viernes, 31 de julio de 2015

La tumba de la bateadora

Antes de entrar en el tema que nos ocupa, sería procedente elaborar una larga introducción sobre cierta línea ferroviaria, concebida bajo un debatible criterio político… Pero deberé contenerme, primero porque el texto estaría plagado de ignorancias geopolíticas, inexactitudes técnicas y teorías de barra de bar que no aportarían nada a la historia, y luego porque sería un soberano tostón para los no iniciados, así que me ceñiré a los titulares, y sobre todo al trabajo de campo.

Situémonos en la sierra de Somosierra, paso estratégico que divide Segovia y Madrid. Cerca de la autovía A-1, aún se puede recorrer buena parte de la antigua carretera Nacional 1. Ésta sí que era exigente con el tráfico de la época, especialmente de los camiones a los que les ardía el anticongelante en la subida, y las zapatas de freno en la bajada.
 
Fuente: archivo RTVE
Si tienes la vista entrenada, no muy lejos de la carretera podrás ver la línea ferroviaria Madrid-Burgos, concebida expresamente para enlazar las dos ciudades de la manera más directa posible; a partir de Burgos, los trenes seguían su recorrido habitual hacia Irún y el resto de Europa.

Aunque se especulaba con su construcción desde el siglo XIX, el trazado definitivo no se inauguró hasta 1.968. Antes de esa fecha, los trenes con destino Irún debían hacer un rodeo por Ávila y Valladolid. El recorrido, de vía única y sin electrificar, nació cuando el automóvil ya era una competencia invencible para el ferrocarril. Su explotación comercial fue inevitablemente deficitaria, al pasar por pequeños pueblos cuyas estaciones estaban habitualmente en medio de la nada: no olvidemos que la prioridad era que la línea fuera lo más recta posible. Los principales “clientes” de la línea eran los Talgos, cada vez más desocupados, y los trenes de mercancías.

Desde 2.008, el servicio de pasajeros era casi testimonial. En marzo 2.010, una roca desprendida provocó el descarrilamiento de un Talgo en la provincia de Burgos: el maquinista y el interventor sufrieron heridas leves, y los cuatro pasajeros (literales) que transportaba el convoy salieron ilesos.

La “puntilla” a la línea la puso un derrumbe dentro del túnel de Somosierra, justo un año después. El derrumbe nunca fue reparado, y la línea fue en su mayor parte abandonada a su suerte. Permanecen en servicio, dentro de la red de Cercanías, los primeros 25 kilómetros entre Madrid y Colmenar Viejo. En el otro extremo, se mantiene abierto el tramo Burgos-Aranda de Duero, aunque exclusivamente para mercancías. Lo demás es un panorama de estaciones abandonadas y raíles que pronto perderán la batalla con las hierbas salvajes.

Y es el túnel de Somosierra el que precisamente me interesa; construido en 1.933, mide casi cuatro kilómetros de longitud. El derrumbe antes mencionado lo mantiene cegado desde 2.011, pero lo curioso es que, cuando en su día colapsó, atrapó en su interior a una máquina bateadora. Dicha máquina se encarga de remover el balasto, para asentar correctamente los raíles. Por alguna razón que nadie alcanza a entender, ADIF no destinó ningún recurso a reparar el derrumbe, ni que fuera para rescatar la máquina, que desde entonces permancece allí sepultada. Se da la peculiaridad de que la mencionada bateadora pertenecía a una empresa subcontratada, que cobraba una cantidad mensual por parte de ADIF en concepto de alquiler, que no se interrumpió hasta bastantes meses después de su "entierro". Tras el pago de una indemnización, ADIF se la quedó definitivamente en propiedad.
 
fuente: tranvias.org
Voy a ver si puedo llegar hasta la bateadora.

He aparcado en las inmediaciones de la estación de Robregordo, la más cercana a la boca sur del túnel de Somosierra. Uno de los hangares ha sido “reciclado” en cobertizo de ovejas, el resto presenta un lamentable estado de vandalización. Aunque la estación en sí era poco utilizada (Robregordo cuenta con 60 habitantes censados), sí que era un enclavamiento muy utilizado para el cruce de trenes.



Arranco a caminar hacia el norte. Hay poco más de un kilómetro hasta la boca del túnel; no puedo evitar echar alguna mirada furtiva a mis espaldas, no sea que precisamente hoy hayan reinaugurado la línea sin enterarme… La A-1 salva los raíles a través de un viaducto; a su sombra, un rebaño de ovejas  mascan la hierba que brota entre los raíles; el pastor se sorprende ante el inesperado visitante, y tras un par de formalismos corteses, continuamos cada uno por nuestro camino.


Paralelo a la vía, hay unos antiguos postes telefónicos de madera, uno de ellos se ha vencido sobre los raíles; no hay prisa en retirarlo porque no molesta a nadie, de todas formas esos cables ya no sirven para nada, son fósiles de otro siglo.


La boca del túnel se va haciendo más grande conforme me acerco, hasta tragarme completamente. El arco de entrada es una réplica de una de las puertas de la muralla de Ávila.


A un centenar de metros se acaba mi progresión por las tinieblas: una gran valla de aluminio opaco no me permite ver ni tan siquiera lo que hay más allá, supongo que un gran agujero negro. A estas alturas del túnel, incluso la luz procedente de la boca llega bastante diluida.



Aunque no hubiera habido valla, tampoco hubiera caminado mucho más: la bateadora está más cerca de la boca norte que donde estoy en este momento, en la boca sur.

Vuelvo a la moto, y a la carretera. Corono el puerto de Somosierra, y bajo por la antigua Nacional, un fósil que poco a poco está desapareciendo a la sombra de la flamante autovía. Aparco a la sombra de unos chopos, y un breve sendero me vuelve a depositar en la vía férrea… Cien metros más allá, me topo con la boca norte del túnel. Si en el otro extremo estaba la réplica de la muralla de Ávila, aquí está el Alcázar de Segovia.


Imagen de archivo de un Talgo saliendo por la boca norte (Fuente: viveltren.es)
Al igual que en el otro lado, una barricada de planchas de aluminio impide el libre tránsito por el túnel… Unos puntos de soldadura sueltos me permiten escurrirme al otro lado.



Ante mí, una bóveda de negrura perfecta, el haz de la linterna es ridículo: más que procurarme claridad, parecen acrecentar la oscuridad que me rodea. En algún lugar, no muy lejos de mi posición, diversos chorros de agua anuncian filtraciones, importantes a juzgar por el caudal. Empecé a caminar hacia las entrañas de la sierra…

¿Que si finalmente llegué a la bateadora? ¡¡Diablos, no!! Al cabo de cien metros, se me empezó a llenar la cabeza de todo lo peor que podía pasar: ratas correteando entre los pies, murciélagos agazapados en el techo, que la batería de la linterna se agotase, o peor aún, que el techo decidiera (ja, ja) venirse abajo precisamente aquí y ahora… Detrás de mí, las placas de chapa dejan filtrar una referencia de luz, y hacia ella vuelvo. Pocos segundos después, estaba de nuevo a cielo abierto. Renuncio a la bateadora, y deberé conformarme con contemplar las fotografías de otros que sí llegaron hasta ella…



Ya que he llegado hasta aquí, haré un breve recorrido por las estaciones que hay entre el túnel de Somosierra y Aranda de Duero, sin ninguna utilidad desde el fatídico derrumbe.



La estación de Santo Tomé del Puerto está ridículamente alejada del casco urbano. Todo el perímetro está vallado; no hay señales concretas de prohibición del paso, pero queda claro que quien entra allí está invadiendo algún tipo de propiedad privada, sea cual sea su legalidad administrativa. Entro furtivamente, tomo unas imágenes en plan francotirador, y abandono el lugar sin deleitarme en detalles.


En Riaza, la estación está igualmente alejada del pueblo que le da nombre. El edificio, además de intuirse importante por su tamaño, está relativamente bien conservado: unos carteles indican que hay vigilancia privada.




Inauguración de la estación de Riaza (1968)
La estación de Bodeguillas-Turrubuelo-Sepúlveda en realidad está en medio de todos esos pueblos, para no acabar dando servicio a ninguno. Hay que abandonar la carretera y seguir una pista de piedras picudas, poco apta para desmelenarse a la ligera. La estación me depara una sorpresa desagradable, en forma de cable de hierro a modo de no-pases-de-aquí; por si no queda clara la indirecta, un perro con muy mala leche atado a una cadena me ladra problemas. Desconozco la legalidad del “asentamiento”, así que retrato el edificio desde una distancia prudencial, para inmediatamente después largarme de allí sin mirar atrás.


Menudo éxito hasta ahora, el jodido inventario de las estaciones.

En Campo de San Pedro, la estación forma parte del núcleo urbano, hecho realmente excepcional. Está habitada, por lo que presenta un estado de conservación aceptable.



Para llegar a la siguiente estación, Maderuelo-Linares del Arroyo, deberé recorrer unos kilómetros de pista. Una vez más, el pueblo de referencia está demasiado lejos… De hecho, ni siquiera existe, sumergido desde 1.951 bajo las aguas del pantano del mismo nombre. La estación está completamente vandalizada.



Salgo de Segovia, y entro en la provincia de Burgos. La estrecha carretera que une Fuentelcésped y Santa Cruz de la Salceda discurre en paralelo a la vía del tren, y también fue el lugar para emplazar la estación que daba servicio a los dos pueblos. Una vez más, el edificio es una penosa ruina.



En Santa Cruz de la Salceda se puede visitar el único “museo de los Aromas” que hay en España.

Más adelante, en Aranda de Duero, las vías vuelven a tener un mínimo uso para trenes de mercancías, que circulan hasta Burgos.

Saludos y buena ruta!

12 comentarios:

  1. Buena entrada!! Me he reído con lo de los túneles porque es verdad que da bastante miedo adentrarse en ellos. Yo conozco bien el trayecto hasta el km 60 mas o menos. ¿Es posible caminar o montar en bici por camino junto a la vía? Es que veo que ha crecido mucha maleza...
    Un saludo

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    1. Hola Nexo! El breve trozo que yo recorrí a pie (entre Robregordo y el túnel) estaba bastante precario para las bicicletas, imagínate que, incluso yendo a pie, preferí seguir entre los raíles.
      Saludos y hasta pronto!

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    2. Ok gracias! entonces dejare la ruta para hacerla a pie mejor, es una pena todo el abandono.
      Un saludo!

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  2. Hola,
    Preciosa entrada. Desconocía que el tren está fuera de servicio, yo he ido en tren a Riaza hace muchos años y me da mucha pena el deterioro de esas infraestructuras.
    Enhorabuena por el blog, me enganchaste con la entrada sobre Gary Moore ;-)
    Saludos
    Santi

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    1. Gracias por el halago, Santi! Ahora tengo el blog un poco abandonado, pero espero seguir alimentándolo, ni que sea de tarde en tarde...
      Saludos!

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  3. Hola Manel
    Ya ves por aquí ando leyendo tus andanzas. Es un gusto leerte, y no dudes que ya tienes una seguidora más en tú blog.
    Vaya historia guarda los trenes y sus vías, gracias por compartirlo
    Un abrazo ;)

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    1. Muchas gracias por tu seguimiento!! Por cierto... eres aquella "Jane Doe" a la que un día dediqué un libro? ;-)
      Besos y recuerdos!

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    2. Jjjajjjajja! La misma. Un gran regalo de cumpleaños 😉

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    3. Jjjajjjajja! La misma. Un gran regalo de cumpleaños 😉

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    4. Jjjajjjajja! La misma. Un gran regalo de cumpleaños ;)

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    5. Jjjajjjajja! La misma. Un gran regalo de cumpleaños ;)

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  4. Hola Manel
    Ya ves por aquí ando leyendo tus andanzas. Es un gusto leerte, y no dudes que ya tienes una seguidora más en tú blog.
    Vaya historia guarda los trenes y sus vías, gracias por compartirlo
    Un abrazo ;)

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