lunes, 16 de enero de 2017

Campo de concentración de Miranda de Ebro



Muchas gracias a Eduardo Martínez de Gereñu, el más eficiente guía sobre el terreno... y el más paciente, también.

Durante la Guerra Civil, se construyeron en España diversos campos de concentración, lugares de contención de miles de desafectos a la causa de los sublevados.

El rápido avance de las tropas de Franco por el norte del país propició que en un breve lapso de tiempo se desbordaran las detenciones masivas, y por tanto la capacidad de las cárceles; se habilitaron plazas de toros, patios de edificios y en general cualquier espacio que pudiera albergar reclusos. Para aliviar esta masificación, se construyó en 1937 un “campo de prisioneros” en la población de Miranda de Ebro, aprovechando su estratégica ubicación, aunque también como “castigo” por la fidelidad del municipio a la causa republicana hasta el último momento.

Dicho campo, levantado en tan sólo dos meses mediante el trabajo forzado de los propios vecinos, se extendió en los terrenos de una empresa de sulfatos, delimitados por la vía del tren y el río Bayas. Tenía capacidad para 1500 reclusos, aunque rápidamente desbordó su capacidad; los prisioneros se clasificaban entre criminales comunes y seguidores de la causa republicana, con mayor o menor nivel de reponsabilidad.

Los primeros meses, el campo fue poco más que un mero espacio delimitado por muros, y el único cobijo, las carpas y los carromatos de un circo al que la guerra pilló en Miranda; las palizas y las vejaciones estaban a la orden del día, al igual que enfermedades como el tifus, pulmonías, sarna, escorbuto... y lo que denominaron “miranditis”, descomposición orgánica provocada por beber agua directamente del río, sin tratar. Los guardas estaban en permanente búsqueda de presos que hubieran cometido delitos de sangre, mediante sádicos interrogatorios; los confesos eran sacados del campo, para dar un paseo sin billete de vuelta.

Los soldados se encargaban de custodiar el perímetro del campo, del orden interior se encargaban los llamados “cabos de vara”, criminales comunes que realizaban el cometido a cambio de ciertas comodidades.

Finalizada la guerra civil, el campo continuó abierto para concentrar a los refugiados de la Segunda Guerra Mundial: judíos, brigadistas… Pese al nuevo régimen franquista, España se mantuvo neutral y sus fronteras no rechazaron a ningún refugiado, pero tampoco se les dejaba circular libremente: campos como el de Miranda de Ebro eran el destino para ellos mientras no acreditasen medios para llegar a un tercer país. Heinrich Himmler visitó el campo en 1940, junto a varios oficiales de la GESTAPO que se quedaron un tiempo para detectar a espías y desertores alemanes entre los prisioneros.

Paradójicamente, una vez finalizada la 2GM, fueron muchos los oficiales nazis que huyeron a España, siendo también internados en el campo de Miranda; pese a la benevolencia del trato con los nuevos "huéspedes", no se pudieron evitar trifulcas entre diversas facciones de reclusos.

En 1947, los reclusos que aún quedaban fueron trasladados a la prisión de Nanclares de Oca, pero el campo aún funcionó unos cuantos años más como centro de instrucción de reclutas. En 1954, fue definitivamente demolido, y casi enteramente engullido por las instalaciones de una empresa química.

Hoy, apenas quedan unos pocos restos del campo, mal cuidados y escondidos, un ejemplo más de esa "amnesia" institucional que sigue considerando que es mejor olvidarse de todos estos asuntos antes que enfrentarse a una verdad tan incómoda como necesaria para dejar de ser un país que sigue escondiendo su mierda debajo de las alfombras.

Tras hacer un pequeño “eslálom” entre fábricas y vías abandonadas, nos topamos con unas barracas, reformadas pero abandonadas a la suciedad y los graffitis, de lo que fueron unos lavaderos y el cuerpo de guardia.




Siguiendo la vía, encontramos la base de hormigón de una de las antiguas garitas de vigilancia.


En la confluencia de la vía con el río Bayas, está el depósito de agua del campo, la construcción más llamativa que aún permanece en pie. En la base del depósito, una placa y una escultura recuerdan a los prisioneros.



En el pueblo de Miranda de Ebro, concretamente en el parque Emiliano Bajo, se erigió en 2008 un monumento dedicado a las víctimas de la represión franquista. Dicho parque está muy próximo a lo que fue el campo de concentración, y Emiliano Bajo Iglesias fue el último alcalde republicando de Miranda de Ebro: fue fusilado el 18 de septiembre de 1936.


Saludos y buena ruta!

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