lunes, 19 de septiembre de 2016

Cecilia



Mi coexistencia física con la cantante Cecilia fue meramente simbólica, ya que ella murió cuando yo sólo tenía cuatro años, edad claramente insuficiente para apreciar nada que fuera más allá de un potito de puré o un bloque de plastilina. Sin embargo, para muchos de nuestros padres sí que fue un sobresalto emocional su pérdida, y no sólo por ser una “cantante de melodías bonitas”, sino por la bocanada de aire fresco que suponía escuchar, en tiempos rancios del tardofranquismo, unas letras que iban hasta lo casi intolerable para una censura a la que no le gustaban palabras como “libertad”, “ecología” o “feminismo”.

Cecilia fue lo más parecido a una cantante folk que tuvimos por estos lares, sobre todo gracias a una educación cosmopolita motivada por ser hija de un diplomático gallego de vida nómada. Gracias a ello, la nacida como Evangelina Sobredo Galanes dominaba de forma impecable el idioma inglés, de hecho sus primeros versos musicales lo fueron en esa lengua.

En 1.971, la discográfica CBS se fijó en ella, y tras algunos sencillos, en 1.972 grabó su primer LP, con temas como “Dama, dama”, una bofetada al rol hasta entonces reservado a las mujeres, básicamente circunscrito a los límites de la cocina. En 1.973 aparece su segundo disco, con canciones melancólicas relacionadas con la Guerra Civil, el ecologismo o el existencialismo. El tercer disco, (“un ramito de violetas”, 1975) fue el de su definitiva consagración, con la canción homónima, u otras como “mi querida España”, cuya letra original, por cierto, tuvo que modificarse ya que al censor no le gustaba aquello de “esta España viva, esta España muerta”, quedando finalmente como la conocemos hoy, “mía” y “nuestra”; aquel mismo año, Cecilia fue la representante patria en el festival de la OTI, consiguiendo un segundo puesto con la canción “amor de medianoche”.

Cecilia murió de manera abrupta en la cima de su popularidad, de una manera que entonces no era infrecuente: un accidente de tráfico. La noche del uno de agosto de 1.976 celebró un concierto en la sala nova Olimpia de Vigo; recién finalizado el evento, a las dos y media de la madrugada, ella y tres miembros más de la banda subieron a un SEAT 124 y sin descansar pusieron rumbo a Madrid, ya que aquella misma mañana les esperaban para grabar unos temas de estudio. Conducía el teclista Joe González, a su lado se acomodó el batería Carlos de la Iglesia; detrás, a la izquierda, estaba el bajista Carlos Viciello, y junto a él, Cecilia.

en el concierto de Nova Olimpia
La carretera N-525 ejercía de muchas veces de “calle mayor” en las poblaciones que se iba encontrando por el camino, algo habitual en aquella época; aproximadamente a las seis menos veinte, cuando estaban a punto de dejar atrás la población zamorana de Colinas de Trasmonte, un carro tirado por dos bueyes irrumpió en la vía, sin luces y en contradirección. El matrimonio que guiaba el carro -el hombre a bordo con las bridas, y la mujer caminando junto a los bueyes con una vara- probablemente había hecho centenares de veces esta maniobra, confiados en que la carretera estaba desierta a esas horas, y que lo último que esperaban encontrarse era un turismo lanzado contra ellos a toda velocidad…

La colisión fue muy violenta, despertando a la mayor parte del pueblo; las barras-guía de la carreta entraron en el turismo como dos lanzas. Uno de los bueyes salió despedido, cayendo muerto en la cuneta, el otro fue sacrificado poco después en el mismo lugar de los hechos. El matrimonio de labriegos salvó la vida, aunque con secuelas que arrastraron durante el resto de sus días.


En cuanto a los ocupantes del SEAT 124, Joe González fue evacuado con diversos politraumatismos; tras él, Viciello salió ileso… Carlos de la Iglesia y Cecilia murieron en el acto a causa de las severísimas heridas causadas por los travesaños de la carreta.

Desde entonces, los discos póstumos de Cecilia han seguido produciéndose (cuento hasta seis… y sólo sacó tres LP’s completos en vida), vendiéndose de una manera más que aceptable, lo que demuestra el tirón de aquella cantante que se marchó a engrosar las filas del macabro “club de los 27”, como Jim Morrison, Janis Joplin, Jimmy Hendrix, Kurt Cobain y Amy Winehouse.

En 2.010, Colinas de Trasmonte renunció a seguir intentando sacudirse la etiqueta de morada del último suspiro de Cecilia, y erigió un monumento en el lugar preciso del accidente.


Cuarenta años después de todo, un motorista que va a su bola con las cosas que escribe circuló por esta funesta carretera, que tantos dramas achatarrados ha venido dando, y del cual lo de Cecilia sólo fue la punta de lanza… Afortunadamente para todos, en los últimos cuarenta años los vehículos a motor han dado un paso gigantesco en seguridad activa y pasiva, los cinturones de seguridad hace mucho que son obligatorios, y el miedo (que no la concienciación) a que te “cace” uno de esos radares por tierra o aire nos ha hecho ir levantando el pie del acelerador… un poco.


Saludos y buena ruta!

2 comentarios:

  1. Sobrecogedora entrada hacia el recuerdo de Cecilia. Que bien documentada. ¡Una gran pérdida! Está bien recordar a la gente de esa valía, hoy que todo va tan rápido y parece haber poco tiempo para sentimentalismos. Muchas gracias, Manel.

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    1. Gracias por tu seguimiento, Antonio Alberto... Hago mía tu frase relacionada con lo efímero que es todo.
      Saludos!

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