lunes, 1 de septiembre de 2014

Fago, historia incompleta

Prólogo: bebiendo horchata en un pueblo anónimo


Tras un rato dando vueltas, por fin encontré el bar que buscaba: en un pueblo tan pequeño, era cuestión de minutos darse de bruces con él. Hay unas mesas fuera, la temperatura es perfecta para tomar algo al fresco, pero yo me siento en una de las mesas que hay dentro. Soy el único parroquiano bajo techo.


La luz es tenue, contrasta con la claridad exterior, lo que me ayuda a pasar desapercibido... También disimula mi mirada, que se desvía insistentemente hacia el personal del local: una camarera, una cocinera y el camarero que atiende las mesas de fuera.


Pero falta ella. No la veo por ninguna parte. Me consta que, hasta hace dos años, trabajaba aquí. No sé si hoy tiene el día libre, o sencillamente se ha marchado a ganarse el jornal en otro sitio.


La camarera llama mi atención desde detrás de la barra: “-¿Qué te pongo?”, “-Una horchata”, le respondo yo: es curioso lo que me pasa con la horchata en verano: o no la pruebo, o me la bebo a litros… La camarera le pasa el encargo a la cocinera, que entre bambalinas y con cierto secretismo me prepara el trago en un vaso largo: “Nos sale buenísima, ya me dirás”, me comenta la camarera para rellenar el silencio que genera la espera.


Finalmente, aparece la horchata. Está medio granizada en hielo picado. Su sabor es de aprobado raspado, pero aún así, tras el primer trago miro hacia la camarera, mientras le asiento y levanto el vaso a modo de aprobación. Ella me devuelve la sonrisa: “-¿Qué te dije?”


En cierto modo, es casi un alivio que ella no esté aquí, a fin de cuentas, ¿qué iba a decirle? ¡Si no me conoce de nada! Aún así, no hay duda de que se caería de culo si ella supiera lo que yo sé: mañosa, está arreglando poco a poco la casa donde vive. Le encanta la naturaleza, las causas humanitarias y su gato. También ha flirteado con la política: es una idealista nata, al igual que su marido, ese con quien "técnicamente" está casada...


Aclaro que no he hecho nada ilegal para seguir su rastro; eso sí, ha sido necesario afinar mucho la antena y apuntar hacia el lugar preciso, ya que ella vive en el anonimato y no va explicando su historia por ahí... 

En mi cabeza, retumba por enésima vez la pregunta envenenada: “¿Por qué estoy haciendo esto?”


Me gusta que me hagas esa pregunta, ja, ja… Tal vez tengo la necesidad física de corroborar que ésta es una historia de personas normales que caminan, sienten, visten y piensan como cualquiera de nosotros.


Yo no tengo respuesta a lo que pasó aquella noche de diciembre de 2.007 en la carretera de Fago a Majones, sólo sé que un tribunal declaró a Santiago Mainar culpable del asesinato del alcalde de Fago, Miguel Grima.
Santiago Mainar delante de su casa de Fago
Miguel Grima
Perfil del criminal convicto: guarda forestal, ingeniero, sin antecedentes, regenta una hospedería rural, proviene de un entorno estructurado, y además muestra un comportamiento en el que la ética y la moral es piedra angular en su vida… Un momento, ¿qué demonios ha pasado aquí?


Reconstrucción de los hechos


12 de Enero de 2.007. Miguel Grima, alcalde de Fago, acude a Jaca para celebrar una reunión con otros alcaldes; finaliza sobre las nueve de la noche, momento en que sube a su coche (un Mercedes-Benz 190), y se pone de camino hacia su domicilio... Hay dos maneras de llegar a Fago, Grima escoge la carretera de Majones.

A la misma hora, pero varios kilómetros más adelante, otro vecino de Fago circula por la mencionada carretera. Pasado el pueblo de Majones, se ve obligado a parar su vehículo porque hay unas piedras que obstaculizan el paso; se apea, las retira, y continúa su camino.
Lugar de la emboscada (Googlemaps)

Minutos después, Miguel Grima llega al mismo lugar. Las piedras habían sido colocadas de nuevo en medio de la carretera. El alcalde baja del vehículo, momento en el que alguien aparece a su espalda, y le descerraja un tiro de escopeta. Herido en el corazón, la muerte es prácticamente instantánea.


En ese momento, aparece otro vehículo. El, -o los- asesinos suben al Mercedes de Miguel Grima, lo ponen en marcha, y maniobran en la estrecha carretera para cambiar de sentido, orientándolo de nuevo en sentido Majones. Están utilizando el vehículo como mampara para ocultar el cadáver que yace inerte en la carretera. Activan las luces largas.


El coche que sube pertenece a una familia vasca que tiene una segunda residencia en Fago. Hace años que frecuentan el pueblo, y conocen a la mayoría de vecinos, incluído el coche del alcalde. Paran a su altura, creyendo que tiene algún problema mecánico; un hombre sale al encuentro de los recién llegados, es alto, y no distinguen sus facciones porque, aparte de ser negra noche, lleva una luz frontal en la frente que les deslumbra: “¿Tienen algún problema?”, preguntan, “no pasa nada, continúen la marcha”, les responde alguien con voz rasposa.


Pronto sabrán que se acaban de convertir en los únicos testigos presenciales de un crimen.

El matrimonio vasco reanuda la marcha. El asesino, de nuevo solo, arrastra el cuerpo inerte hasta la cuneta, y lo deja caer por el terraplén. El cuerpo rueda unos cuatro metros, hasta quedar en su definitiva posición final. Durante la caída ha perdido un zapato.


Pasan las horas, y la esposa de Miguel Grima se inquieta por la ausencia de su marido. Pone en alerta a diversos familiares, amigos y a la Guardia Civil.


Entrada la mañana, dos voluntarios que rastreaban la carretera (Alfredo Terrén, presidente de la comarca de la Jacetania, y Luis Gutiérrez, alcalde de Hecho) encuentran el cuerpo de Miguel Grima. Lo reconocen sin ninguna duda: llevaba la misma ropa de la víspera anterior, cuando habían coincidido en la reunión de alcaldes.
Alfredo Terrén y Luis Gutiérrez, volviendo pocos días después al lugar del hallazgo

Bomba informativa


Los mass-media afilan sus colmillos: “ALCALDE ASESINADO”, resaltan a columna completa. Se trata del quinto edil asesinado en democracia, y el primero que no es por culpa de ETA.


Al día siguiente, los habitantes de Fago se vieron invadidos por furgonetas con antenas parabólicas en el techo, de las que bajaban decenas de periodistas a la caza del testimonio humano.



Con el paso de las horas, la bola de nieve se hacía grande por momentos: los pocos autóctonos que se atreven a hablar tienen una opinión común: “Esto del alcalde se veía venir”. Al parecer, Miguel Grima gobernaba en el pueblo de una manera muy personalista, favoreciendo a sus votantes y poniendo todo tipo de trabas a los “desafectos”: hay que tener en cuenta que, en municipios pequeños como éste, las mociones que se presentan en los plenos se aprueban o rechazan por votación popular, de ahí la importancia de tener a la gente de tu lado.



Se empieza a teorizar con un moderno “Fuenteovejuna”, un complot en el que la mitad del pueblo ha decidido tomarse la justicia por su mano: todos son sospechosos. La investigación corre a cargo de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, grupo altamente especializado que envió a ocho agentes desde Madrid. Examinan todas las licencias de armas largas del pueblo e interrogan a sus propietarios.



Durante sus ocho años al frente de la alcaldía, Miguel Grima afrontó hasta 23 denuncias judiciales, como denunciante y denunciado, centradas sobre todo en irregularidades a la hora de tramitar empadronamientos, conflictos con el tránsito del ganado, y altercados en forma de amenazas o agresiones. También tuvo una agria disputa política con el vecino ayuntamiento de Ansó por cuestiones presupuestarias.


Los fagotanos son reacios a ponerse ante los micrófonos, pero hay alguien que no duda en alzar la voz denunciando los abusos del alcalde caído: Santiago Mainar, guarda forestal, ganadero y propietario de una pequeña casa rural.


Además, se da la circunstancia de que Mainar fue candidato por el PSOE en las últimas elecciones municipales: “No lo hice por ideología, fue para que la gente tuviera una alternativa”, dijo en alguna ocasión. Perdió las elecciones ante Grima. De hecho, ni él mismo se votó a sí mismo.


Miguel Grima y Santiago Mainar fueron buenos amigos en el pasado, hasta el punto de que Mainar animó y ayudó a Grima para trasladar su residencia a Fago, en 1.992.


Confesión


Un dia después, unos cazadores encuentran el coche de Miguel Grima en el camino de la ermita de Santa Lucía, a doce kilómetros del lugar del crimen. Es retirado en grua para buscar evidencias orgánicas en su interior.

Las pesquisas en el coche del alcalde son complejas: antes de ser abandonado, el autor o autores habían limpiado a conciencia el interior, borrando todas las huellas dactilares: no se encontraron ni siquiera las de su conductor habitual. Días después, los investigadores de la Guardia Civil presentan sus resultados: en diversas partes del vehículo han sido hallados restos orgánicos en forma de minúsculas escamas de piel, cuyo ADN es coincidente con el de Santiago Mainar. Es inmediatamente detenido, acusado del asesinato.
Fragmento de la confesión de Santiago Mainar, escrita a mano alzada por un Guardia Civil, en su casa de Fago.

Mainar firma una larga confesión en la que asume la culpabilidad por el crimen, e ingresa en prisión preventiva. Nadie en su entorno entiende nada, el modus operandi se les antoja incompatible con su personalidad: quien le conoce, coincide en que Santiago Mainar es franco, pero pasional, incapaz de planificar a sangre fría un asesinato.


Dias después, y de manera sorprendente, cambia radicalmente de opinión: “Yo no fui, me autoinculpé para que dejaran en paz al pueblo”, posición que ya no ha abandonado desde entonces hasta hoy.


La familia de Santiago Mainar decide cambiar de abogado: contratan al controvertido Marcos García Montes, uno de los letrados más “mediáticos” del país; ha sido defensor, entre otros, de José Maria Ruiz Mateos, el profesor Neira, la madre de Rocío Wanninkhof o Rafi Escobedo. García Montes parece estar siempre en el ojo del huracán. Recientemente, se ha visto involucrado en turbios asuntos relacionados con el blanqueo de capitales.
Marcos García Montes, frente a la Audiencia de Huesca
El juicio

Santiago Mainar tuvo que esperar dos años hasta la celebración del juicio. Permanecía preso en la prisión de Zuera, donde atendía las visitas familiares, especialmente de su hermana Marisa –firme defensora de su inocencia-, y una amiga de juventud con la que había reemprendido una amistad que, carta a carta, fue a más. 

Las conversaciones con Mainar son desesperadamente monotemáticas: se considera un “mártir” al servicio del pueblo, en una sociedad que está perdiendo todos los valores. Sostiene que “dio la cara” por una causa justa, y queda perplejo al comprobar que la gente no entiende que lleve su altruismo hasta las últimas consecuencias.
 
Marisa Mainar
En diciembre de 2.009, se inicia el juicio en la Audiencia de Huesca.



Se consideraron hechos probados que, la noche del asesinato, Santiago Mainar fue al tramo de carretera reseñado, y puso unos obstáculos con la intención de que el coche conducido por Miguel Grima tuviera que detener su marcha. Cuando el alcalde bajó del vehículo, Santiago Mainar le acometió por la espalda y, escopeta en mano, le disparó una vez a la altura del plexo solar, muriendo casi de inmediato por hemorragia masiva. Instantes después, observó que otro coche subía por la carretera, subió al coche del alcalde, y maniobró para que el vehículo sirviera de “pantalla” al cadáver. Una vez el otro coche continuó la marcha, Mainar arrastró al cadáver hasta el terraplén, y lo dejó caer hasta quedar semioculto, cuatro metros por debajo de la carretera. Subió al vehículo del alcalde, y se alejó doce kilómetros más, dejándolo escondio bajo unos árboles, en el camino de la ermita de Santa Lucía.


Se reconoció el trastorno paranoide de Santiago Mainar, que en modo alguno le impedía ser dueño de sus actos, manteniendo su capacidad de discernir el bien del mal.


El veredicto es demoledor: culpable de asesinato y tenencia ilícita de armas, es condenado a cumplir veinte años y nueve meses de prisión, 105.000 euros de indemnización para la viuda de Miguel Grima, y diez años sin poder pisar Fago una vez cumplida la condena.


Claves y dudas de una condena incompleta


La condena de Santiago Mainar se asienta en dos pilares fundamentales: los restos orgánicos hallados en el coche de Miguel Grima (volante, freno de mano, cambio de marchas), y la propia declaración autoinculpatoria. También se hallaron restos de pólvora en sus manos, en un análisis forense al que se sometió voluntariamente en las horas posteriores al crimen, antes de ser acusado.


En relación a los restos orgánicos hallados en el vehículo de la víctima, Mainar se defendió diciendo que “aquel mismo día había tenido que subirse para moverlo, ya que aparcaba obstaculizando los caminos rurales de manera deliberada”. Nadie le vio realizando esa acción, es más, Grima ya había padecido algunos acto vandálicos en sus vehículos, y por lo tanto cuesta imaginar que lo dejara deliberadamente abierto y abandonado a su suerte.

Referente a la declaración autoinculpatoria, Mainar ha repetido diversas ocasiones que noveló su declaración “para que dejaran en paz al pueblo”, aunque el tribunal descartó que nadie pudiera llevar su sentido de la justicia hasta el límite de perder la propia libertad. Además, Mainar se refirió a unos misteriosos “acuerdos tácitos” de culpabilidad en connivencia con la UCO, hechos confusos que indujeron a los jueces a dar credibilidad a la primera versión.


Sobre los restos de pólvora en las manos, Mainar se defendió diciendo que durante aquellos días “dio la mano a varios cazadores”, y que a causa de su trabajo como guarda forestal “recogía cartuchos usados que se encontraba diseminados por el monte”. Aunque el tribunal aceptó que estos hechos eran científicamente posibles, el peso de los otros dos argumentos motivó la condena por la que aún hoy está preso.


La defensa tenía dos testigos claves: el matrimonio vasco que paró mientras el cadáver de Miguel Grima aún estaba tirado en la carretera. El testigo dijo que “casi con toda seguridad, la persona que vi aquella noche no era Santiago Mainar”, ya que manifestó que era más alto que él, y la voz era definitivamente diferente, mucho más grave. La sentencia decidió no tener en cuenta este testimonio como prueba vinculante, ya que decía que lo de la altura de la persona “era una cuestión subjetiva” que podría ser inexacta a causa de la negrura de la noche, y también por la diferente perspectiva (el testigo estaba sentado en su coche). Tampoco dio crédito a lo de la voz, estimando que Mainar “podría haberla simulado”, o incluso ser efectivamente la suya, pero distorsionada por la gripe que tenía aquella noche.

Además, estos testigos incurrieron en algunas contradicciones en su declaración que relativizaron en cierta manera su credibilidad, pese a la importancia de su testimonio: cruzar unas palabras con el autor del crimen, en el lugar de los hechos.


Otros detalles dejan sombras en la resolución judicial: el arma del crimen, la escopeta, nunca ha sido hallada. Santiago Mainar no tenía ninguna escopeta con esas características. Manifestó que “se la encontró, dos años atrás, abandonada en el monte”, que la guardó en una bolsa de plástico y la dejó en el mismo sitio. Dos años después, y atendiendo a “un arrebato”, volvió al lugar, la recuperó, y la utilizó para el crimen.


Mainar señaló el lugar concreto en el que encontró la escopeta (un lugar apoyado en el mismo suelo, sin ningún tipo de protección frente a las inclemencias), pero la exploración de la Guardia Civil no encontró ninguna evidencia de que allí hubiera habido nada depositado. Por otra parte, resulta difícil de creer que una escopeta se deje abandonada en el monte, tan sólo protegida por una bolsa de plástico, y que dos años después pueda efectuar su macabro cometido con total precisión.

Las circunstancias del crimen son confusas, y difícilmente explicables: Santiago Mainar dijo que le dio "un arrebato", que bajó a pie hasta el lugar de los hechos, y que se sentó a esperar en un punto concreto, como si todo lo hubiera hecho sobre la marcha... La verdad es que, "casualmente", el lugar elegido para la emboscada es sencillamente perfecto, con una visión única que no se tiene en ningún otro punto de esa carretera.

También cuesta creer que una persona sola dejara el resultado de la emboscada en manos del destino, que nadie le avisara sobre qué camino iba a coger el alcalde para volver a casa, o a qué hora, o de qué manera hizo el asesino los desplazamientos hasta el lugar del crimen, y posterior retorno a casa: todas las partes implicadas en la investigación (incluída la propia sentencia judicial) admiten la "probabilidad" de que hubiera, como mínimo, una segunda persona implicada. Sea como sea, esta persona nunca ha sido hallada.


Santiago Mainar dijo que, una vez consumado el crimen, escondió la escopeta en los bajos de un camión extranjero estacionado junto a la gasolinera de Puente la Reina, y se desentendió de su paradero desde entonces. Se emitió una orden internacional de búsqueda por si algún camionero informaba del hallazgo del arma, sin resultado.


Cábalas



-Creo que Santiago Mainar no actuó solo. Como ya he mencionado antes, este crimen es demasiado "perfecto" para darle el mérito a una sola persona. En la confesión de Mainar, éste declaró que todo fue fruto de un arrebato, eligiendo el lugar de la emboscada al azar con una escopeta que "se había encontrado en el monte", y que no ha vuelto a aparecer.


En los días siguientes, los investigadores de la Guardia Civil interrogaron a diversas personas del círculo del alcalde, muchos de ellos abiertamente enemistados con él. Algunos de ellos incurrieron en contradicciones e inexactitudes sobre lo que estaban haciendo la noche del suceso; los investigadores eran conscientes de que estas personas les estaban ocultando algo, pero la única persona a la que pudieron relacionar con una prueba fehaciente fue Santiago Mainar.


-Creo que no se aprovechó el potencial del testigo clave. La noche del crimen, hubo un matrimonio que no sólo pasó por allí, sino que incluso cruzó unas palabras con el asesino, con la cara diluída en la negra noche y deslumbrados por una linterna. La cuestión es que el marido insiste en que "casi con toda seguridad" la persona que habló con él aquella noche NO fue Santiago Mainar. Desgraciadamente, una serie de inexactitudes y contradicciones (probablemente achacables al nerviosismo del momento y la propia presión del entorno) empañaron su credibilidad.


Mainar es un tipo normal al que un día se le cruzaron los cables ante la impotencia de no poder resolver sus problemas por los cauces ordinarios.




Desde entonces, hasta hoy


-Las propiedades de Santiago Mainar fueron subastadas para resarcir económicamente a la viuda de Miguel Grima.


-Una vez celebrado el juicio, Santiago Mainar fue trasladado a la prisión del Dueso, en Cantabria, donde actualmente cumple su pena. Prácticamente no se comunica con nadie.


-El 18 de noviembre de 2.011, Santiago Mainar se casó con su amiga de juventud: aún siendo su contacto prácticamente inexistente, él se lo pidió para que ella pudiera disfrutar de una pensión de viudedad en caso de que él muriese. En la ceremonia, oficiada en el juzgado de una ciudad aragonesa, sólo asistieron cinco personas: la novia, la hermana de Mainar en calidad de apoderada de su hermano, dos familiares y el periodista Carles Porta. Hoy, la esposa de Mainar vive en ese pequeño pueblo en el que yo estuve buscándola, mientras bebía una horchata con sabor a granizado... 


-En mayo de 2.014, Santiago Mainar tuvo un colapso en su celda a causa de una bajada de azúcar. En coma, fue trasladado al hospital, donde pudo recuperarse. Le quedan 17 años de aguante.


Carta de Santiago Mainar


En 2.009, poco antes de la celebración del juicio, una productora que preparaba un reportaje sobre Fago para Aragón TV solicitó una declaración a Santiago Mainar, enviándoles éste una carta que, a día de hoy, es la única que ha visto la luz pública, escrita de su puño y letra:

(…) Yo soy una persona corriente que, eso sí, tuve la gran suerte de recibir de mi familia una sólida base cristiana y todos los medios necesarios para el libre desarrollo de mi personalidad y de mis capacidades. Tengo una mente ilustrada y crítica (…) La dignidad humana es un bien inalienable y un don de la naturaleza humana, por eso mis pensamientos, conciencia y comportamientos se rigen por (...) que no hay más pragma que el respeto, la honradez, la justicia y la compasión.

(…) Cuando un estado se resigna ante ese cáncer democrático llamado “corrupción política”, ese estado ha llegado ante la más extrema de las humillaciones. (…) La corrupción moral permanente, el egoísmo, la mala fe, el uso perverso de su privilegiada posición como autoridad provoca daño emocional y económico.
(…) Esta indignidad política es la que hemos sufrido una serie de ciudadanos (…) a manos de un alcalde indigno que no fue fiel a su juramento y no aceptó deber respeto a la dignidad de quienes se opusieron, con valor cívico, a sus arbitrariedades.
(…) Los años de denuncias a las tiranías del alcalde de Fago fueron interpretadas por la clase política como una ofensa al honor del colectivo. El criterio político durante años fue: “Es de los nuestros, por eso puede hacer lo que le dé la gana”.

(…) Yo defiendo comportamientos éticos. Tienen que ver con la inteligencia creadora, con el lado espiritual humano; por lo tanto, tienen que ver con la confianza, con la Fe en la grandeza del hombre, su proyecto y su contenido: la Dignidad.

(…) Si sus valores son los míos entenderá que me pusiera sin titubear tras una muerte en la que no he participado, porque mi deber como ciudadano libre me obliga a plantarle cara a la maldad, con coraje, con valentía ética. (…) Quien defiende a la dignidad humana de sus poderosos enemigos no defiende una simple causa local, sino a la humanidad entera.





Una noche en Fago


Huesca me acogió durante mi año de servicio militar. Es por eso que me siento nostálgico y agradecido cada vez que vuelvo a esa ciudad.

Vuelvo a frecuentar los sitios habituales, aunque la ciudad ha cambiado mucho en los úlitmos veinticinco años; la estación de tren ya no es la que recuerdo (la han reformado y ahora es un edificio del siglo XXI), y mi antiguo cuartel ha sido demolido. En el solar han construído un parque y unas viviendas sociales. Los arquitectos han respetado los inmensos árboles que en su día flanqueaban la entrada principal del acuartelamiento. Por un momento se superponen dos diapositivas ante mí: lo que ven mis ojos… y lo que recuerdan.


Vuelvo abruptamente al presente al pasar por la Audiencia Provincial, lugar en el que se juzgaron los hechos que me han traído aquí…


Abandono la ciudad. Más allá de Igriés, paro a echar gasolina; también como tempranamente en un restaurante que hay al lado. El calor aprieta fuerte, ante de mí está la silueta de la sierra de Guara y el puerto del Monrepós.


La temperatura se suaviza, y la carretera se vuelve retorcida. Más allá de Jaca, comienzo a solapar el último viaje del alcalde.


 Puente La Reina es uno de los últimos lugares para repostar si vas a los valles de Hecho, Ansó… o Fago. En un lado de la carretera, unos restaurantes ofrecen parada y fonda a los viajeros en tránsito. Aquí es donde Santiago Mainar se deshizo “presuntamente” del arma, escondiéndola en los bajos de un camión con matrícula extranjera.


Continúo carretera adelante. Ante mí está Berdún, su silueta siempre me ha chocado, retrepado en una mínima meseta, y no dejaré pasar la oportunidad de volver a pasar de largo sin retratarlo…


Pocos kilómetros más allá, un desvío a la derecha indica la pista asfaltada que lleva a Vilarreal la Canal, Majones y Fago. En ese  hay una panadería, aunque tienes que estar atento para leer los carteles, no es un sitio donde esperarías encontrar un negocio. Aquí fue donde Miguel Grima paró para comprar dos barras de pan, sobre las nueve y media de la noche.
 
Carretera N-240, a la izquierda, desvío a Fago. El edificio de la derecha es la panadería
La vía tiene nomenclatura (HUV-2022), pero en ningún sitio lo vas a leer: la carretera no tiene ningún tipo de hito o señalización. Comienzo a rodar por la estrecha y maltratada cinta de asfalto; dejo atrás Villarreal de la Canal, un poco más adelante, Majones… Y exactamente 1,1 kilómetros más allá, el lugar de la emboscada.


Detengo la moto, casi no tengo arcén para hacerlo con seguridad; no importa, no pasará absolutamente ningún coche en la media hora que permaneceré aquí…


Por si había alguna duda, hay una estaca en el arcén en la que se apoyan dos inscripciones… La primera de ellas no se anda con rodeos: “AQUÍ FUE VILMENTE ASESINADO MIGUEL GRIMA MASIÀ”, con fecha 12 de enero de 2.007. La segunda inscripción es un poema del cuál sólo diré que mencionan a alguien que fue muy muy bueno, y a otro que es muy muy malo. La tabla finaliza con una frase de Bertold Bretch, referida a la bondad de los que luchan durante toda su vida.



Escruto el escenario con ojo técnico; efectivamente, tal y como constaba en el atestado de la Guardia Civil, es imposible encontrar un lugar mejor para tender una emboscada: hacia el Sur, hay casi un kilómetro para observar el tráfico que viene hacia aquí. Hacia el Norte la visión no es tan lejana, pero aún así hay margen de maniobra por si llega alguna visita inesperada. Majones está fuera de la vista, a más de un kilómetro, y Fago está once kilómetros en dirección contraria.


Unos cincuenta metros antes del lugar de la emboscada, hay un sendero que, saliendo por la derecha, baja abruptamente por la ladera, probablemente fue el lugar en el que Santiago Mainar esperó su momento de entrar en escena.


Continúo camino hacia Fago, la carretera se retuerce y gana altura…



Once kilómetros más allá, entro finalmente en el pueblo. Tengo curiosidad por husmear diversos rincones, pero no quiero precipitarme, a fin de cuentas pasaré la noche allí… Mi primera prioridad es encontrar “Casa Alejos”. Días atrás, cuando buscaba alojamiento, descubrí que no tenía muchas opciones: “casa Tadeguaz", regentada por la viuda de Miguel Grima, la alquila entera.… "casa Antoniales", la que en su día regentó Mainar, todavía se publicita en algunas páginas de internet. 

Pregunto por “Casa Alejos” a la única persona que veo caminando por el pueblo, un hombre de mi edad que se ofrece a acompañarme hasta la puerta (en un pueblo tan pequeño, el paseo duró menos de dos minutos). Ya frente a la casa, me recibe Casilda, la propietaria; es todo atención y simpatía, en ese momento está atendiendo a unos parroquianos congregados alrededor de una mesa que está en el exterior de la casa. Me invitan a unirme a la tertulia, y al poco rato ya estoy ante una taza de café, conversando animadamente con una gente que integra rápidamente al forastero. Por supuesto, no solté ni una palabra sobre lo que me había traído aquí, posiblemente se habría acabado el buen ambiente.


Un buen rato después, descargué el equipaje; Casilda me acompaña hasta mi habitación. La madera del suelo cruje fatigada tras décadas de aguante.


Comparto la casa con una pareja -con la que no me cruzaré en ningún momento-, y con dos hermanos de Hong Kong que conoceré a la hora de la cena.


De nuevo ante la puerta principal, fresco y aligerado de equipaje, Casilda me ofrece guardar la moto en el garaje anexo: “lo tengo todo patas arriba, pero creo que te cabrá”. Acepto encantado la propuesta, pero aún no descabalgaré de Eloise, aprovecharé para rodar por los alrededores.


Ansó









Llegué a casa Alejos poco antes de que la luz del día se extinguiera definitivamente. Casilda me abre el garaje.

Este garaje fue propiedad de Santiago Mainar (su antigua casa linda pared con pared), y Casilda lo compró en la subasta de todos los bienes de Mainar, en 2.012. La mayor parte de las demás propiedades fueron a parar a Celia Estalrich, viuda de Miguel Grima (la sentencia condenatoria obligaba a Santiago Mainar a pagar 105.000 euros a la viuda, de los que en principio sólo pudo satisfacer 7.000 euros en efectivo).

Aprovecho los últimos vestigios del crepúsculo para dar una vuelta por el pueblo… La antigua vivienda de Santiago Mainar está justo enfrente de donde estoy hospedado, tan sólo separada por un estrecho callejón. La vivienda está cerrada a cal y canto, con síntomas de hacer mucho tiempo que no entra nadie.


En la calle principal, casi enfrente del ayuntamiento, estaba “Casa Marieta”, el único bar que tenía el pueblo, ahora cerrado. Sus antiguos propietarios también chocaron con el difunto alcalde a causa de las tasas presuntamente abusivas a las que eran sometidos. Para protestar, colgaron una pancarta en la fachada del negocio, denunciando la situación. Se dice que en este bar corrió el cava dos días después del óbito del alcalde, extremo nunca confirmado y siempre desmentido… Los dueños de “Casa Marieta” ya cambiaron de aires; atrás queda el bar, cerrado a cal y canto, y el fantasma de la antigua pancarta.

Casa Marieta
Se me acaba la luz natural. La cámara apenas puede retratar el ayuntamiento sin la  ayuda del flash. Aquí se incubaron diferencias irreconciliables. Una vez enterrado el alcalde, el hasta entonces tesorero, Enrique Barcos, entró como edil. Poco después se convocaron nuevas elecciones; Barcos abandonó las filas del Partido Popular, y se presentó a la reelección por el PAR. Ganó las elecciones, y así hasta hoy.


De nuevo en "casa Alejos", ceno con los dos hermanos de Hong Kong. El mayor se llama Charly, no desprecia un rato de conversación; su hermano pequeño es más reservado. Casilda me pone una ensalada verde y unas longanizas que me suben espiritualmente al cielo.

Súbitamente, entra al comedor Alejandro. Es un jubilado con casa en Fago, al que conocí cuando llegué, unas horas antes. Tiene confianza con Casilda, de ahí que entrara en el comedor como si fuera su casa. Alejandro me pregunta a bocajarro:

-¿Te gustan los guardias civiles?

-¿Es una pregunta trampa o qué?-le respondo yo, divertido y extrañado a partes iguales.
Al final resultó que los “Guardias Civiles” eran unos pinchos de boquerones y queso seco, con un contraste de sabores de lo más estimulante. Ellos mismos maceraban los ingredientes en su casa: “-El nombre le viene porque siempre los servimos de dos en dos”-me responde Alejandro, divertido.


En un momento dado, apareció sobre la mesa una botella de vino. Intento acercarme a “mi” tema, pero doy tantos rodeos, que no consigo obtener nada relevante… No vale la pena cargarse una buena velada por jugar al periodista audaz. Un buen rato después, se levantó la sesión y nos fuimos todos a dormir.


El sueño es ligero y entrecortado. A las cinco de la mañana estoy dando vueltas en la cama como una peonza. Releo los apuntes que había traído, y pienso por enésima vez en que el crimen de Fago es como una piscina llena de agua sucia, y que hace demasiado rato que estoy buceando en el fondo; necesito emerger y respirar aire fresco.


A las siete de la mañana no puedo más; me visto, me enfundo el jersey polar (¡¡jersey polar!! En julio…), y salgo de la habitación para dar un paseo. El suelo de madera rechina y aúlla, desearía poder bajar levitando para no molestar…


Vuelvo a pasar por delante de la casa Mainar; apoyado en una de sus paredes maestras, miro hacia el final de la calle, la casa de Miguel Grima está a poco más de cincuenta metros.


Un camino agrícola me conduce a las afueras del pueblo, donde están las antiguas fincas agrícolas de Santiago Mainar. Todas ellas, al igual que el resto de sus propiedades, fueron subastadas en 2.012.



Parte de la finca se utiliza para guardar un rebaño de ovejas, pero la otra parte está abandonada a su suerte. El pasto crece silvestre. El techo de un cobertizo se ha venido abajo, atrapando unas balas de paja. Otro cobertizo se mantiene en pie, en su interior se pudre un remolque: su dueño está lejos, en el penal del Dueso, no volverá en mucho tiempo.







Vuelvo sobre mis pasos, ya he visto todo lo que me interesaba, y sólo me queda sentarme en un lugar elevado para ver salir el sol sobre Fago. Es uno de los municipios más pequeños de España, ya que su término municipal se acaba apenas cincuenta metros más allá de las últimas casas.



En la casa rural, Casilda me recibe con tostadas y zumo de naranja: “¡Caray, sí que has madrugado!”, me exclama.


De vuelta a casa, aún me queda una última parada: presentar mis respetos al difunto, en un cementerio algo alejado, no mucho, del pueblo que gobernó. Descansa en paz, hombre.

14 comentarios:

  1. La verdad es que recuerdo las noticias del "crimen" y recuendo también haber sabido del pueblo por las irregularidades del entonces alcalde con empadronamientos y demás. Es mas, había un caso en concreto de una pareja que pretendía montar un restaurante (o algún tipo de hospedería) y lo denunciaban en la prensa y televisión por eso mismo que comentas en tu crónica. De hecho, cuando se produjo el trágico desenlace me pregunté: ¿no era ese el pueblo?.

    Una crónica muy completa y, como siempre, impecable.

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    1. Demasiadas cosas han pasado en un sitio tan pequeño... Gracias por el seguimiento, Alberto!

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  2. No se que ha pasado....algo he debido de hacer mal....
    Bueno te digo ...Que vaya con decir que es un ladrillo,pedazo de tontería. En lo que a mi respecta, me as tenido sentado sin respirar. Conocía el tema pero ojo,no con tanta exactitud.

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    1. Me alegro de que el rato que has invertido ha sido ameno... qué carajo, más que alegrarme, me enorgullece!
      Gracias por el seguimiento, Roberto!

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  3. Guau... Un relatazo. O mejor dicho, un reportajazo. Te presento mis respetos totalmente. Me ha encantado todo: la idea, lo que cuentas y cómo lo cuentas. A mí también me pica la curiosidad por el Fago de ahora, pero nunca me he atrevido a pisarlo... Por cierto, esa carretera de La n330 a Borau y luego a Aísa la he hecho en bici (no llegué a Aísa, me quedé en el alto) en julio :)

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    1. Glups! Cuando estas bendiciones vienen de una profesional del oficio, me entra un hormigueo en el estómago queeee...
      Pasaos por Fago cuando queráis, es un lugar de lo más bonito, tranquilo... y civilizado.
      Por lo que dices, creo que no nos cruzamos de milagro en Aísa ;-)
      Muchas gracias por los halagos, besotes y hasta pronto!

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  4. Me sumo a los comentarios: gran reportaje, que se lee del tirón. Por cierto, tienes un mail ;)

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    1. Mail recibido, imposible sintetizar más un caso en una imagen, enhorabuena por la maquetación... Y como le he dicho a tu costilla, que un profesional del ramo lea el escrito y dé su beneplácito, es motivo de mareo, sofoco y agradecimiento.
      Gracias por tu militancia, un abrazo y hasta pronto!

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  5. Bueno...por fin he tenido tiempo para leer esta crónica. Me ha gustado mucho...pero..seguro que tienes una espinita clavada por no haber sacado "el tema" .Conociéndome... después de esos vinos... algo hubiese soltado haciéndome el "sueco" ;)
    El "caciquismo" está muy arraigado en la "España profunda" y no tan profunda... A mí no me extraña lo que "pasó".
    Enhorabuena Manel!

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    1. Tus sospechas sobre el funcionamiento social de "la otra" España están más que justificadas, por desgracia... Aunque no olvidemos que en todas partes cuecen habas.
      Gracias por el seguimiento, que en el caso de este tocho, es para agradecer el doble ;-) Saludos y buena ruta!!

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  6. En fin, personalmente, hay fotos y descripciones que están de sobra, Manel, donde esta el respeto y el lado humano de las personas?

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    1. Hola "Anónimo", desgraciadamente siempre habrán palabras de más cuando lees a alguien que escribe ante todo desde el amateurismo más absoluto, y luego implicándome tal vez demasiado... ¿Qué puedo decir? Que siento haberte defraudado, y que he quitado una foto que ya no tenía claro poner: si uno de los problemas es la mencionada imagen, detectarás que ya no está. Sobre lo demás, bueno, supongo que si tienes definida tu opinión, nunca estarás a gusto con la totalidad del escrito. Y discrepo decididamente en lo de la carencia de respeto.
      Disculpa la ambigüedad, pero tampoco me das margen para concretar más. En todo caso, saludos y agradecido por la crítica, tan necesaria como el elogio para hacerlo mejor!

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