lunes, 18 de agosto de 2014

El "tren dels llacs": un viaje a ritmo "ye-yé"

Cada tren tiene su historia, que a la vez forma parte de la historia de un país. La línea Lleida-La Pobla de Segur fue parte de un ambicioso (y extraño) proyecto que murió antes de nacer...

En 1.926, alguien puso sobre la mesa un plan que, no por rocambolesco, dejaba de tener sus creyentes: crear un gran corredor ferroviario internacional que comunicara la provincia de Jaén con Albacete, Teruel, Lleida, y de ahí a Saint-Girons, en Francia. Prácticamente toda la línea debía construirse partiendo de cero, exceptuando un pequeño tramo que ya funcionaba desde 1.924: el ferrocarril que unía Lleida con Balaguer.

Los vaivenes políticos y, sobre todo, la Guerra Civil, imposibilitaron la ejecución de las obras, aunque algunos tramos ya estaban explanados, e incluso algunas estaciones ya habían sido edificadas. Finalizada la guerra civil, se acometió la compleja obra de ampliar el ferrocarril desde Balaguer hasta La Pobla de Segur. En 1.951 empezaron a circular los primeros trenes, en un trayecto que supuso un reto para la ingeniería, necesitando construír 41 túneles y 31 puentes para salvar las sierras prepirenaicas.

No se llegó a poner en marcha ningún tramo más de esta línea internacional.

Relegada a uso regional, la línea Lleida-La Pobla fue claramente deficitaria, y de hecho formó parte de la siniestra lista de ferrocarriles condenados a finiquitarse en el nefasto año 1985; sin embargo, el compromiso de la Generalitat de Catalunya para inyectar dinero y equilibrar el déficit permitió la supervivencia del tren. En 2.005, RENFE traspasó a la Generalitat la competencia íntegra de la línea.


Este ferrocarril ha continuado siendo un agujero para las arcas públicas: cada pasajero le supone a la Generalitat un desembolso de casi 50 euros.

En los últimos años, una original iniciativa pretende sacar algo de rentabilidad a una línea que merece una segunda oportunidad... 

Subimos al “tren dels llacs”

Con la llegada de la primavera, un tren turístico hace un recorrido entre Lleida y La Pobla de Segur. Es una fabulosa manera de descubrir los numerosos rincones que te va descubriendo el trayecto: tres embalses, varios congostos y la sierra del Montsec.

Para un interesado en los ferrocarriles como yo, era tan importante el viaje como el propio vehículo: un convoy de vagones de los años 70, tirado por dos locomotoras Diesel de la antigua serie 10800.


Convencí a Isabel para que me acompañara en mi chaladura (me costó poco, la verdad), y un domingo soleado de Abril nos fuimos a Balaguer para subirnos al tren de la nostalgia…


En el andén, el tren anuncia su llegada con un prolongado toque de bocina y el traqueteo del Diesel. Todo el conjunto reluce como nuevo. Las locomotoras expulsan humo negro por las chimeneas, fueron fabricadas a finales de los años 60 en España, bajo licencia de “Babcock & Wilcox”, y que a causa de su peculiar balanceo fueron bautizadas con el sobrenombre de “ye-yés”.





Una vez acomodados en el vagón, el viaje en el tiempo continúa: la madera y el metal tienen protagonismo absoluto...






 En el marco de una ventana, algún enamorado marcó a cuchillo unas iniciales y una fecha: 28 de junio de 1.977, ¿qué habrá sido de esa pareja?

El tren hace sonar la bocina, y se pone en marcha con una sacudida: la locomotora ruge y deja tras de sí una estela de humo negro.




A bordo, unos animadores “solicitan” el billete y realizan tareas de mantenimiento, pidiendo ayuda a los pasajeros si es necesario…


En el primer túnel, el humo diésel queda atrapado y se cuela por las ventanillas abiertas: ya había olvidado esos olores…




Entre túnel y túnel, observamos el trazado de una de las carreteras más espectaculares de Cataluña, la C-13, que también corre paralela a los embalses.






Hora y media más tarde, llegamos a nuestro destino, La Pobla de Segur.











Tras un rato de turismo ocioso y reponer energía en una buena mesa, volvimos al tren para bajar a Balaguer: el bullicio de la ida ya ha pasado, los animadores no han vuelto a subir, y la megafonía ya no anuncia los lugares de interés en cuatro idiomas, las “ye-yés” aceleran la marcha, y ganan un cuarto de hora respecto al horario de la ida. El viaje en el tiempo ha acabado, ahora toca buscar otros estímulos para la nostalgia, y así olvidarnos de que nos vamos haciendo mayores...


Saludos y buena ruta!

2 comentarios:

  1. Lo pasaste como un enano... buena crónica, muy amena y sugerente, al final consigues que nos gusten los trenes.
    Un saludo,

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    1. Jajaja, el plan está funcionando :-D
      Nos vemos pronto, socio!

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