martes, 12 de septiembre de 2017

Urbanización "Las Higuericas"



Con la siempre genial compañía de Ricard Bahu

En la pedanía de Agramón, al sur de la provincia de Albacete y lindando con Murcia, hay una interesante concentración de fenómenos naturales: el pitón volcánico de Cancárix, balsas de aguas termales, la sierra de Alcaraz, el entorno del pantano de Camarillas, e incluso el paisaje fascinantemente descarnado de los Yesares de Hellín… Sin embargo, esta es una naturaleza que se tiene que buscar: pese a sus encantos, el viajero de paso sólo verá una tierra dura, de microclima estepario y pocos guiños al turismo.

Pero volvamos a Agramón: poco menos de setecientos habitantes, que administrativamente dependen del municipio de Hellín. Típica estampa rural, con casitas bajas desparramadas en un núcleo urbano de suelo llano. No hay bloques de pisos, y sí algunos bares con terrazas que se llenan las tardes estivales. En las afueras, la barriada de la estación languidece mientras ve pasar trenes semivacíos que comunican la región de Murcia con el centro de España.

Resumiendo, un buen lugar para pasar desapercibido, y donde, qué canastos, un “rey Midas” en forma de burbuja inmobiliaria sería muy bien recibido. Ésta es la triste historia de la “urbanización las Higuericas”.

Durante los primeros años del siglo XXI, este país seguía atando perros con longanizas gracias a la cuestión inmobiliaria, como si la escalada de precios fuera a ser eterna. El dinero fluía y todo el mundo era feliz, éramos como Thelma y Louise circulando en aquel descapotable azul, y nadie veía el precipicio hacia el que nos dirigíamos. En 2005, una empresa inmobiliaria de nombre “Cleyton Ges” cogió un avión rumbo a las islas británicas, y se puso a vender uno a uno los 800 “cortijos” (así los mencionaban en su propaganda) que se estaban construyendo a pocos kilómetros de Agramón, en “Las Higuericas”, monstruosa urbanización construida en una zona natural protegida –Lugar de Interés Comunitario (LIC), Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA) e integrado en la red Natura 2000-, pero (¡sorpresa!) no hubo trabas para recalificar los terrenos… “¡crearemos centenares de puestos de trabajo!”, voceaban los responsables políticos. El pueblo asiente y aprueba, no conciben que aquellos señores de pelo engominado y camisas Pedro del Hierro tengan otra intención que no sea servir a esa sociedad que les ha elegido democráticamente.

Fuente: Raul Moreno
Las familias inglesas responden entusiasmadas a la oferta de Cleyton Ges: entre Albacete y Murcia, tal vez no hay mucho gancho para atraer a los autóctonos, pero los británicos sólo ven un Sol que brilla 300 días al año. Los cheques a cuenta de reserva empiezan a cambiar de manos, y los paletas trabajan a destajo en las Higuericas. Aquellos “cortijos” empiezan a tomar forma, la primera fase está prácticamente acabada, en la segunda ya están levantadas las paredes, listas para enyesar; más hacia la montaña, como si fueran champiñones, se adivinan las estructuras de hormigón de la enésima fase… Y entonces, se jodió todo. En 2008, explotó la burbuja, y el país entró, según palabras de Zapatero, en una “leve desaceleración”, que era una manera amable de decir que el descapotable de Thelma y Louise acababa de precipitarse por el barranco y se iba a la puta.

Cleyton Ges anuncia la “inviabilidad” de la urbanización y paraliza el proyecto, dejando tras de sí centenares de chalets en diferentes grados de acabado, muy pocos de ellos al 100x100, y ninguno todavía entregado a sus propietarios. Al principio todo fueron buenas palabras, prometiendo la devolución de los depósitos, pero después la sociedad se liquida, y deja a multitud de ingleses con el culo al aire…



…O al menos así fue hasta que uno de los afectados, Keith Rule, se enzarzó en una batalla legal para recuperar su dinero, basándose en una vieja ley de 1968 que abría la puerta a reclamar el aval al banco depositario (en este caso, la antigua Caja de Ahorros del Mediterráneo). Tras una batalla legal que duró años, Keith y el resto de propietarios ganaron el litigio, y aún más importante, sentaron una jurisprudencia que le dio la vuelta al sistema legal español. Hoy, Keith Rule continua asesorando a miles de personas que sólo vieron sus casas en un plano, y dieron por perdidos sus depósitos.

Keith Rule, con americana azul, junto a varios de los afectados de Las Higuericas (FUENTE: Finance Digest)
Un paseo por el entorno de las Higuericas sigue representando un bofetón a la codicia humana; todo el perímetro está vallado, y multitud de letreros advierten que hay vigilancia privada las 24 horas. En el extremo más alejado de Agramón están las construcciones en su estado más primitivo, apenas cascarones de ladrillo en parcelas sin urbanizar. Más adelante, las construcciones se ven más acabadas, hasta llegar a la entrada principal, donde las viviendas están aparentemente finalizadas, aunque sin ningún tipo de mantenimiento. Un guarda de seguridad con cara de pocos amigos ocupa la casa más próxima a la entrada, no hace falta preguntarle nada para que este inesperado y molesto cronista decida que es un buen momento para visitar a sus parientes de Japón. O de Nueva Zelanda.

Las calles fantasmagóricas a duras penas logran contener las malas hierbas que pugnan por brotar de cualquier grieta, las farolas tampoco están conectadas a la red eléctrica. A modo de “aún no está dicho todo”, un gran cartel de Solvia, la inmobiliaria del Banco Sabadell, anuncia que todo este tinglado sigue teniendo propietario, y que es cuestión de tiempo que vuelvan a aparecer folletos donde se publiciten “cortijos” en los que siempre brilla el Sol.

Saludos y buena ruta!

2 comentarios:

  1. Genial!!, me ha encantado Manel. Gracias por mostrarnos, una vez más, esos rincones de la España "profunda".

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    1. Me alegro Kike, un abrazo y... ahora sí, nos vemos pronto!!

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