lunes, 22 de mayo de 2017

hoy salgo al cine: EASY RIDER



He tardado mi tiempo en ponerme a escribir sobre “la” película de motos por antonomasia, y es que no sabía como encarar este tema… ¿Es “Easy Rider” una obra de arte, o por el contrario una monumental tomadura de pelo? Según el imaginario popular, más bien lo primero que lo segundo, aunque una cosa está clara: es tal vez la producción más leída entre líneas de la historia… ¿Quién quiere ser traficante de drogas de tres al cuarto? ¿Un yonki perdedor? ¿Un tipo desahuciado por esa sociedad WASP temerosa de Dios y que paga sus impuestos? Nadie, me atrevería a decir… Y esa es precisamente la “magia” de esta película, que el argumento sea lo de menos, diluido en un mar utópico que llamaremos absoluta libertad del individuo.

A los cinco segundos –literales- del metraje ya aparecen las primeras motos, y menos de dos minutos después, alguien se está metiendo una raya de cocaína:. Habrá mucho más de lo uno y de lo otro. Instantes después, suena “The pusher”, de Steppenwolf: también fue de las primeras películas en abandonar la banda sonora basada en música de orquesta. Durante los 90 minutos de metraje sonarán Jimmy Hendrix, the Birds, the Band, y varios artistas más, todos ellos cedieron gratuitamente los derechos.

Pero volvamos a los créditos iniciales… Ver esas dos Harleys rodando por paisajes abiertos a ritmo de “Born to be Wild” te invitan a quemarlo todo y sencillamente tirarte a la carretera.

“Easy Rider” (que la llame “Buscando mi destino” la madre del distribuidor español que así la bautizó), es una road movie que solamente se detiene allí donde hay un muestrario de la contracultura americana, encarnada en hippies, librepensadores montados en ácido y otros caballeros definitivamente fuera de nuestros principios; aún así, consiguen contagiar su convicción de sentirse almas libres. Como un tremendo contrapunto, el otro extremo del mosaico lo  encarna la América más garrula y ancestral, que a la postre conducirá a nuestros protagonistas al abrupto desenlace final, tan imprevisto como carente de moraleja, y que no “espoilearé” por si acaso aún queda algún motero en el mundo que no haya visto esta película.
Presentada en el festival de Cannes de 1969, se llevó el premio al mejor director novel, un Dennis Hopper pasadísimo de rosca tanto detrás como delante de las cámaras, sospechosamente convincente en su papel de drogadicto a vueltas de todo. No fue el único, y es que el trío de actores protagonistas (el ya mencionado Hopper, Peter Fonda y Jack Nicholson), se metieron en sus papeles de manera suicida, prácticamente sin guión, dejándolo todo en manos de la improvisación y lo que diablos fuera que Dennis Hopper, director y guionista, tuviera en su cabeza aquel día. De esta manera, se obtiene un despliegue interpretativo digno del mejor “cinema verité”.

“Easy Rider” tardó diez años en estrenarse en la España de la transición, y aún así montó un revuelo de aúpa, tan inocentes éramos por aquí. No hay duda, respondiendo a la pregunta del primer párrafo, estamos ante una película de culto, un “western” del siglo XX que estandarizó la música “rock” como banda sonora de cualquier viaje en moto, más aún que el sonido de los pistones que cierta fábrica de Milwaukee construye.

Saludos y buena ruta!

2 comentarios:

  1. Pues sinceramente. Cuando te pones tan intenso hablando de un tema como este, me dejas un poco seco. Y me explico, aquí falta más. Te puedes desarrollar más, y al lector (ósea yo) no le pesa seguir leyendo algo que se está manera, se hace hasta corto. Interesanteme corto. Buen trabajo my friend!

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    1. O sea, que evito daros la brasa, y así lo agradeces?? Jejejejeeeee...
      Sí es cierto que la cosa se hace algo más breve de lo habitual, pero meterme a crítico de cine es algo que me viene grande, y si empiezo a perderme en tecnicismos, corro el riesgo que algún entendido "de verdad" me calle la boca.
      Un abrazo, amigo!

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