lunes, 9 de enero de 2017

Todas las cabeceras que he podido encontrar



Leo por ahí que el 95% de los “blogs” personales se abandonan en menos de doce meses, así que debo ser un terco por llevar casi siete años intentando hacerme visible en un océano de millones de predicadores.

Durante este tiempo, este blog ha vivido etapas más o menos fructíferas, y la “sala de máquinas” ha tenido una producción que ha pretendido ser constante, sin que ello haya evitado algún amago de cierre por falta de ideas.

“Hoy Salgo en Moto” se puso en marcha en 2010, el año más motociclístamente loco para el autor: miles de kilómetros de crónicas que, todo hay que decirlo, al principio fueron muy mediocres, pedantería de barra de bar donde me explayaba con hazañas al estilo de un moderno doctor Livingstone, cuando en realidad seguía caminos trilladísimos por miles de viajeros, y que además lo habían explicado mucho mejor que yo.

Por supuesto, esto no lo descubrí hasta más tarde, cuando una relectura de mi "obra" reveló mi mediocridad como narrador... Y es que nadie nace enseñado, y como le decía el señor Miyagi a Daniel-San, todo era cuestión de dar cera y pulir cera, o lo que es lo mismo, leer mucho y escribir aún más, hasta conseguir un estilo personal, no sé si bueno o malo... pero "mío".

Me cargué casi todo lo escrito hasta entonces. El “escritor-creador” se convirtió en un demente interiorista literario que suprimió decenas de insufribles crónicas, salvó alguna que otra y reescribió las demás... Benditas sean las "segundas oportunidades" de Internet, en contraste con la eternidad de la palabra impresa: escribir libros es un acto de valentía.

El mérito de esta longevidad bloguera hay que buscarlo en una motivación permanente: siguiendo con las parábolas de cine, mi "musa" tenía que ser como Rocky Balboa, puños en alto tras subir las escaleras del museo de Arte de Filadelfia: una fiera dispuesta a seguir sacándome de la cama de madrugada, y aprovechar el silencio para aporrear las teclas. Primero escribí sobre carreteras, y cuando me cansé, escribí sobre lo que había más allá de ellas, en mi caso con una marcada fijación por esos cascotes que una vez fueron parte del siglo XX.

Y así hemos llegado hasta hoy. Si eres de esos excéntricos que aún trastean con ordenadores de sobremesa, comprobarás que desde la pantalla principal de HSM se puede echar un vistazo a todo lo publicado hasta la fecha, separado en bloques de “viajes”, “caminos de hierro”, “guerra civil”, “abandonos”, “historias en el arcén”, “yo lo veo así” (cajón de sastre de mi universo interior), “Tirol y el “9” alpino”, “Motoviaje nupcial a Marruecos” y “hoy salgo al cine”.

Respecto a la estética del blog, he procurado no volver loco al Lector Constante con cambios radicales, siendo la cabecera del título lo que más se ha actualizado. Dichas cabeceras también son un reflejo de la vitalidad del blog; no sé si están todas, pero por vez primera, están todas las que he podido encontrar...

Los primeros tiempos fueron, cómo no, una exaltación del "yo":





Más tarde, con Isabel, los viajes pasaron a ser cosa de dos:



 
…Aunque, de vez en cuando, el autor volvía a su introspección:






Portadas atemporales:
























Un “blog” es como tantas otras cosas de la vida, nunca sabes cuándo te cansarás de ello para pasar a otra cosa, así que sigamos disfrutando del paseo... Muchísimas gracias a todos por ayudarme a sostener la musa: todos los que escribimos, lo hacemos para alguien nos lea.

Saludos y buena ruta!

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