martes, 27 de septiembre de 2016

GP La Bañeza 2016



A estas alturas, y después de 57 ediciones, se puede considerar que ya está todo dicho sobre la carrera urbana más longeva de España. Venir al Gran Premio de la Bañeza es retroceder hasta una época en que vivir del motociclismo era cosa de cuatro elegidos, y el premio de jugarse literalmente el pellejo era sentir el bramido de un público que está ahí mismo, al otro lado de una alpaca de paja.

Así fue y así sigue siendo la más excepcional de las carreras urbanas que sobrevive en nuestro país, jugando en una liga al margen de modas, y que pone los pelos de punta a cualquier piloto “actual” que asoma por aquí, y manifiesta despavorido que “ni de coña” correría aquí dando el 100x100.

El Gran Premio de la Bañeza empezó a disputarse en 1952, en plena eclosión de la motocicleta como medio de transporte en la España de posguerra. Las carreras se disputaban en circuitos urbanos, y muchas veces los pilotos llegaban al lugar conduciendo la misma moto que después pilotaban, o incluso las cargaban en el tren: aún estaban por llegar los tiempos de la “profesionalización” y del transporte en furgoneta, lujos reservados a los pilotos de fábrica de Derbi, Bultaco o Montesa.

Los “circuitos” en cuestión eran calles adoquinadas o incluso de tierra, delimitados por alpacas de paja. Era lo que había en la época, ya que no hubo circuitos permanentes hasta la inauguración del Jarama, a finales de los 60. Muchas carreras se hacían coincidir con las fiestas patronales de los pueblos, y la Bañeza no fue una excepción.

La edición de este año venía precedida de un ambiente enrarecido, e incluso con una amenaza concreta sobre su continuidad, a causa de un agrio desentendimiento entre el Motoclub Bañezano -organizador desde los inicios-, y el ayuntamiento; una diferencia aparentemente banal sobre las fechas de celebración desembocó en una trifulca de comunicados que llegó a su clímax con el puñetazo en la mesa del Motoclub Bañezano, y su decisión de desentenderse de la organización del GP. Afortunadamente para la afición, una empresa dirigida por el expiloto Miguel Ángel Trenzano cogió el testigo… y también la responsabilidad de sustituir a toda una institución como es el Motoclub Bañezano: un “marrón” en toda regla para los “nuevos”, que se iban a ver severamente auditados por los “de toda la vida”.

Hay dos maneras de acercarse a este GP: como un “entendido” que conoce a los pilotos por su nombre y apellidos, o sencillamente como un apasionado al motociclismo que viene a la Bañeza seducido por el ambiente; para no defraudar las expectativas de quien lea esto, este redactor os informa que forma parte de estos últimos. Y es que la combinación no puede ser más explosiva, con una mezcla entre el Jerez pre-GP, y las animadas fiestas patronales de la localidad.

El viernes ya empezaron a verse los primeros motoristas, los más privilegiados instalándose en habitaciones reservadas con muchísima antelación, y los demás cargando su tienda de campaña, que podían extender en el camping, o bien en la zona polideportiva municipal, donde el ambiente era indudablemente más “canallesco”.

Los bares funcionaban a tope, y por la noche, una banda de rock hizo las delicias del público en un concierto que se alargó hasta bien entrada la madrugada. El sábado por la mañana, los últimos noctámbulos (algunos con la verticalidad seriamente comprometida) se cruzaron con los voluntarios que empezaban a delimitar el circuito urbano con vallas, cinta policial y, por supuesto, balas de paja.

El sábado por la tarde empezaban a rodar las motos en los entrenamientos, y para el neófito era cuestión de empezar a ver cuáles eran las mejores “tribunas”: muy demandada era la “curva de las angustias”, un giro de 90 grados precedido de una recta en bajada que pone los frenos al rojo vivo, y el “sacacorchos”, una curva izquierda-derecha unida por un cambio ciego de rasante. En total, 1750 metros de trazado, con opción a moverse por dentro de él en los breves instantes que hay entre mangas cronometradas. También es la primera oportunidad para escuchar el rugir de las motos, con ese olor y sonido tan característico de los motores de dos tiempos.



Los boxes se alinean en la calle Armonía, paralela a la recta de meta. Es sin duda la parte más “íntima” de la carrera, y donde se puede ver la auténtica esencia de los pilotos: sus monos de cuero tienen pocos parches de patrocinio, y sus “equipos” suelen ser la familia y los amigos.

foto: Cristalines




foto: Cristalines
Para desconectar de tanto ruido (que no de masificación), se puede dar un paseo hasta la Feria del Motor, donde diferentes expositores ofrecen todo tipo de merchandising, además de accesorios para motos clásicas.

La noche del sábado fue una versión corregida y aumentada de la del viernes: motos aparcadas por todas partes, estímulos visuales y acústicos por doquier… y los “quemaruedas” de turno, a los que jaleas o criticas sin posibilidad de permanecer neutral.

El domingo es el día grande de las carreras. El redactor tiene la suerte de estar acompañado por César, un amigo que conoce bien la carrera, lo que me garantiza la mejor compañía… y la mejor cobertura del evento. También fue el que medió con Javier, gerente del concesionario oficial Moto León, para tener el privilegio de subirme a una de las “safety-bike”, y comprobar así el ambientazo que se percibe desde el asfalto del circuito, y ya de paso, las increíbles prestaciones de la Ducati Multistrada “Pikes Peak”: a ver, que subir con Randy Mamola a una motoGP “biposto” tiene que ser la caña, pero después de una vuelta a tope por la Bañeza con Javi, mucho se tendría que aplicar el bueno de Randy para incrementar mi adrenalina.
foto: Cristalines


foto: Cristalines

foto: Cristalines

La primera parrilla es para las clásicas 4 tiempos, que con su bramido dan por iniciado el GP, llevándose el triunfo el leonés Alberto Pertejo. Tras ellos, las clásicas de 80cc (novedad para este año), con victoria para Antonio Jesús Castillejo, al que la carrera de la Bañeza le va como un guante, ya que también se llevó la victoria en Moto3; en segundo lugar se clasificó Alejandro Martínez, que por segundo año se quedó a un palmo de la victoria para dedicársela a su hermano Bernat, fallecido el año pasado en aquel terrible accidente de Laguna Seca que también se llevó la vida de Dani Rivas. En clásicas 250 2t se llevó el gato al agua el valenciano Sergio Fuertes.




foto: Cristalines

foto: Cristalines
Finalizado el GP, no se puede dudar del éxito del evento, con cifras que bailan entre los 27.000 y los 60.000 asistentes; en todo caso, una auténtica “invasión” para esta localidad de 10.000 habitantes.

¿Y la organización? Bueno, sólo había que acercar la oreja a las conversaciones de los “veteranos”, para constatar que todos estaban muy satisfechos, y en ciertos aspectos, incluso mejorando lo precedente.

¡Larga vida al GP de la Bañeza, nuestro particular “Manx TT”!

2 comentarios:

  1. Encantados de pasar unas horas juntos ,pero conocedor "canalla" más bien . Como es habitual en ti interesante reportaje.
    Saludos.

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    1. Por mi parte, y gracias a vuestra compañía, el disfrute se multiplicó por dos... Gracias por eso, y por el seguimiento!

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