miércoles, 9 de noviembre de 2016

Vivos y perdidos



Lo tengo comprobado, y creo que no soy un caso único: el mundo motociclista es un “fast-food” de amistades que entran y salen con una velocidad inaudita, dejando un poso antagónico de nostalgia y olvido… hasta que un día te pones a revisar fotos antiguas, y rebrotan viejas sensaciones.

Fui un precoz apasionado del mundo de los automóviles, ya desde crío fantaseaba diseñando nuevos modelos de coches, e incluso me “picaba” con un amigo igual de freak que yo para reconocer marcas y modelos oyendo sus motores de día, y viendo las parábolas de luces de noche; yo era bastane bueno en esto último, pero mi amigo era un “crack” con lo primero.

Tuve que esperar hasta los veintitantos para contagiarme del virus motociclista: una Honda CB250 de cuarta mano tuvo la culpa de ello. Pocas semanas antes, había sido uno de los primeros en sacarme el carnet “A” con una moto de verdad, iniciando la era del “destierro” de las Vespas de autoescuela.

Aquella CB, con un inolvidable tacto de “moto grande”, me mostró nuevas sensaciones en la carretera, y empezó un idilio que, a día de hoy, está plenamente consolidado y madurado… Pero entre los dos extremos hay un largo camino recorrido, tan largo como una vida que ha tenido diversos golpes de timón, tanto a nivel laboral como personal, pero siempre ha habido por ahí una moto que ha sido testigo de este ciclo vital, a veces como invitada secundaria, a veces como protagonista absoluta al rescate anímico de su jinete.

Y la gente. Tanta gente…

En un pasado “analógico”, formábamos grupos gracias al boca-oreja, los anuncios en revistas o poniendo papeles en el comedor de la fábrica. Luego vinieron los foros de Internet, y la cosa fue mucho más sencilla: con un mínimo de sociabilidad, hacías colegas en Vigo, Cuenca y la ciudad autónoma de Melilla. Se suceden las concentraciones, y el lema parece ser “cuantos más seamos, mejor”…

Más tarde, los vaivenes socio-familiares nos van recolocando: el que no “abandona” cuando se casa, lo hace por la paternidad, y el que continúa, ya no se va a las quimbambas con los amigachos para beber cerveza alrededor de una hoguera. O tal vez no te pasa nada de eso, pero descubres el placer de rodar en solitario. O quizás eres de esos irreducibles que sigues en la brecha por más que peines canas, con un chaleco lleno de parches que delatan tu militancia…

Sea como sea, llega un día en que miras el álbum de fotos, y te vuelves a encontrar con aquellos rostros de gente tan imprescindible para ti en su día, y sin embargo hoy a duras penas recuerdas sus nombres. El fuego del remordimiento se apaga cuando piensas que probablemente a él le pase lo mismo con respecto a ti, y además puedes señalar perfectamente la razón por la que dejasteis de veros.

Pero nadie podrá quitarnos lo bailado, la vida son páginas escritas, y es muy difícil eternizar una etapa concreta, así que demos gracias por cada fantástico trayecto de nuestro viaje, y sigamos adelante. No nos queda otra.

5 comentarios:

  1. Día de reparto de camisetas sale mi mujer yo no ya que soy el que hace la foto.
    Adivina adivinanza quien soy?
    Año 2002

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Que la salud siga guardando tu memoria de la misma manera que la mía se diluye :-D ... Va, cuenta el desenlace!

      Eliminar
    2. Va, me la juego, pero si acierto, me voy a caer de culo... Ramón??

      Eliminar
    3. Acertaste!!!!
      Pocos veo ya de ese grupo con Arturo sigo en contacto,estuvimos practicando enduro juntos hasta hace 5 años,luego las circunstancias de la vida suyas y mias que unen y desunen me han llevado a salir con otras personas,pero la MOTO la sigo llevando en la sangre,me alegro de saber de ti.
      P.D.
      Ahora ya no firmo como amonimo tu memoria no esta tan oxidada

      Eliminar
    4. Osti, Ramón!!!!!
      Encantado de volver a leerte, a tu disposición si quieres muntar una matinal de esas "de las de antes"...
      Un abrazo y nos vemos en la carretera!

      Eliminar