lunes, 25 de septiembre de 2017

Las Minas y Cañón de los Almadenes




No ocurre muy a menudo, pero de vez en cuando te topas con lugares en los que la esperanza se ha perdido. La pedanía de Las Minas, “por los pelos” en Albacete, es uno de esos casos.

Situada a 30 kilómetros al sur de Hellín –municipio al cual pertenece-, Las Minas ha vivido tiempos mucho mejores, gracias sobre todo a las minas de azufre que rodeaban la pedanía. En los años 60 del siglo pasado, la explotación dejó de ser rentable, y todo el entorno quedó literalmente abandonado a su suerte, un territorio árido que sería perfecto para rodar otra entrega de la saga Mad Max, o tal vez un “western” postmoderno.

En los alrededores del pueblo, los pliegues de la montaña dejan entrever una serie de cuevas que los mineros acondicionaron como vivienda; cuando la familia se ampliaba, tocaba excavar una habitación más… Las malas hierbas y la basura hacen insalubre la incursión en esta fascinante muestra de historia industrial.
Fuente: Fco Javier Alonso Martin

Fuente: Fco Javier Alonso Martin

La pedanía es una amalgama de casas, algunas ocupadas, muchas vacías, desparramadas en un suelo que no conoció planificación urbanística alguna. Ladera arriba, alrededor de la iglesia, antiguas viviendas de una planta siguen acogiendo a los últimos habitantes permanentes, básicamente mineros jubilados y sus descendientes.

El cronista se detiene en algún punto entre la pedanía y el cementerio. La gran explanada de lo que un día fueron las explotaciones de azufre acoge lo único que arraiga aquí, unos arbustos de baja altura y ramas punzantes… Aquí y allá, pozos sin ningún tipo de protección y diversas ruinas que un día fueron edificios se diseminan en una vasta extensión. El sol rebota en el suelo blanco, y distorsiona la vista aún con las gafas de sol puestas.




El cementerio es demasiado grande para la pedanía: además de azufre, la mina proporcionaba silicosis y otras desgracias laborales que ningún trabajador quería para sí mismo.

Salgo por la carretera de la estación ferroviaria. En paralelo, aún se intuye el recorrido del tren minero que acercaba el mineral hasta la mencionada estación. De hecho, deberemos aprovechar parte de su recorrido para llegar hasta una singularidad natural que hay en las afueras: el cañón de los Almadenes, profunda cicatriz que el río Mundo ha ido horadando pacientemente durante miles de años, hasta llegar en algunos puntos a una profundidad de casi cien metros… Pese a su belleza, no hay indicador turístico que me ponga en el camino correcto, afortunadamente traía la lección aprendida desde casa.



Atravesamos el túnel del viejo ferrocarril minero, y al otro lado nos espera una pequeña central hidroeléctrica. Continuamos por el camino, serán pocos kilómetros, pero su estrechez y la falta de costumbre “off road” hacen que la distancia parezca más larga… Un canal artificial, “robado” al río Mundo para llevar el agua a la central, nos sirve de guía. El camino acaba en un pequeño ensanchamiento, con un rótulo vandalizado, y una esclusa oxidada. Toca continuar a pie.


En tiempos pasados, esta pequeña obra de ingeniería hidráulica requería más atenciones de las que hoy recibe, y por eso se creó una infraestructura de esclusas que distribuían el agua para el riego y para la propia central, además del propio caudal del río. Para acceder a estas esclusas, que llegan hasta el cañón de los Almadenes propiamente dicho, se construyó un sendero a ratos techado, a ratos excavado en la roca, y en su fascinante tramo final literalmente “colgado” de una de las paredes del cañón… 





Hoyen día, llegar hasta el final de este camino constituye una “aventura” cuyo premio es meterte en el meollo del cañón, aunque esto último te lo desaconsejo vivamente, teniendo en cuenta el lamentable estado en que se encuentra la pasarela del tramo final.




Si pese a todos ignoras al vértigo y al sentido común, llegarás hasta un punto donde la pasarela desaparece definitivamente, viéndote obligado a volver por donde has venido.

Saludos y buena ruta!
Con la siempre bienvenida compañía de Ricardo.

4 comentarios:

  1. Gracias por otro más que interesante artículo, un saludo

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    1. Gracias a tí por el seguimiento, Arnoldo! Saludos y buena ruta...

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  2. Si supieras como te envidio, grrrrr

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    1. "Envidia", Jordi? Poca gente hay más viajada que tú, envidia la mía!!!
      Abrazos y nos vemos en ruta!

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