de su mano. Sus “compañeros de armas” eran un puñado de guerrilleros que tampoco habían  abandonado la lucha, los maquis, que rápidamente pasaron a ser objetivo prioritario de la Guardia Civil y otros cuerpos armados de la dictadura; cualquier método era aceptado para su “desarticulación”, como deja bien claro el director general de la Benemérita en la circular enviada a todos los puestos el 26 de agosto de 1.941:


“La presencia en los campos de algunas partidas de huidos dedicados al bandolerismo, obliga a adoptar medidas de carácter excepcional (…) para conseguir en el menor tiempo posible su total desaparición. Para lograrlo han de emplearse cuantos medios estén a nuestro alcance y sean precisos. El actual estado de las cosas ha de desaparecer en un corto plazo, por lo que no hemos de reparar en los medios para conseguirlo por enérgicos y duros que ellos sean. A los enemigos en el campo hay que hacerles la guerra sin cuartel hasta lograr su exterminio, y como la actuación de ellos es facilitada por sus cómplices, encubridores y confidentes, con ellos hay que seguir idéntico sistema con las modificaciones que las circunstancias impongan”.


La reputación de Caracremada era bien conocida entre las gentes de la comarca. A menudo visitaba masías para proveerse de alimentos básicos; los masoveros generalmente accedían, bien por simpatía con la causa, o bien por miedo. En todo caso, hay constancia que Ramón Vila intentaba pagar los artículos que se llevaba, y no utilizaba la violencia más que en casos de fuerza mayor. Varios de estos masoveros fueron asesinados por delatores, aunque se desconoce si Ramón Vila formó parte de alguno de estos pelotones de ejecución. En todo caso, otros masoveros también acabaron muertos a manos de la Guardia Civil, precisamente por colaborar con los rebeldes. Tal es el caso del matrimonio formado por Domingo Rovira y Ramona Bessa, los masoveros de "La Creu del Perelló" de Castellnou de Bages, asesinados en 1.945 por colaborar con la guerrilla maqui. Dieciocho años después, los restos que aún quedan en pie de "la Creu" serán testigos de los hechos que pondrán punto y final a esta crónica.
Mas "La Creu del Perelló"



El 24 de febrero de 1.949, Ramón Vila y otro guerrillero bajaron al mas “Cal Miquel”, de Santa Maria de Merlès, para conseguir alimentos. Fueron interceptados por tres números de la Guardia Civil; al acercarse a identificarlos sacaron las armas, y se produjo un tiroteo del que Caracremada pudo escapar, aunque con diversas heridas de gravedad, una de ellas en el rostro, que le dejó la cicatriz que se ve en alguna foto de la época.


Recuperado de sus heridas, prosiguió con su actividad. Utilizó una masia de Rocafort (Bages) para acumular una importante cantidad de explosivos con los que dinamitó diversas torres eléctricas de la zona, y la vía férrea Manresa-Barcelona, provocando graves daños materiales.


Septiembre de 1.949. Ramón Vila se desplaza a Francia, debe pasar a un grupo de ocho guerrilleros que quieren llegar de incógnito hasta Barcelona. Cerca de Matadepera, uno de los expedicionarios se acercó al pueblo para comprar víveres; su presencia forastera fue rápidamente detectada por los vecinos del pueblo, alguien delató su presencia a la Guardia Civil. Tras ser detenido y “hábilmente interrogado”, confesó quiénes eran sus compañeros, y dónde pensaban hacer la próxima parada, la masía “La Mussarra” de Monistrol de Calders.


Ajenos a todo este episodio, Ramón Vila y los suyos se marchan dando por supuesto que el expedicionario que falta se habrá perdido en los bosques, y no hay tiempo para buscarlo. Al entrar en “La Mussarra”, la Guardia Civil ya les estaba esperando. Se produjo un tiroteo, Ramón Vila huyó milagrosamente después de saltar por un precipio. Tres guerrilleros fueron apresados; dos fueron fusilados cinco meses después, y el otro cumplió 20 años de cárcel. El guerrillero detenido en Matadepera fue muerto a balazos mientras estaba bajo custodia de la Guardia Civil: oficialmente se escribió que “intentó escapar y arrebatarle el arma a uno de los guardias”.


Guerra en solitario


En 1.951, la CNT comunicó que dejaba de alentar y coordinar la lucha clandestina de los maquis: diezmados, arruinados y sin perspectivas de triunfar con la acción directa, se centraron en la lucha política. Un año después, la Guardia Civil dejó de perseguir activa y globalmente la acción guerrillera. Pese a ser imposible recopilar las víctimas de esta “guerra encubierta”, se contabilizan oficiosamente las bajas de 2.173 guerrilleros, 257 guardias civiles, 27 miembros del ejército y 23 policías.


Ramón Vila, ya plenamente conocido como “Caracremada”, siguió perpetrando sabotajes prácticamente en solitario, viviendo en las montañas y teniendo contacto mínimo con otras personas. Pasaba el invierno en el sur de Francia, y los meses de verano entraba en Cataluña para efectuar sabotajes, principalmente en torres eléctricas. Curiosamente, la Guardia Civil tardó bastantes años en identificarlo por su nombre completo, y debían conformarse con perseguirlo utilizando su alias.


Actuar en solitario no quería decir que fuera el único: otros maquis también se ganaron su reputación, como Quico Sabaté o Marcel.lí Massana. Todos ellos murieron o abandonaron la lucha progresivamente... Todos menos Caracremada.


El último sabotaje


El 2 de agosto de 1.963, Ramón Vila echó abajo las tres torres eléctricas más próximas a la masia “El Prim”, cerca de Rajadell. Presentada en el lugar la Guardia Civil, no les quedó la menor duda de que “Caracremada” estaba detrás de la acción. Inmediatamente prepararon emboscadas en diversos caminos de escape.


Entre Castellnou de Bages y la masía de "la Creu del Perelló" encontramos diversos caminos, y la atalaya privilegiada de la "Torre del Moro", del siglo XI:
Desde aquí podemos contemplar buena parte del Bages y del bajo Berguedà, la zona más habitual en la que se movía "Caracremada":




En los muros de la Torre del Moro, una pintura de "Caracremada":


En la madrugada del 7 de agosto, tres guardias civiles apostados junto a una masía en ruinas de Castellnou de Bages -"La Creu del Perelló"-, abatieron a Ramón Vila. Se dice que dispararon primero y preguntaron después, aunque lo que allí pasó, allí se queda. 

La siguiente foto muestra, en primer término y a la izquierda del camino, las piedras que sirvieron de parapeto a los guardias civiles emboscados. A la derecha, la masia de "La Creu":

Foto de la izquierda, lugar donde cayó Caracremada herido de muerte. En la foto de la derecha se observa el cadáver de Caracremada:







Ramón Vila fue trasladado al cementerio de Castellnou de Bages, donde se le efectuó la autopsia. Inmediatamente después, se envolvió el cuerpo con un plástico, se le ataron las botas al cuello, y fue enterrado sin caja, lápida ni inscripción en la parte exterior del cementerio. El capellán de la parroquia de Castellnou ni tan siquiera apuntó el óbito en el registro de defunciones.


Fue el último maqui activo de Cataluña.


Unos años después, aprovechando la remodelación del cementerio, sus restos fueron exhumados y depositados en una osera común, ya dentro del recinto fúnebre.


El 16 de marzo de 2.001, el congreso de los Diputados aprobó una moción que proclama que los guerrilleros “maquis” luchaban por razones políticas, y que en ningún caso procede darle el trato de “bandoleros”.

Saludos y buena ruta!

5 comentarios:

  1. De siempre los maquis "perfumaban" la historia pasada en la zona donde nos moviamos, tanto que en un principio pensaba que era un endemismo, nada mas lejos de la realidad por supuesto. Desde Cistierna a Villablino y en concreto La Vecilla que me toca mas cerca es posible encontrar historia viva y restos por los montes. No se si te conté que conocí la tumba de un tio-abuelo enterrado fuera del campo santo y no hace tantos años. Seguimos leyendo.
    Saludos.

    Un mapa

    http://lugaresconhistoria.com/wp-content/uploads/2014/03/mapa_espa%C3%B1a_maquis.jpg

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    1. Cristalines, te animo a seguir tirando del hilo, y desenterrar esas historias guerrilleras de tu tierra... No conozco la historia de tu tio-abuelo, pero si nos pudiera hablar, seguro que sentiríamos de todo menos indiferencia.
      Saludos y buena ruta!

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  2. ...seguimos haciendo historia, cada día, cada instante, pero, por fortuna, y gracias a gente como tú, encontramos pequeñas formas de no olvidar nuestro pasado... Tremenda crónica, Manel!!!

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    1. Gracias, Quique! Tenía la sospecha de que te tocaría la fibra jejeje... Un abrazo y hasta pronto!

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  3. informacionexpres@gmail.com24 de julio de 2014, 1:39

    hola estoi muy interesada en ir a ver la cueva de massana de guardiola de berguera no he encintrado ruta alguna , de todas formas si alguien a ido y me puede explicar un poco se lo agradeceria muchas gracias

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