lunes, 9 de febrero de 2015

ESTÁS AL BORDE-Capítulo 2

Capítulo 2: Ronda – Tarifa – Se reúne la banda

La cafetería está impregnada de olor a churros, café y tostadas; es imposible imaginar un aroma mejor a las ocho de la mañana. Una vez desayunados, despejamos los platos de la mesa para poder extender los mapas: Javier tiene un plan para llegar a Tarifa vía carreteras secundarias de la serranía de Ronda. Se nos antoja un buen negocio, así que nos ponemos en marcha sin más demora.


Las curvas hacen la ruta más divertida, aunque los kilómetros pasan con una lentitud exasperante. Agradecemos estirar las piernas en Ronda.



En la calle de la Bola, las terrazas de los restaurantes están poco solicitadas. Curioseamos las cartas expuestas delante de los establecimientos, sin acabar de decidirnos; una pareja de jubilados nos previene de que “las bebidas siempre se pagan aparte”. Les agradecemos la información. “-Hay que mirar la economía”, -prosigue el hombre, que por cierto no tiene aspecto de estar necesitado, “-que el dinero no nos sobra. Bueno, a los catalanes sí que les sobra, por eso se quieren ir de España… pues ala, ¡que les den aire! Por cierto, ¿de dónde sois vosotros, pareja?”. “-Catalanes”, le respondo con máxima economía semántica, mientras esbozo una sonrisa que no se extiende más allá de la boca. El bocazas farfulla una despedida, y agarrando a su santa esposa de la mano se marcha de allí, súbitamente interesado en hacer unas fotos en la otra punta de la ciudad.

Volvemos a la carretera. Tras retorcernos un rato por la serranía, hemos vuelto a la “civilización” en Algeciras, skyline de refinería y grúas portuarias, escenario ideal para ambientar un “thriller” cinematográfico. El tráfico se vuelve nervioso en la circunvalación, nos quedan 30 kilómetros hasta Tarifa, el lugar más al sur de España, y donde nunca parece dejar de soplar el viento.

Poco antes de llegar, un vendaval nos zarandea en el Alto del Cabrito, mirador privilegiado de la costa de Marruecos; catorce kilómetros nos separan de otro mundo… Si sabemos hacia dónde mirar, se puede divisar el islote de Perejil, “tierra de nadie” que España reclama para sí porque así se lo manda su saco escrotal. Aún colea el incidente de 2.002, cuando seis gendarmes marroquíes establecieron allí un punto de vigilancia costera; esto motivó un incidente diplomático, y una movilización sin precedentes de un grupo de Operaciones especiales del ejército de tierra y diversas fragatas de la Armada con la cobertura de aviones F-18, que restablecieron ipso facto la integridad territorial, por suerte sin lamentar bajas. Si el dibujante Ivà hubiera vivido para ver esto, se partiría la caja viendo que la vida real ha superado holgadamente la más disparatada de sus historias de la puta mili.


Llegamos a Tarifa, casi no nos queda luz solar. Nuestro hostal está en la calle principal, flanqueado por diversos negocios surfers. Paramos ante la puerta, un empleado sale escopeteado a nuestro encuentro: “-¿Sois del grupo de motos?”. Muy sagaz, Sherlock… Nos da indicaciones para acceder al aparcamiento subterráneo; en el interior, sólo hay tres motos más, un número que se me antoja escaso, contando con que hemos sido los últimos en llegar:
 “-¿Esperáis más motos?”, pregunto a uno de los empleados que deambula por el parking.
“-Igual alguna más, pero ya estáis casi todos”, me responde. Caramba caramba, esto sí que es una sorpresa: Antonio me había dicho que seríamos pocos, pero no esperaba este petit comité.

También hay unos cuantos vehículos 4x4 que participarán en un raid exclusivamente femenino por Marruecos. Algunas de las participantes están apretando cinchas y revisando niveles, ninguna tiene aspecto de desperdiciar su vida comiendo bombones delante de la tele…

Subimos las maletas a la habitación. Javier aprovecha para ponerse en contacto con Luis. En pocos minutos estará también en el hostal.

En el vestíbulo hay algunos expedicionarios; todos somos libros en blanco, tendremos días para conocernos. Uno de ellos me sorprende saludándome por mi nombre:
“-¡Tú eres el Kaizen, sigo tu blog!”, me lanza, haciéndome sentir una celebrity. Se llama Paco, y es un habitual de las rutas a Marruecos. Junto a su mujer, formaban parte de nuestro grupo, pero las molestias derivadas de un golpe en su antebrazo les harán abandonar, volviéndose a su casa aquella misma noche.

Luis entra por fin en escena. Es la segunda vez que baja al moro, y está seguro que habrá una tercera: su intención es volver “por libre”, con una moto más sencilla y durmiendo allí donde le pille. Está de acuerdo en que Marruecos es una medicina que depura el alma.

Aparece uno de nuestros guías, se presenta como Jorge. Nos dice que ha habido varias bajas de última hora: una pareja de Madrid y otra de Barcelona, aparte de los mencionados Paco y señora. La expedición queda reducida a siete overlanders: Javi, Luis, Isabel y yo, más otros tres que todavía tenemos que conocer.

Hemos quedado para reunirnos en un restaurante; hacia allí nos dirigimos, luchando contra un huracán que se recrudece por momentos. Ya en la mesa, por fin ponemos rostro a los otros nombres: Paco (albaceteño, BMW GS1200), Juan Carlos (Logroño, BMW K1200R), y Adolfo (Gijón, Suzuki VStrom). Además, cenará con nosotros un diplomático del ministerio de Asuntos Exteriores, presente por amistad personal. Poco después, apareció Antonio, enjuto y vivaracho como siempre; le hierve la cabeza por los trámites de última hora.

Hay noticias inquietantes de Marruecos: hace pocos días, la policía desarticuló una célula yihadista en Fez, que se dedicaba a reclutar combatientes para Siria e Irak. Una de las parejas ha cancelado el viaje, a causa de la inseguridad provocada por la psicosis extremista. El diplomático del MAE nos tranquiliza, diciendo que “todo está controlado allí”. Puede que hable con conocimiento de causa, o puede que lo haga porque le han dicho que diga eso, en todo caso, las decenas de falsedades vertidas por políticos me hacen ser automáticamente escéptico. Me quedo más tranquilo recordando mi viaje de 2.010, en el que recibí ataques masivos de respeto y cortesía: dudo mucho que, en cuatro años, la mayoría de los marroquíes se hayan vuelto unos fanáticos integristas sedientos de sangre occidental.

Nos interrumpe la juventud que hay en la mesa vecina: una de las chicas aprovecha el momento para pedir la mano de su novio. Pasado el bullicio, las enhorabuenas y también alguna sarcástica “condolencia”, volvemos a nuestros planes, que básicamente consistían en dormir cinco o seis horas antes de partir.

África nos espera.

Kilómetros etapa: 464.

Total acumulado: 1.264.

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