lunes, 15 de junio de 2015

Mundo inventado


Analicemos el anuncio: un tipo pretende aparcar su SUV alemán al lado de una hilera de motos custom. Junto a ellas están sus propietarios, que presentan todos los estereotipos de rudeza esperados.

El vehículo da marcha atrás con decisión, haciendo caso omiso a las exclamaciones de los moteros, que por un instante ven todas sus motos en el suelo por efecto dominó… Pero la desgracia no se consuma, ya que el nuevo Opel Mokka lleva una (¡tachán!) cámara de visión trasera, que le permite detenerse a menos de un palmo de la tragedia.

Del coche se apea un hipster, que no contento con el sobresalto gratuito provocado, se va al motero que tiene más cerca, y dándole una palmadita de presunto compadreo, le dice alguna gilipollez relacionada con sus pintas de la escuela más ortodoxa del custom; acto seguido abandona el lugar, caminando despreocupadamente. Dos atractivas mujeres, que han sido testigos de la escena, admiran la partida de pana de aquel tipo… Sí amigos, esto es el mundo de la publicidad, donde cualquier parecido con la vida real es pura coincidencia.

Hago un llamamiento a cualquier individuo que se vea tentado en mimetizar actitudes basadas en películas o anuncios de la tele: NO INTENTES HACER LO MISMO EN LA VIDA REAL. Primero, porque si los moteros no te machacan a ostias por la vacilada de arrimar el coche a las motos hasta límites intolerables, lo harán después de que te hayas ido a frivolizar con uno de los malotes del grupo, insinuándole que se parece a un Papá Noel de pacotilla con esa barba blanca y esa panza. Aprovechando el previsible estallido de violencia grupal, es posible que también te quemen el puto Mokka (con cámara de visión trasera, no lo olvidemos). Obviamente, olvídate de mojar el churro con alguna de aquellas dos titis que instantes antes se estaban derritiendo por ti: bastante ocupación tendrás intentando escapar con vida de aquella incómoda situación.

Ojalá mi ficticia vendetta pudiera añadirse como colofón a ese anuncio tan surrealista… Pero no olvidemos que todo es una monumental broma, una ficción en la que el “producto” (un coche) se envuelve en una capa de humor ligero, bobo e intrascendente con la intención de llegar a potenciales clientes que tampoco le buscan mayor trascendencia al asunto.

De todas maneras, hubiera sido de agradecer que el creativo publicitario en cuestión hubiera buscado otro motivo para poner al propietario del Mokka (con cámara de visión trasera) en una posición de superioridad: por ejemplo, colocando a su santa madre atada y amordazada en una farola, para seguir probando con ella la eficacia de la cámara… O mejor aún, que busque otra idea para que no haya ganadores ni perdedores, de esta manera ningún bloguero de piel fina volverá a mencionar a la madre del publicista –que por otra parte, estoy seguro de que es una mujer encantadora-, y lo más importante, no se herirán susceptibilidades de ningún colectivo.

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