domingo, 4 de junio de 2017

El "canfranero francés"



Mucho se ha hablado, y se habla, de la línea Zaragoza-Canfranc en general, y de la estación internacional de Canfranc en particular. Las ambiciosas expectativas -nunca cumplidas- de la línea, y sobretodo la mastodóntica magnitud de la estación fronteriza bien se merecen todos los artículos, estudios, reportajes y libros que se han hecho.

Sin embargo, al otro lado del túnel de Somport, también hubo continuidad del ferrocarril. Y aunque no se habla tanto, también hay una historia de abandonos más allá de nuestras fronteras…

La línea ferroviaria de Pau a Canfranc, de 93 kilómetros de longitud, fue inaugurada de manera simultánea al ramal español, en el año 1928. Discurría por el fondo del valle de Aspe, aunque conforme se acercaba a la pared pirenaica, debía afrontar unas pendientes más que respetables. Por este motivo, se tuvieron que construír 17 puentes y 15 túneles, uno de ellos helicoidal. La línea era electrificada, técnica revolucionaria en aquellos tiempos. Se utilizó la llamada “corriente continua”, lo que conllevaba la necesidad de tener hasta cinco subestaciones eléctricas a pie de vía para mantener lineal el voltaje.

El gobierno francés nunca se mostró especialmente entusiasmado con esta línea, nacida con más vocación de vertebrar la periferia despoblada que por ser un eje internacional. El 27 de marzo de 1970, una caída de tensión provocó que un tren mercancías quedara desfrenado en un tramo de fuerte pendiente entre las estaciones de Etsaut y Lescun-Cette-Eygun; los frenos de emergencia no funcionaron, y el tren empezó a rodar marcha atrás hasta descarrilar en un puente que saltaba el río Gave d’Aspe. Milagrosamente, sólo hubo daños materiales ya que los maquinistas tuvieron tiempo de saltar.

Francia nunca reparó los daños en el puente, y el ferrocarril internacional quedó interrumpido, sustituido por una línea de autobús.

En los últimos años, los gobiernos regionales de Aragón y el valle d’Aspe han mostrado públicamente su intención de volver a unir el ferrocarril por el túnel de Somport, solución que a corto plazo es compleja por su gran inversión y escasa rentabilidad. La inauguración parcial entre Pau y Bedous es un rayo de esperanza, aunque todavía quedan casi 70 kilómetros de vías e infraestructuras abandonadas. Y estos serán precisamente los protagonistas de esta crónica.

El recorrido comienza en la boca norte del túnel de Somport, aislado aunque accesible después de dar un breve paseo a pie. A escasos metros de la boca, aún se conservan un par de casas en las que habitaron los ingenieros del túnel. El resto de las edificaciones fueron demolidas al finalizar las obras.

A escasos cien metros está la estación de Les Forges d’Abel, antigua barriada alrededor de una empresa siderúrgica. Hace muchos años que no queda nada ni de lo uno ni de lo otro. El edificio, al igual que todos los demás de esta línea, está construido en piedra vista, muy integrado con el entorno.





La subcentral eléctrica es un cascarón vacío a pocos metros de la estación; desde aquí se garantizaba el suministro eléctrico en el túnel de Somport.


De nuevo en la carretera, la vía férrea no se aleja mucho de la vista, también empiezan a verse algunos de los soberbios viaductos que encontraremos en el camino.

La siguiente estación es Urdos. Se encuentra habitada, gracias a ello el entorno está muy cuidado, libre de malas hierbas.



Urdos también tenía una subestación eléctrica, igualmente reconvertida en cajón de suciedad y abandono.


A pocos metros de la estación, se observa un puente metálico, que por enésima vez más “salta” el río Gave d’Aspe, y la boca sur del túnel del Portalet.

La estación de Etsaut ha sido reformada (con algunos detalles de dudoso gusto) para acoger un centro de interpretación del Parc National des Pyrenées.

Más adelante, a pie de carretera, encontramos una de esas estaciones a medio camino entre dos pueblos (Lescun y Cette-Eygun), y que básicamente servía para no dar servicio a ninguno de los dos.


El auténtico protagonismo de esta estación vino una vez cerrado el tráfico de trenes: en 1984, la asociación ecologista “gotte d’Eau” okupó el espacio, y aunque en principio funcionó como albergue, al cabo de poco tiempo trasmutó en “cuartel general” de una asociación que se radicalizó hasta la violencia extrema, oponiéndose por ejemplo a la construcción del túnel carretero de Somport (incluyendo sabotajes con bomba a las máquinas de la obra). Su cabecilla fue Eric Petetin, furibundo ecologista que, después de huelgas de hambre, encarcelamientos e incluso el internamiento forzoso en un frenopático, en el año 2.014 fue finalmente desalojado de la estación. El edificio fue tapiado, y los alrededores arrasados para impedir cualquier otro asentamiento. Esa es la razón por la que el terreno que lo circunda está tan dañado.

Los mensajes de la “gotte d’Eau” aún son bien visibles en la fachada de la estación...


A partir de Bedous, y hasta Pau, el tren vuelve a cobrar vida: “no todo está perdido”, parece que nos esté diciendo.

Saludos y buena ruta!

No hay comentarios:

Publicar un comentario