lunes, 1 de septiembre de 2014

Fago, historia incompleta

Prólogo: un vaso de horchata

Tras un rato dando vueltas, finalmente encontré el bar que buscaba: en un pueblo tan pequeño, era cuestión de minutos darse de bruces con él. Hay unas mesas fuera, la temperatura es perfecta para tomar algo al fresco, pero yo me siento en una de las mesas que hay dentro. Soy el único parroquiano bajo techo.

La luz es tenue, contrasta con la claridad exterior, lo que me ayuda a pasar desapercibido... También disimula mi mirada, que se desvía insistentemente hacia el personal del local: una camarera, una cocinera y el camarero que atiende las mesas de fuera.

Pero falta ella. No la veo por ninguna parte. Me consta que, hasta hace dos años, trabajaba aquí. No sé si hoy tiene el día libre, o sencillamente se ha marchado a ganarse el jornal en otro sitio.

La camarera llama mi atención desde detrás de la barra: “-¿Qué te pongo?”, “-Una horchata”, le respondo yo: es curioso lo que me pasa con la horchata en verano: o no la pruebo, o me la bebo a litros… La camarera le pasa el encargo a la cocinera, que entre bambalinas y con cierto secretismo me prepara el trago en un vaso largo: “Nos sale buenísima, ya me dirás”, me comenta la camarera para rellenar el silencio que genera la espera.

Finalmente, aparece la horchata. Está ahogándose en hielo picado. Su sabor es de aprobado raspado, pero aun así, tras el primer trago miro hacia la camarera, mientras le asiento y levanto el vaso a modo de aprobación. Ella me devuelve la sonrisa: “-¿Qué te dije?”

En cierto modo, es casi un alivio que ella no esté aquí, a fin de cuentas, ¿qué iba a decirle? ¡Si somos dos desconocidos! Precisamente por eso, ella se caería de culo si supiera las notas que he ido recopilando aquí y allá, y que dibujan un esquema bastante certero de estos últimos tiempos: es buena con el bricolaje, ella misma se está arreglando la casa donde vive. Le encanta la naturaleza, las causas humanitarias y su gato. También ha flirteado con la política: es una idealista nata, al igual que su marido, ese con quien "técnicamente" todavía está casada...

Aclaro que no he hecho nada ilegal para saber todo esto; son datos públicos, tal vez demasiado para alguien que quiere vivir en el anonimato y sin ganas de explicar sus rollos a nadie. 

En mi cabeza, vuelve por enésima vez la pregunta envenenada: “¿Por qué estoy haciendo esto?”

Me gusta que me hagan esa pregunta, je, je… Tal vez la fascinación de tocar físicamente a los protagonistas de esta historia que me tiene al filo de la obsesión en los últimos meses. O tal vez es la necesidad de comprobar que un asesinato lo puede cometer cualquiera: tu vecino, por ejemplo. O tú. O yo. En fin, cualquier tontería, menos la respuesta que todos buscamos... ¿Qué pasó aquella noche de diciembre de 2.007 en la carretera de Fago a Majones?

Lo único que sé es lo que publicaron los periódicos: un tribunal declaró a Santiago Mainar culpable del asesinato del alcalde de Fago, Miguel Grima.

¿Y quién es Mainar? Pues lo que no esperarías leer de un criminal convicto: guarda forestal, licenciado en ingeniería, sin antecedentes, regenta una hospedería rural, y además muestra unos principios en los que la ética y la moral son piedras angulares en su vida… ¿Qué demonios ha pasado aquí?
Santiago Mainar delante de su casa de Fago
Miguel Grima
Reconstrucción

12 de Enero de 2.007. Miguel Grima, alcalde de Fago, acude a Jaca para celebrar una reunión con otros alcaldes; finaliza sobre las nueve de la noche, momento en que sube a su coche (un Mercedes-Benz 190), y se pone de camino hacia su domicilio... Hay dos maneras de llegar a Fago, Grima escoge la carretera de Majones.

A la misma hora y en el mismo sentido de la marcha, pero varios kilómetros más adelante, otro vecino circula por la misma carretera. Pasado el pueblo de Majones, se ve obligado a parar su vehículo porque hay unas piedras que obstaculizan el paso; se apea, las retira, y continúa su camino.

Minutos después, Miguel Grima llega al mismo lugar. Las piedras habían sido nuevamente colocadas en medio de la carretera. El alcalde baja del vehículo, momento en el que alguien aparece a su espalda, y le descerraja un tiro de escopeta. Herido en el corazón, la muerte es prácticamente instantánea.

En ese momento, aparece otro vehículo. El asesino pone en marcha el Mercedes, y maniobra para cambiar de sentido, orientándolo en sentido Majones. El vehículo oculta el cadáver que yace inerte en la carretera. Activa las luces largas.

El coche que sube pertenece a una familia que tiene su segunda residencia en Fago. Hace años que frecuentan el pueblo, y conocen el coche del alcalde. Paran a su altura, creyendo que tiene algún problema mecánico; un desconocido se dirige a los recién llegados, es alto, y no distinguen sus facciones porque, aparte de ser negra noche, lleva una luz frontal que les deslumbra: “¿Tienen algún problema?”, le preguntan, “no pasa nada, continúen la marcha”, les responde aquel individuo, con una voz rasposa que definitivamente les hace descartar que sea el alcalde Grima.

El matrimonio reanuda la marcha. El asesino arrastra el cuerpo inerte hasta la cuneta, y lo empuja por el terraplén. El cuerpo rueda unos cuatro metros. Durante la caída ha perdido un zapato.

Pasan las horas. La esposa de Miguel Grima se inquieta por la ausencia de su marido. Alerta a diversos familiares y amigos, y finalmente a la Guardia Civil.

Ya por la mañana, dos voluntarios que rastreaban la carretera (Alfredo Terrén, presidente de la comarca de la Jacetania, y Luis Gutiérrez, alcalde de Hecho) encuentran el cuerpo de Miguel Grima. Lo reconocen sin ninguna duda: llevaba la misma ropa de la víspera anterior, cuando habían coincidido en la reunión de alcaldes en Jaca.

Amarillismo

Las televisiones afilan sus colmillos: hay un suculento filete de sucesos, y lo van a vender con más espectáculo que rigor: “ALCALDE ASESINADO”, resaltan a toda columna. Y ciertamente, es el quinto edil asesinado en democracia, y el primero que no lo es por atentado de ETA.

Al día siguiente, Fago se desbordó de unidades móviles con grandes antenas parabólicas en el techo; decenas de periodistas se desplegaron, micrófono en mano, a la caza del testimonio humano.


Con el paso de las horas, la bola de nieve se hacía más grande: los pocos autóctonos que se atreven a hablar tienen una opinión común: “Esto del alcalde se veía venir”. Al parecer, Miguel Grima gobernaba el pueblo de una manera personalista que dividía a los vecinos en partidarios y detractores, ambos acérrimos.

La Unidad Central Operativa (UCO) de la guardia civil desplaza a ocho de sus agentes a Fago. Sobre la mesa está la teoría de un moderno “Fuenteovejuna”, y la lista de sospechosos es larga. Durante los ocho años al frente de la alcaldía, Miguel Grima afrontó hasta 23 denuncias judiciales, como denunciante y denunciado, centradas sobre todo en irregularidades en solicitudes de empadronamiento, conflictos con el tránsito del ganados, amenazas y agresiones.

De todos los fagotanos, sólo hay uno de ellos que no se amedrenta ante los micrófonos de los periodistas: Santiago Mainar.


Además, se da la circunstancia de que Mainar fue candidato por el PSOE en las últimas elecciones municipales: “No lo hice por ideología, fue para que la gente tuviera una alternativa”, dijo en alguna ocasión. Perdió las elecciones ante Grima. De hecho, manifestó que ni él mismo se votó.

Miguel Grima y Santiago Mainar fueron buenos amigos en el pasado, hasta el punto de que Mainar ayudó a Grima cuando trasladó su residencia a Fago, en 1.992.

Confesión

Al día siguiente, unos cazadores encontraron el coche de Miguel Grima en el camino de la ermita de Santa Lucía, a doce kilómetros del lugar del crimen. Una grúa lo retira para buscar evidencias orgánicas en su interior.

Las pesquisas fueron complejas: antes de ser abandonado, el autor había borrado concienzudamente las huellas: no se encontraron ni siquiera las de su conductor habitual. Aún así, se pudieron hallar minúsculas escamas de piel, cuyo ADN coincidía con el de Santiago Mainar. Es inmediatamente detenido, y acusado del asesinato.
Fragmento de la confesión de Santiago Mainar, escrita a mano alzada por un Guardia Civil, en su casa de Fago.
Mainar firma una larga confesión en la que asume la culpabilidad por el crimen, e ingresa en prisión preventiva.

Dias después, Mainar cambia radicalmente su declaración: “Yo no fui, me autoinculpé para que dejaran en paz al pueblo”, posición que ya no ha abandonado desde entonces.

La familia de Santiago Mainar contrata al controvertido abogado Marcos García Montes, uno de los letrados más “mediáticos” del país; ha sido defensor, entre otros, de José Maria Ruiz Mateos, el profesor Neira, la madre de Rocío Wanninkhof o Rafi Escobedo.
Marcos García Montes, frente a la Audiencia de Huesca
El juicio

Santiago Mainar tuvo que esperar dos años hasta la celebración del juicio. Durante ese tiempo, permaneció recluído en la prisión de Zuera, donde atendía las visitas familiares, especialmente de su hermana Marisa –firme defensora de su inocencia-, y una amiga de juventud con la que había reemprendido una amistad que, carta a carta, fue a más. 

Las conversaciones con Mainar eran desesperadamente monotemáticas: se consideraba un “mártir” al servicio del pueblo, en una sociedad que estaba perdiendo todos los valores.

Finalmente, en diciembre de 2.009, se celebró el juicio en la Audiencia de Huesca.

Se probó que, la noche del asesinato, Santiago Mainar fue al tramo de carretera reseñado, y atravesó piedras para que el coche de Miguel Grima se viera obligado a pararse. Cuando el alcalde bajó del vehículo, Santiago Mainar le acometió por la espalda y, escopeta en mano, le disparó una vez a la altura del plexo solar, muriendo casi de inmediato por hemorragia masiva. Instantes después, al observar que otro coche subía por la carretera, maniobró el vehículo del alcalde para usarlo de “pantalla”. Cuando el otro coche se marchó, Mainar arrojó el cuerpo por el terraplén. Se marchó con el Mercedes del alcalde, abandonándolo en el camino de la ermita de Santa Lucía, a doce kilómetros.

Se reconoció el trastorno paranoide de Santiago Mainar, que no le impedía ser dueño de sus actos.

Se le declaró culpable de asesinato y tenencia ilícita de armas, condenado a cumplir veinte años y nueve meses de prisión, 105.000 euros de indemnización para la viuda de Miguel Grima, y diez años sin poder pisar Fago una vez cumplida la condena.

Claves

La condena de Santiago Mainar se fundamentaba en dos hechos: los restos orgánicos hallados en el coche de Miguel Grima (volante, freno de mano, cambio de marchas), y la propia declaración autoinculpatoria. También se hallaron restos de pólvora en sus manos, en un análisis forense al que se sometió voluntariamente en las horas posteriores al crimen, antes de ser acusado.

En relación a los restos orgánicos hallados en el vehículo de la víctima, Mainar se defendió diciendo que “aquel mismo día había tenido que subirse para moverlo, ya que aparcaba obstaculizando los caminos rurales de manera deliberada”. Nadie le vio realizando esa acción.


Respecto a los restos de pólvora en las manos, Mainar declaró que durante aquellos días “dio la mano a varios cazadores”, y que a causa de su trabajo como guarda forestal “recogía cartuchos usados que se encontraba diseminados por el monte”. Aunque el tribunal aceptó que estos hechos eran científicamente posibles, el peso de los otros dos argumentos motivó la condena por la que aún hoy está preso.

La defensa tenía dos testigos claves: el matrimonio que paró junto a Mainar la noche de los hechos; el marido testificó que “casi con toda seguridad, la persona que vi aquella noche no era Santiago Mainar”, ya que manifestó que era más alto que él, y la voz era diferente, mucho más grave. La sentencia no tuvo en cuenta este testimonio como prueba vinculante, ya que la distorsión en la estatura “era una cuestión subjetiva”, sujeta a malentendidos por la negrura de la noche y la perspectiva de estar sentado en el coche. Respecto a la cuestión de la voz grave, estimó que Mainar “podría haberla simulado”, o incluso ser efectivamente la suya, pero distorsionada por la gripe que padecía en aquellas fechas.

Por otra parte, la escopeta utilizada la noche del crimen nunca ha sido hallada. Santiago Mainar dijo que se encontró "casualmente" la escopeta, abandonada en el monte, y que después del asesinato se deshizo de ella escondiéndola en los bajos de un camión con matrícula extranjera, en la gasolinera de Puente La Reina.

Las circunstancias del crimen son difícilmente explicables: Santiago Mainar dijo que le dio "un arrebato", que bajó a pie hasta el lugar de los hechos, y que se sentó a esperar al alcalde en un lugar aparentemente escogido al azar... Casualmente, el lugar de la emboscada era el mejor posible, con una visión que no existe en ningún otro punto de la carretera.

También es incongruente dejar la emboscada en manos del destino, ya que al parecer el alcalde Grima podía volver a Fago por dos caminos diferentes, y la hora concreta, o de qué manera volvió el asesino a su hogar de Fago: todas las partes implicadas en la investigación (incluída la propia sentencia judicial) admiten la "probabilidad" de que hubiera, como mínimo, una segunda persona implicada, que por supuesto nunca ha sido hallada.

Desde entonces, hasta hoy

-Las propiedades de Santiago Mainar fueron subastadas para resarcir económicamente a la viuda de Miguel Grima.

-Una vez celebrado el juicio, Santiago Mainar fue trasladado a la prisión del Dueso, en Cantabria.

-El 18 de noviembre de 2.011, Santiago Mainar se casó con su amiga de juventud: así se lo pidió él para que ella tuviera una pensión de viudedad el dia que muriera.

Hoy, la esposa de Mainar trabaja en un bar que sirve horchata granizada...

En 2.009, poco antes de la celebración del juicio, una productora que preparaba un reportaje sobre Fago para Aragón TV solicitó una declaración a Santiago Mainar, enviándo éste una carta que, a día de hoy, es la única que ha visto la luz pública:

(…) Yo soy una persona corriente que, eso sí, tuve la gran suerte de recibir de mi familia una sólida base cristiana y todos los medios necesarios para el libre desarrollo de mi personalidad y de mis capacidades. Tengo una mente ilustrada y crítica (…) La dignidad humana es un bien inalienable y un don de la naturaleza humana, por eso mis pensamientos, conciencia y comportamientos se rigen por (...) que no hay más pragma que el respeto, la honradez, la justicia y la compasión.
(…) Cuando un estado se resigna ante ese cáncer democrático llamado “corrupción política”, ese estado ha llegado ante la más extrema de las humillaciones. (…) La corrupción moral permanente, el egoísmo, la mala fe, el uso perverso de su privilegiada posición como autoridad provoca daño emocional y económico.
(…) Esta indignidad política es la que hemos sufrido una serie de ciudadanos (…) a manos de un alcalde indigno que no fue fiel a su juramento y no aceptó deber respeto a la dignidad de quienes se opusieron, con valor cívico, a sus arbitrariedades.
(…) Los años de denuncias a las tiranías del alcalde de Fago fueron interpretadas por la clase política como una ofensa al honor del colectivo. El criterio político durante años fue: “Es de los nuestros, por eso puede hacer lo que le dé la gana”.
(…) Yo defiendo comportamientos éticos. Tienen que ver con la inteligencia creadora, con el lado espiritual humano; por lo tanto, tienen que ver con la confianza, con la Fe en la grandeza del hombre, su proyecto y su contenido: la Dignidad.
(…) Si sus valores son los míos entenderá que me pusiera sin titubear tras una muerte en la que no he participado, porque mi deber como ciudadano libre me obliga a plantarle cara a la maldad, con coraje, con valentía ética. (…) Quien defiende a la dignidad humana de sus poderosos enemigos no defiende una simple causa local, sino a la humanidad entera.




Una noche en Fago

Huesca me acogió durante el servicio militar. Es por eso que me siento nostálgico cada vez que vuelvo a esta ciudad... Nuevamente, recorro los lugares habituales, aunque la ciudad ha cambiado enormemente en estos últimos veinticinco años; la vieja estación de tren ahora es un edificio de vanguardia, e incluso mi antiguo cuartel ya no existe, reemplazado por un parque y unas viviendas. Aún se conservan los árboles que flanqueaban la puerta principal. Dos diapositivas se superponen en mi mente: lo que están viendo mis ojos... y lo que recuerdan.

Vuelvo al presente frente a la Audiencia Provincial, donde se juzgaron los hechos que me han traído hasta aquí…


Abandono la ciudad. Más allá de Igriés, me detengo a echar gasolina y almorzar. Pese a estar en junio, el calor aprieta fuerte. Frente a mí, la sierra de Guara y el puerto del Monrepós me prometen cuatro o cinco grados menos.

Más allá de Jaca, comienzo a solapar el último viaje del alcalde... Puente La Reina es uno de los últimos lugares para repostar si vas a los valles de Hecho, Ansó… o Fago. En un lado de la carretera, unos restaurantes ofrecen parada y fonda a los viajeros en tránsito. Aquí es donde Santiago Mainar se deshizo “presuntamente” del arma.

Continúo carretera adelante. Ante mí está Berdún, retrepado en una mínima meseta.


Pocos kilómetros más allá, un desvío indica la carretera que lleva a Fago; es la HUV-2022, pero en ningún sitio lo vas a leer. Al pie de carretera hay una panadería, hay que estar atento para leer los carteles porque no es un sitio donde esperarías encontrar un negocio. Aquí fue donde Miguel Grima paró para comprar dos barras de pan, minutos antes de que le arrebataran la vida.
Carretera N-240, a la izquierda, desvío a Fago. El edificio de la derecha es la panadería
Comienzo a rodar por la estrecha y maltratada cinta de asfalto; dejo atrás Villarreal de la Canal, un poco más adelante, Majones… Y exactamente 1,1 kilómetros más allá, el lugar de la emboscada.


Detengo la moto, casi no tengo arcén para hacerlo con seguridad; no importa, no pasará absolutamente ningún coche en la media hora que permaneceré aquí…


En el arcén hay una estaca con dos carteles… El primero de ellos no se anda con rodeos: “AQUÍ FUE VILMENTE ASESINADO MIGUEL GRIMA MASIÀ”, con fecha 12 de enero de 2.007. La segunda inscripción es un poema del cuál sólo diré que mencionan a alguien que fue muy muy bueno, y a otro que es muy muy malo. La tabla finaliza con una frase de Bertold Bretch, referida a la bondad de los que luchan durante toda su vida.



Escruto el escenario con ojo técnico; efectivamente, tal y como constaba en el atestado de la guardia civil, es imposible encontrar un lugar mejor para tender una emboscada: hacia el Sur, hay casi un kilómetro para observar el tráfico. Hacia el Norte la visión no es tan lejana, pero aún así hay margen de maniobra por si las visitas inesperadas. Majones está fuera de la vista, a más de un kilómetro, y Fago está once kilómetros en dirección contraria.

Unos cincuenta metros antes del lugar de la emboscada, hay un sendero que baja abruptamente la ladera, buen lugar para agazaparse.

De nuevo hacia Fago, la carretera se retuerce y gana altura…



Once kilómetros más allá, entro finalmente en el pueblo. Mi primera prioridad es encontrar mi alojamiento rural, previamente contratado. Días atrás, buscando opciones para pernoctar, descubrí que no tenía muchas alternativas: la mía, y la casa aún regentada por la viuda de Miguel Grima (no tuve opción, se alquila entera). "Casa Antoniales", la que en su día regentó Mainar, todavía se publicita en algunas páginas de internet. 

Pregunto por mi casa rural a la única persona que veo caminando por el pueblo, un hombre de mi edad que se ofrece a acompañarme hasta la puerta. Ya en la casa, la propietaria es toda atención y simpatía, en ese momento está atendiendo a unos paisanos congregados alrededor de una gran mesa. Me invitan a unirme a la tertulia, y al poco rato ya estoy ante una taza de café, conversando animadamente. Ni una palabra sobre el "asunto", posiblemente se habría acabado el buen ambiente.

Un buen rato después, descargué el equipaje; la propietaria me acompaña hasta mi habitación. La madera del suelo cruje fatigada tras décadas de aguante.


Como aún quedaba tarde por delante, aproveché para dar una vuelta con la moto, más ágil ahora que la había descargado de equipaje.


Ansó











Ya de vuelta, mi anfitriona me permitió guardar la moto en un garaje anexo que, casualidades de la vida, fue propiedad de Santiago Mainar. El mencionado garaje, así como el resto de propiedades, fueron subastadas para resarcir a la viuda de Miguel Grima.

Aprovecho los últimos vestigios del crepúsculo para dar una vuelta por el pueblo… La antigua vivienda de Santiago Mainar está justo enfrente de donde estoy hospedado, tan sólo separada por un estrecho callejón. La vivienda está cerrada a cal y canto, con síntomas de hacer mucho tiempo que no entra nadie.

En la calle principal, casi enfrente del ayuntamiento, estaba “Casa Marieta”, el único bar que tenía el pueblo, ahora cerrado. Sus antiguos propietarios también chocaron con el difunto alcalde a causa de las tasas municipales presuntamente abusivas a que eran sometidos.

Casa Marieta
Se me acaba la luz natural. La cámara apenas puede retratar el ayuntamiento sin la  ayuda del flash. Aquí se incubaron diferencias irreconciliables. Una vez enterrado el alcalde, el hasta entonces tesorero, Enrique Barcos, entró como edil. Poco después se convocaron nuevas elecciones; Barcos abandonó las filas del Partido Popular, y se presentó a la reelección por el PAR. Ganó las elecciones, y así hasta hoy.


De nuevo en mi hogar de esta noche, cené con los otros huéspedes, una pareja de hermanos de Hong Kong; el mayor se llama Charly, no desprecia un rato de conversación; su hermano pequeño es más reservado. Antes de poder preguntarles qué demonios hacían dos hermanos de Hong Kong en el culo del mundo, entró nuestra anfitriona con una ensalada verde y unas longanizas que me subieron espiritualmente al cielo.

A media cena, entró en el comedor Rafael (el nombre es ficticio). Es un jubilado con casa en Fago, al que conocí cuando llegué, unas horas antes. Tiene confianza con la propietaria, de ahí que entrara en el comedor como si fuera su casa. Rafael me pregunta a bocajarro:

-"¿Te gustan los guardias civiles?"

-"¿Es una pregunta trampa o qué?"-le respondo yo, divertido y escamado a partes iguales.

Al final resultó que los “guardias civiles” eran unos pinchos de boquerones y queso seco, con un contraste de sabores de lo más estimulante. Ellos mismos maceraban los ingredientes en su casa... 

“-El nombre le viene porque siempre los servimos de dos en dos”-me responde Rafael, divertido.

En un momento dado, apareció sobre la mesa una botella de vino. Intento acercarme a “mi” tema, pero doy tantos rodeos, que no consigo obtener nada relevante… No vale la pena cargarse una buena velada por jugar al periodista audaz. Un buen rato después, se levantó la sesión y nos fuimos todos a dormir.


El sueño fue ligero y entrecortado. A las cinco de la mañana ya estaba dándole vueltas a la cabeza, releyendo apuntes, y pienso por enésima vez en que el crimen de Fago era como una piscina llena de agua sucia, y hacía demasiado rato que buceaba en ella; necesitaba emerger y respirar aire fresco.

A las siete de la mañana me enfundé el jersey polar (¡¡jersey polar!! En julio…), y salgo de la habitación para dar un paseo. El suelo de madera rechina y aúlla, desearía poder bajar levitando para no molestar…

De nuevo en la calle y a la luz del día, observo que entre casa Mainar y casa Grima había menos de cincuenta metros... Aquí el roce no hizo el cariño, más bien lo contrario.



Un camino agrícola me conduce a las afueras del pueblo, donde están las antiguas fincas de Santiago Mainar.


Parte de los antiguos terrenos se utilizan para guardar ovejas, pero la otra parte está abandonada a su suerte. El techo de un cobertizo se ha venido abajo, atrapando unas balas de paja. Otro cobertizo se mantiene en pie, en su interior se pudre un remolque: su dueño está lejos, no volverá en mucho tiempo.





Vuelvo sobre mis pasos, y me siento en un promontorio para ver salir el sol sobre Fago. Es uno de los municipios más pequeños de España, ya que su término municipal se acaba apenas cincuenta metros más allá de las últimas casas.





Antes de volver definitivamente a casa, me detuve para presentar mis respetos al hombre que se llevó la peor parte en esta historia; está enterrado no muy lejos del pueblo que gobernó entre amores y odios.

14 comentarios:

  1. La verdad es que recuerdo las noticias del "crimen" y recuendo también haber sabido del pueblo por las irregularidades del entonces alcalde con empadronamientos y demás. Es mas, había un caso en concreto de una pareja que pretendía montar un restaurante (o algún tipo de hospedería) y lo denunciaban en la prensa y televisión por eso mismo que comentas en tu crónica. De hecho, cuando se produjo el trágico desenlace me pregunté: ¿no era ese el pueblo?.

    Una crónica muy completa y, como siempre, impecable.

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    1. Demasiadas cosas han pasado en un sitio tan pequeño... Gracias por el seguimiento, Alberto!

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  2. No se que ha pasado....algo he debido de hacer mal....
    Bueno te digo ...Que vaya con decir que es un ladrillo,pedazo de tontería. En lo que a mi respecta, me as tenido sentado sin respirar. Conocía el tema pero ojo,no con tanta exactitud.

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    1. Me alegro de que el rato que has invertido ha sido ameno... qué carajo, más que alegrarme, me enorgullece!
      Gracias por el seguimiento, Roberto!

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  3. Guau... Un relatazo. O mejor dicho, un reportajazo. Te presento mis respetos totalmente. Me ha encantado todo: la idea, lo que cuentas y cómo lo cuentas. A mí también me pica la curiosidad por el Fago de ahora, pero nunca me he atrevido a pisarlo... Por cierto, esa carretera de La n330 a Borau y luego a Aísa la he hecho en bici (no llegué a Aísa, me quedé en el alto) en julio :)

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    1. Glups! Cuando estas bendiciones vienen de una profesional del oficio, me entra un hormigueo en el estómago queeee...
      Pasaos por Fago cuando queráis, es un lugar de lo más bonito, tranquilo... y civilizado.
      Por lo que dices, creo que no nos cruzamos de milagro en Aísa ;-)
      Muchas gracias por los halagos, besotes y hasta pronto!

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  4. Me sumo a los comentarios: gran reportaje, que se lee del tirón. Por cierto, tienes un mail ;)

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    1. Mail recibido, imposible sintetizar más un caso en una imagen, enhorabuena por la maquetación... Y como le he dicho a tu costilla, que un profesional del ramo lea el escrito y dé su beneplácito, es motivo de mareo, sofoco y agradecimiento.
      Gracias por tu militancia, un abrazo y hasta pronto!

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  5. Bueno...por fin he tenido tiempo para leer esta crónica. Me ha gustado mucho...pero..seguro que tienes una espinita clavada por no haber sacado "el tema" .Conociéndome... después de esos vinos... algo hubiese soltado haciéndome el "sueco" ;)
    El "caciquismo" está muy arraigado en la "España profunda" y no tan profunda... A mí no me extraña lo que "pasó".
    Enhorabuena Manel!

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    1. Tus sospechas sobre el funcionamiento social de "la otra" España están más que justificadas, por desgracia... Aunque no olvidemos que en todas partes cuecen habas.
      Gracias por el seguimiento, que en el caso de este tocho, es para agradecer el doble ;-) Saludos y buena ruta!!

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  6. En fin, personalmente, hay fotos y descripciones que están de sobra, Manel, donde esta el respeto y el lado humano de las personas?

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    1. Hola "Anónimo", desgraciadamente siempre habrán palabras de más cuando lees a alguien que escribe ante todo desde el amateurismo más absoluto, y luego implicándome tal vez demasiado... ¿Qué puedo decir? Que siento haberte defraudado, y que he quitado una foto que ya no tenía claro poner: si uno de los problemas es la mencionada imagen, detectarás que ya no está. Sobre lo demás, bueno, supongo que si tienes definida tu opinión, nunca estarás a gusto con la totalidad del escrito. Y discrepo decididamente en lo de la carencia de respeto.
      Disculpa la ambigüedad, pero tampoco me das margen para concretar más. En todo caso, saludos y agradecido por la crítica, tan necesaria como el elogio para hacerlo mejor!

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